‘Adam y Eve 1’, vivisección de la violencia

Como quiera que ya he superado los 1.500 artículos en Fancueva —si tuviera que contabilizar todos los que escrito acerca de cómics en los últimos diez años, me volvería majareta—, resulta complicado aseverar con certeza que nunca antes haya comentado aquello que voy a apuntar ahora. Vayan mis pues disculpas por adelantado si, como es más que probable, lo haya hecho.

Fascinado hasta niveles que incluso hoy en día me sorprenden cuando recuerdo las sensaciones de aquél entonces, la cantidad de manga que pude llegar a leer entre 1992 y 1994 después de que ‘Dragon Ball’ abriera las puertas a los lectores españoles a un mundo que sigue siendo parte fundamental del mercado del cómic en nuestro país, fue tal, tan variada y tan poco el “asco” que le hice a todo aquello que tenían a bien ofrecernos Planeta y Norma, que por mis manos llegaron a pasar títulos que hoy ni siquiera me plantearía mirar de reojo. ‘Crying Freeman’ no estaba, afortunadamente, entre estos últimos.

La historia del asesino profesional de la yakuza que lloraba cuando tenía que matar, que guionizaba Kazuo Koike y dibujaba Ryōichi Ikegami, me fascinó desde sus primeras viñetas, tanto por lo que el primero iba desarrollando a fuego lento, como por el asombroso estilo del segundo, de una expresividad visual extrema y un sentido de la planificación narrativa espectacular que dejaba en pañales a muchos de los títulos que en aquellos instantes configuraban la oferta mensual de tebeo japonés en castellano.

Demos ahora un salto de veintiséis años y situémonos hace dos o tres semanas cuando me disponía a leer el primer volumen de los dos que conforman ‘Adam y Eve’. Cuál no sería mi sorpresa, no al reencontrarme con Ikegami tanto tiempo después, sino al comprobar que los años no habían hecho sino aumentar las capacidades del dibujante hasta extremos que sólo pueden ser calificados de “brutales”: partiendo de un guión que no deja de ser una pequeña excusa para montar un relato descomprimido hasta límites que ríete tú de Brian Michael Bendis —varios mafiosos reunidos en una habitación son masacrados uno a uno por dos letales e invisibles asesinos—, Ikegami nos regala página tras página de inventiva sin par a la hora de reflejar los cruentos modos en los que van falleciendo los yakuza, haciendo de este primer volumen de ‘Adam y Eve’ —ya os contaremos, en cuanto lo tengamos, cómo finaliza este baño constante de sangre en blanco y negro— todo un festival de violencia que, seguro, haría las delicias de Quentin Tarantino o Park Chan-Wook.

Adam y Eve 1

  • Autores: Hideo Yamamoto & Ryôichi Ikegami
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Rústica con sobrecubiertas
  • Páginas: 248 páginas
  • Precio: 10,40 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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