‘Path of Light and Shadow’, ¿serás cruel o piadoso?

De la misma manera que lo era ‘Peak Oil’, ‘Path of Light and Shadow’ merecía una de las cuatro menciones especiales que eran recogidas al final de la entrada correspondiente a los mejores juegos de mesa de 2017. Explicados los motivos del por qué no otorgarle una plaza como mandan los cánones en esas mismas líneas que cerraban el citado artículo, he de confesar que de los cuatro títulos que recogíamos, es acaso este KS de Indie Boards & Cards que se fundó durante el mes de mayo y que llegó en tiempo récord a los mecenas —algo que resulta bastante insólito en el mundillo de los proyectos microfinanciados de Kick Starter y que, en este caso, habla de la veteranía de la editorial detrás de juegos como el ‘Flash Point’ o ‘La resistencia’— el que más hubiera merecido un lugar entre los 16 que seleccionábamos como lo más granado que había visto mesa a lo largo del pasado año.

De hecho, ‘Path of Light and Shadow’ no es el único título de la citada editorial que nos llegaba a los mecenas durante el transcurso de los pasados doce meses, ya que allá por verano aterrizaba en nuestro buzones el ‘Delve’, un dungeon crawler en el que la mazmorra de turno se explora mediante colocación de losetas —de acuerdo, nada original hasta ahí— y cuyo punto diferenciador es el que hay que ir enfrentándose a diversos encuentros o a nuestros adversarios cada vez que por efecto de la colocación de una nueva pieza se cierra un pasillo o una de las estancias. Tremendamente entretenido y con mucho potencial gracias a la rejugabilidad que dan tanto las losetas como las muchas y muy variadas cartas que, gracias a los stretch goals desbloqueados, nos llegaron a los que lo apoyamos, ‘Delve’ se aleja, no obstante, de la ambición que encierra ‘Path of Light and Shadow’.

Una ambición que, lejos de pasarle factura y terminar arruinando la experiencia jugona, hace de este épico título de conquistas y de los noventa minutos de media que suelen durar sus partidas, toda una garantía para los jugadores más exigentes. Unos jugadores que se encontrarán aquí con algunas mecánicas muy familiares combinadas de forma que nos parezcan novedosas, generándose entre las mismas una serie de sinergias muy llamativas que consiguen de forma sistemática sorprender y situar a ‘Path of Light and Shadow’ por delante de títulos que manejen algunas de ellas.

Mezclando construcción de mazos, gestión de los mismos —mucho más de lo segundo que de la primera— y control de área, es no obstante en lo que tiene de novedoso donde ‘Path of Light and Shadow’ nos convence en primera instancia antes de terminar su trabajo cuando a lo que hemos de atender es a la forma de implementar los mecanismos antes detallados. Para empezar, de la mano de cinco cartas que tenemos en cada turno, es elección nuestra cuántas jugar para realizar acciones cuyo coste pagamos con las cifras que figuran en aquéllas, no teniendo que agotar todas si así lo deseamos. Tan simple recurso aporta una agilidad espléndida a unos turnos que sólo se ralentizan en el instante en qué decidimos que ya es hora de conquistar alguno de los diversos territorios que manchan el tablero de juego, momento en el que el juego apuesta por algo que servidor no había encontrado hasta ahora en ningún otro título.

Cada reino de los que conforman el mapa de juego cuenta con unas fortalezas cuya estructura responde a unos puntos de defensa predeterminados. Al atacarlas, hemos de elegir una serie de cartas —tantas como queramos— y lanzar el número de dados de combate que dictamine la de mayor valor de ellas. Los éxitos en la tirada se sumarán al valor del resto de las cartas usadas dando como resultado una fuerza que, si iguala o supera a la defensa de la fortaleza, se convertirá automáticamente en la toma de control del reino en cuestión. Pero cuidado, sea cuál sea el resultado de nuestro envite, el haber optado por asediar siempre tendrá consecuencias: los dados tienen un símbolo de «ruina» que, si no puede ser contrarrestado con ciertos efectos de algunas cartas, significarán una reducción permanente en la defensa de los bastiones, estén o no en nuestra posesión. Si no lo están, es evidente que el juego nos lo pone fácil para volver a intentar la conquista en nuestro siguiente turno; pero hemos de ser cautos y no atacar de forma demasiado agresiva si no queremos ser señores de un montón de piedras humeantes.

Con los enfrentamientos entre jugadores siendo más que inevitables llegado el momento, es la gestión del mazo de cartas y las decisiones que sobre él vayamos tomando, otra de las apuestas más originales de ‘Path of Light and Shadow’: dependiendo de la «moralidad» de lo que hagamos con ellas —si nos deshacemos de algunas o las vamos mejorando—, iremos sumando piedad o crueldad, determinando nuestra posición en el medidor que a tal efecto está incluido en el tablero la obtención de más o menos puntos al final del juego. Con las diversas razas añadiendo intereses por una u otra opción, ya que hay unas que premian la bondad y otras que nos empujan a ser señores sedientos de sangre, es evidente que la oferta del juego en cuanto a qué hacer no puede ser más abierta.

La unión de ese delicado equilibrio entre luz y sombra —del que habla el título del juego— con el resto de las muy diversas mecánicas que trufan ‘Path of Light and Shadow’ —lo he pasado por alto, pero también tenemos un tablero personal con diferentes «construcciones» que ir mejorando a lo largo del juego para obtener ciertas habilidades— hacen de él un título con un altísimo nivel de rejugabilidad; una cualidad ésta maximizada, qué duda cabe, por la ingente cantidad de cartas adicionales que se añadieron durante una campaña que, gracias al apoyo de 1809 mecenas y algo más de 130.000 dólares, consiguió mejorar ciertos aspectos de diseño de un juego al que, aún así, habría que interponer alguna que otra pega en cuanto a la calidad de unas cartas que piden a gritos ser enfundadas so pena de terminar muy estropeadas tras pocas partidas o el grosor del cartón utilizado en la confección del tablero. Pecata minuta para un señor juego que, espero, logre ver mucha mesa durante este primer tramo de año.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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