‘Epic Resort’, vacaciones no tan divertidas

Te pasas, como casi todos los días, por la página de proyectos de juegos de mesa de Kickstarter —aviso a navegantes, el mejor día para hacerlo es el martes, que es cuando suelen salir las «novedades» de la semana—. Hay uno que llama tu atención por su estética, claro. Te metes a ver de qué va. Entre la descripción más o menos exhaustiva de la propuesta, y un montón de ilustraciones/fotos de los componentes del juego, los creadores del mismo han incrustado un par de enlaces a vídeos de esos Youtubers que conoces y que te parecen generadores de opinión más o menos fiables. Sus conclusiones sobre la copia del juego que les han hecho llegar son muy positivas. Pero no terminas de fiarte, a fin de cuentas, si alguien te ha mandado algo para que lo analices, no lo vas a poner a caer de un burro, ¿no?.

Como quiera que estás ya curtido de tantos años y proyectos financiados en KS, y ya eres perro viejo en esta lotería que son los juegos micro-financiados, te bajas el manual —si es que lo han incluido— e intentas dilucidar por su lectura si el título en cuestión será de esos que contarán con tu apoyo o si, por el contrario, lo que están vendiendo los autores, o es humo, o no casa con tus particulares filias lúdicas. Al final terminas picando. Desembolsas tu dinero. El periodo de financiación finaliza y comienza el largo proceso de la producción, un vasto mundo lleno de amenazantes cenagales que muy pocos consiguen evitar y que se traducen, de manera indefectible, en retrasos más o menos abultados sobre la fecha de entrega inicialmente propuesta por los creadores.

Un buen día el proyecto se actualiza y sus responsables anuncian su próximo envío. La alegría te inunda. Recibes un correo de alguna de las compañías que ya son sospechosas habituales del mundillo —Ship Naked, Games Quest, Happy Shops…—. Y un buen día, muchas veces sin esperarlo, te entregan el paquete en tu puerta. Ha llegado el momento de comprobar si tus sensaciones eran acertadas y el juego valía la pena o si, desafortunadamente, ese sexto sentido que pareces haber desarrollado para siempre acertar con aquellos proyectos en los que metes tu dinero ha fallado estrepitosamente.

Los tres párrafos anteriores describen, a muy grandes rasgos —esto de financiar proyectos en KS es un cosmos enorme y complejo lleno de sus idiosincrasias— el proceso habitual por el que los mecenas de juegos de mesa pasamos cuando decidimos desembolsar fondos para que un proyecto salga adelante; y se acopla a la perfección al recorrido por el que transitó ‘Epic Resort’ desde que decidí respaldar su expansión allá por abril de 2016 hasta que ésta, y el juego base, me llegaron un año más tarde, después de muchos retrasos, problemas y de haber tenido durante bastante tiempo —varios meses, de hecho— la certeza de que no iba a recibirlo.

Historia para otro día, y tras haber ido aplazando sacarlo a mesa por la misma razón que habría que aducir para justificar cualquiera de las otras adquisiciones del año pasado que se quedaron sin jugar —esto es, ninguna…razón, quiero decir—, hace un par de semanas por fin probaba esta mezcla de deck-building y colocación de trabajadores situada en un resort épico al que van a descansar héroes legendarios, publicado en inglés por Floodgate Games. Vaya por delante, antes de abundar en detalles, que la decepción ha sido la sensación que dominó las impresiones que nos llevamos tanto servidor como Miguel Michán en la partida inicial que le jugamos y la que se confirmó, días después, en una segunda oportunidad concedida al juego por aquello de no desecharlo a la primera de cambio.

El motivo principal de dicha decepción es la proverbial lentitud con la que discurre un juego que se hace pesado a los pocos turnos y que, por mucho que tenga a la construcción y gestión de mazos como uno de sus motores principales, carece por completo de la rapidez que tan bien caracteriza a los más reconocibles ejemplos de dicha mecánica —ya sabéis, ‘Dominion’, ‘Thunderstone’, ‘Star Realms’ o ‘London’—; y el que el número de cartas que conforman ese mazo que ir mejorando sea siempre el mismo, y que la oferta de mejora sólo esté compuesta por cinco categorías diferentes con las que promocionar a los trabajadores básicos de nuestro complejo hotelero, es primer indicio de lo tedioso del discurrir de la partida.

Lamentablemente, la cosa no mejora cuando sobre el incorrecto engranar de la construcción y gestión de mazos se superpone una colocación de trabajadores algo ridícula que se limita a situar unas cartas al principio de nuestro turno en alguna de las dos o tres atracciones que conforman la oferta de nuestro resort. A partir de ahí todo es cuesta abajo en un solitario multijugador con nula interacción entre los integrantes de la partida, y ni la fase de desembarco, momento en el que pueden atacar monstruos diversos, anima el trance en el que, conforme el tiempo va pasando, se convierte ‘Epic Resort’.

Si a eso le añadimos ciertos factores muy aleatorios como que el que quien sea jugador inicial es el que tenga más papeletas de tener que hacer frente al ataque de los monstruos, o el que las cartas de trabajadores avanzados no tengan por qué casar con las habilidades especiales que otorgan ciertas atracciones —lo que hace que la compra de alguna de ellas sea completamente improductiva—, es obvio deducir que la diversión que prometía ‘Epic Resort’ se queda en eso, en una promesa incumplida. Cosas que pasan en el mundillo de los juegos de mesa y, mucho más, en el de los juegos de mesa salidos de Kickstarter.

Etiquetas

Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

Compartir este Artículo en

Deja un Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.