‘Rise of Tribes’, colonos prehistóricos

Independientemente del peso que tengan —y no me refiero a los kilos de cartón, sino a esa medida que se utiliza en la BGG para determinar la dificultad de un juego—, de entre los muchos eurogames que uno puede encontrar en mi ludoteca, es sin duda alguna ‘Stone Age’ el que más veces he llegado a sacar a mesa y el que, dada su sencillez y lo muy representativo de su carácter, he utilizado de forma mayoritaria para intentar captar nuevos adeptos entre los amigos y conocidos más reacios a dejarse conquistar por el universo de los juegos.

Quizás fuera por las similitudes que guardaba para con tan afamado título; acaso porque lo que se veía en la página del proyecto dejaba vislumbrar un producto mimado por parte de sus responsables o porque lo que de él se explicaba en el desarrollo de la misma —o lo que uno podía inferir de la lectura de las reglas— prometía un juego sencillo en su aprendizaje pero con más chicha de la que parecía revelar…fuera por la razón que fuera, lo cierto es que dude muy poco en lanzarme de cabeza a convertirme en uno de los casi 6.000 mecenas que, durante junio de 2017, consiguieron que ‘Rise of Tribes’ saliera a la luz.

Una presentación y un nivel de producción inmejorables

Como ya he dicho, lo primero que ya llamaba la atención durante la campaña de financiación de este juego de control de área y mayorías, era lo cuidado de su diseño gráfico. Obra del colombiano Sergio Chaves, las ilustraciones del juego, de un colorido espectacular, ya consiguen que la caja luzca como pocas en la ludoteca. Pero, afortunadamente, ‘Rise of Tribes’ no se queda ahí, en una caja bonita y, nada más abrirla, uno se apercibe del cuidado que Brad Brooks y los chicos de Breaking Games han puesto en facilitar el montaje del juego en mesa, incluyendo un inserto de plástico en el que todo está perfectamente organizado para que, una vez destroquelado, el tiempo en posicionar todos los elementos sea mínimo.

Y si ese esfuerzo ya es de aplaudir para el juego base, ya no os quiero ni contar con que fervor habría que alabar los componentes de la edición Deluxe, contadores de madera que vienen a sustituir a los de cartón de la edición normal y que, perfectamente ordenados y protegidos mediante planchas de goma espuma cortadas a medida, se guardan en una caja que no es de esas a las que hay que buscarle un lugar en las estanterías —algo muy común cuando de stretch goals o componentes deluxe se trata—, ya que para ella se reserva un hueco ex profeso en el inserto principal. Un detalle que podrá parecer nimio pero que, a mi entender, habla con contundencia de un nivel de compromiso con el producto final del que ya podrían aprender sellos como Fantasy Flight, famoso por sus cartones doblados que no sirven para nada.

Lo que más ansía cualquier tribu…son 15 puntos

Sois un pueblo nómada prehistórico. A lo largo del juego, haréis crecer vuestra tribu, os moveréis a través de territorios, recolectareis recursos y conduciréis a vuestra gente a la victoria. Como todos sabemos, lo que más ansían las tribus es…15 puntos – para alzarse por encima de los demás.

El texto anterior no es invención mía. Es el que podéis encontrar en la portada del libro de reglas —otro que también es espectacular, impreso en papel de alto gramaje y diseñado de una forma tremendamente eficiente— y viene a dejar claro que, por muy bien que pueda estar toda la ambientación —que lo está— esto no deja de ser un euro de peso medio en el que la temática está más o menos bien pegada a las mecánicas. De hecho, si tuviera que valorar el maridaje de ambas, lo haría casi que con un notable por cuanto mucho de lo que transcurre en una partida, tiene sentido si te calzas las pieles de aquellos a los que se supone estás encarnando.

Tras haber dispuesto una serie de hexágonos para conformar el tablero —hexágonos tomados al azar y colocados según el número de jugadores—, y haber tomado los miembros de tu tribu y las cartas de objetivo, una partida de ‘Rise of Tribes’ se estructura en turnos sucesivos —aquí no hay rondas— en los que vamos haciendo dos acciones que dependen, si bien sólo en parte, de una tirada inicial de dados. Con dichos dados, que sólo tienen tres posibles resultados —sol, luna o cara vacía— acudiremos al tablero de las acciones que nos propone el juego, para, eligiendo una de las cuatro que se nos ofrecen —crecer, movernos, recolectar o coger cartas de objetivos—, colocar uno de los dos hexaedros en la parte superior de una de ellas.

Cada acción siempre va a estar encabezada por tres dados y, dependiendo de cómo quede la configuración de los mismos al introducir el nuestro, llevaremos a cabo la acción en modo normal, potenciado —si dos de los tres dados muestran un sol— o reducido —si, por el contrario, son dos lunas lo que aparecen—. Esta mecánica, que elimina de manera somera el azar de tirar los dados, abre al mismo tiempo muchas posibilidades estratégicas de cara, bien a ir fastidiando a tus oponentes, bien a ir favoreciéndolos e incluso favoreciéndonos si sois de los que optáis por intentar vislumbrar qué posibles combinaciones podrá haber toda vez llegue el turno de nuevo a nosotros.

Definitively…a keeper

Disparándose ciertos eventos cada vez que la tirada de alguien sea dobles —eventos que, normalmente, favorecen a los jugadores—, los otros dos sesgos relevantes de ‘Rise of Tribes’ discurren, ya en los hexágonos, en cómo nos vamos expandiendo en ellos y en la forma en la que vamos aumentando nuestra tribu para intentar expulsar a los demás; ya en esas cartas de objetivos que vamos completando, que nos van dando puntos de victoria e incluso habilidades mejoradas y que, junto a las aldeas que podemos ir construyendo sobre las losetas que controlamos, son determinantes para conseguir esos 15 puntos que otorgan de forma automática la partida al primero que los consiga.

Hay alguna que otra apreciación más en cuanto a reglas —quizás lo que menos me convence es la forma automática en cómo se resuelven los conflictos— pero si en algo me gustaría hacer hincapié sobre ‘Rise of Tribes’ es en la sencillez y elegancia con la que está todo planteado para que las partidas sean rápidas y nada farragosas: partiendo de unas reglas que, como comentaba más arriba, están expuestas de manera certera y clara, lo poco que llega a manosearse el manual de este título diseñado por Brad Brooks es claro indicativo de que se ha puesto mucho ahínco en hacer del juego algo accesible sin que ello signifique, ni mucho menos, perder profundidad.

De acuerdo, no es un eurogame “duro” y, por ende, dicha profundidad no es de un calado excesivo, pero la manera en la que combina sus mecánicas, la rapidez con la que discurre todo el conjunto y su más que notoria rejugabilidad lo convierten en una muy afortunada incorporación a una ludoteca cada vez más abotargada en la que va a haber que medir cada vez con más tino no sólo lo que entra si no, sobre todo, lo que se queda y no termina revendido. Por si acaso no se lee bien entre líneas a lo largo de la entrada, quede claro que ‘Rise of Tribes’ es de los que nunca se mudarán a otro hogar…bueno, quizás “nunca” sea demasiado categórico, dejémoslo en que antes de que éste salga, ya lo habrán hecho otros muchos.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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