Los juegos de rol como herramienta de integración social

Partidas de rol

Es difícil hacer entender a alguien no iniciado la riqueza que ofrece el rol en todos sus matices. Más allá de ser un simple divertimento, el rol es un juego colaborativo (hasta en el «Paranoia» hace falta colaborar), en el que se prima la imaginación y la creatividad, que anima a la lectura, y en el que el diálogo es fundamental.

Es más, otra gran baza del rol son sus infinitas posibilidades, ambientaciones y planteamientos: investigación, misterios, historia, literatura, cine, acción… Una partida de rol puede ser una lucha sin cuartel, una búsqueda de la verdad, una idea de olla sin sentido o un juego de niños: donde la mente pueda llevarte.

Por estos motivos, bien planteado, el rol puede ser una interesante herramienta de integración social. En una partida, los participantes deben hablar entre sí, sopesar situaciones y tomar decisiones que afectarán al curso del juego y los personajes. Deben valorar y ofrecer lo mejor de cada personaje, y darse cobertura unos a otros. Deben entender la forma de pensar de otro y ponerse en su lugar.

Partida de rol

Otro aspecto interesante es que se puede prescindir por completo de la competitividad, por su inherente espíritu colaborativo. Así, puede emplearse para demostrar, de forma «práctica», la importancia del trabajo en grupo para lograr objetivos. Además, la necesidad de dialogo para el desarrollo del juego facilita que personas cohibidas se animen a entablar conversaciones. Ah, y para jugar hay que leerse las reglas y sumar dados y bonificaciones, así que también hay que leer, sumar y restar.

Por supuesto, no hace falta decir que nos referimos a partidas debidamente orientadas a estos objetivos, no a la típica matanza de orcos y rapiña munchkinera en la que suele derivar la partida media…

Desde hace años, los juegos de rol son utilizados por trabajadores sociales, psicólogos y formadores en barrios marginales, para educar entreteniendo a niños y adolescentes, facilitar la integración de inmigrantes…

Bueno, ya tenéis otra excusa para cuando os pongan pegas por compraros un manual o desaparecer una tarde para echar unos dadillos.

Fotos | La Granja de Gandalf

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Alkar @bidorto

Vivo en las afueras de Málaga. El tiempo que me deja libre mi trabajo como analista acústico me gusta dedicarlo a la subcultura. No recuerdo cuando empecé a leer cómics pero por casa, en Jerez, siempre hubo tomos de Asterix y grapas de Mortadelo. Lo que realmente me abrió a la cultura alternativa fue una partida de Star Wars d6. Al poco estaba en la reunión inaugural del Club Dragom, en Jerez. Gracias a este grupo montamos varias jornadas y pude probar de todo: MERP, Rolemaster, Ragnarok, Runequest, AD&D, La Llamada de Cthulhu, Cyberpunk, Vampiro, Lobo, Mago, Fanhunter, Shadowrun, Mutantes en la sombra, Magic, Battletech, Mechwarrior, Warhammer… hasta ¡Niños!, El Juego de Rol de los Niños de Goma. En esa época me volví irremediablemente Tolkiendili, y adicto a la literatura épica y fantástica. Poco antes de mudarme a Málaga me presentaron a Pratchett, y comenzó la caza de ejemplares descatalogados en ferias de ocasión. Increíblemente, encontré a una malagueña que, sin ser rolera, comparte muchos de mis gustos y hace chistes sobre la Patrulla X. Aceptó casarse conmigo, aunque no me dejó cortar la tarta con Nársil. “Mola, pero es un muy grande. Quizás un sable de luz…”

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