Dobble, duelo de reflejos y percepción para todos

Dobble en caja

Dicen por ahí que los “fillers” son juegos menores, de relleno para los ratos en los que estamos preparando un juego “serio” o para esas tardes tontas en las que no tenemos ganas de pensar estrategias complejas. Fáciles, divertidos, sin más pretensión que echar unas risas, e incluso que hay fillers que fallan en ese aspecto. Para mi esa connotación no tiene nada de despectiva, y su facilidad de aprendizaje es el motivo por el que suelen ocupar buena parte de mis tardes de juego.

Sin fillers como ‘Dobble’ pocas tardes de juegos tendría en casa, porque han animado a familiares a salir de vez en cuando del mus y el chinchón, y a calentar las ganas de pasar a uno más complejo. Y por qué no, a pasar de tableros enormes y a dedicar toda la tarde a barajar y quemar ronda tras ronda, sin dejar de reír. ‘Dobble’ puede llevar con orgullo la etiqueta de filler, garantía de buenas tardes familiares cada vez que se abra la caja.

‘Dobble’ son 55 cartas con 8 coloridos dibujos en cada una, con un detalle clave: mires las dos cartas que mires, siempre van a tener un dibujo en común, y sólo uno. A partir de esta simple premisa, se proponen hasta cinco formas de juego diferentes por las que hay que ir pasando durante la partida, a modo de mini juegos. Para ganar, deberás imponerte en más mini juegos que tus rivales.

Como son juegos de velocidad, reflejos y rapidez visual, hay momentos en los que no eres capaz de encontrar el dibujo compartido entre las cartas. Para complicarlo un poco, los dibujos no siempre tendrán el mismo tamaño, pero sí el mismo color. Como la base del juego es tan visual, adultos y pequeños podemos participar y ser vapuleados por igual. Incluso he probado a usar las cartas fuera del juego para estimular la percepción de peque, sin las prisas de una partida, y se lo pasa muy bien buscando entre los dibujos.

¡Es el payaso! ¿Lo ves?

¡Es el payaso! ¿Lo ves?

En el mini juego “La Torre Infernal”, se forma una pila central y cada jugador tiene una única carta. Has de buscar uno de tus dibujos en la carta central para poder ganarla, y que pase a ser tu carta. Ganas un punto, pero cambian tus dibujos, así que pierdes por un momento la referencia de los dibujos que tenías que buscar en la carta central.

En “El Foso” se reparten todas las cartas, dejando una bocaarriba en el centro. Ahora deberás librarte de tus cartas encontrando el dibujo común con la del centro. Similar al anterior, pero con sus matices.

En “La Patata Caliente” se reparte una carta a cada jugador, bocaabajo. Se voltean todas a la vez y hay que intentar colocarle tu carta a alguien, que pasará a tener dos. Si éste encuentra uno de sus dibujos la carta de otro, le pasa todas las cartas que tenga. Al final alguien perderá por acabar con todas las cartas. Se pasa a una siguiente ronda, jugada igual, y así varias veces o hasta que se jueguen todas las cartas. Es una mecánica muy diferente a las anteriores, y con un poco más de intriga.

En “¡A por todas!” tenemos de nuevo una carta central, y una bocaabajo por cada jugador. En este caso, todas las cartas son comunes. Hay que buscar dibujos comunes entre la carta central y cualquiera de las otras cartas para ganar una de estas (la central es fija). En cada ronda se usa una nueva carta central, y gana quien haya acumulado más cartas al repartirlas todas.

Un vistazo a varias cartas

Elige dos cartas, ¡rápido, busca el dibujo común!

Para acabar, en “El Regalo Envenenado” se entrega una carta bocaabajo a cada jugador, y el resto se apilan bocaariba en el centro. Hay que intentar tener el menor número de cartas al final. A diferencia de “La Torre”, aquí buscas un dibujo compartido entre la carta central y la de otro jugador… para endosársela. La pila central irá bajando, y la de los jugadores subiendo. Aquí hay margen para la malicia, claro.

A diferencia de otros juegos de velocidad como Jungle Speed, aquí no hay riesgo de lesiones de muñeca o de manotazos cuando demasiadas manos intentan llegar a un totem. En los mini juegos es la voz lo que cuenta: quién primero nombra el dibujo repetido gana el duelo. Es más hay veces en que alguien tiene más velocidad en los ojos que en la lengua y es incapaz de decir el nombre del dibujo repetido, para cachondeo general.

A ‘Dobble’ pueden jugar de 2 a 8 personitas que tengan más de 6 años. O de menos años, si tan sólo disfrutas de las cartas y tiras de imaginación. Lo publica Asmodee, y lo puedes adquirir por menos de 15 euros. Además tienes variantes de Cars, Star Wars, para niños, y la edición Chrono con nuevas reglas y un temporizador.

Este juego ha sido cedido para la reseña por Juegos y Miniaturas.

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Alkar @bidorto

Vivo en las afueras de Málaga. El tiempo que me deja libre mi trabajo como analista acústico me gusta dedicarlo a la subcultura. No recuerdo cuando empecé a leer cómics pero por casa, en Jerez, siempre hubo tomos de Asterix y grapas de Mortadelo. Lo que realmente me abrió a la cultura alternativa fue una partida de Star Wars d6. Al poco estaba en la reunión inaugural del Club Dragom, en Jerez. Gracias a este grupo montamos varias jornadas y pude probar de todo: MERP, Rolemaster, Ragnarok, Runequest, AD&D, La Llamada de Cthulhu, Cyberpunk, Vampiro, Lobo, Mago, Fanhunter, Shadowrun, Mutantes en la sombra, Magic, Battletech, Mechwarrior, Warhammer… hasta ¡Niños!, El Juego de Rol de los Niños de Goma. En esa época me volví irremediablemente Tolkiendili, y adicto a la literatura épica y fantástica. Poco antes de mudarme a Málaga me presentaron a Pratchett, y comenzó la caza de ejemplares descatalogados en ferias de ocasión. Increíblemente, encontré a una malagueña que, sin ser rolera, comparte muchos de mis gustos y hace chistes sobre la Patrulla X. Aceptó casarse conmigo, aunque no me dejó cortar la tarta con Nársil. “Mola, pero es un muy grande. Quizás un sable de luz…”

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