‘Arriba y abajo’, genial combo de mecánicas

Considerando la ingente cantidad de proyectos que salen cada semana, los muchos de esos que valen la pena y aquellos que, para evitar tener que hipotecar un riñón, realmente puedes respaldar, huelga decir que son legión los juegos que en los últimos cinco años se han financiado mediante Kickstarter sin contar, lamentablemente, con mi apoyo. Razones para haber tenido que rehusar la idea de hacerme con éste o aquél título hay mil, pero normalmente confluyen en dos o tres denominadores comunes: tener que elegir entre varios proyectos que terminan al mismo tiempo, que el número mínimo de jugadores sea tres —un 80% de mi tiempo lúdico se invierte en partidas a dos— o, como fue el caso del título que hoy os traemos, que la barrera del idioma pueda suponer un problema para mis potenciales compañeros de partida.

Porque, seamos francos, una cosa es traducir alguna carta suelta, o aclarar alguna regla puntual desde el inglés, y otra muy distinta tener que hacer lo propio con párrafos de texto de ambientación fundamentales para el funcionamiento del juego sin que el normal fluir de éste se vea comprometido. Y eso era lo que veía que iba a pasar con la preciosa propuesta de Ryan Laukat si, finalmente, me decidía a apoyar ‘Above and Below’ hace ahora cosa de tres años. Así que, muy a pesar, la dejé pasar con la esperanza de que alguna editorial española terminara viendo en ella el atractivo suficiente como para pasarla al castellano y que, de esa manera, ‘Above and Below’ se convirtiera en el ‘Arriba y abajo’ que, hace un par de semanas publicaba, por fin, Devir.

Antes de entrar en materia lúdica propiamente dicha, creo necesario destacar lo mucho que Laukat se implica en el diseño de cada uno de sus juegos. Es algo que podíamos observar en el brillante ‘The Ancient World’ y que hemos vuelto a ver en la secuela espiritual del juego de hoy, una ‘Near and Far’ que, esperemos, Devir no se demore mucho en traernos. Y es que, al margen de disquisiciones relacionadas de manera estricta con el funcionamiento de las mecánicas que aquí se dan cita, Laukat diseña e ilustra todos y cada uno de los componentes que se incluyen en la caja, una decisión que, a mi entender, aporta una tremenda componente de homogeneidad a la experiencia de jugar ‘Arriba y abajo’ o cualquiera de sus otros títulos.

De acuerdo, de nada valdrían dichos esfuerzos si no se dieran la mano con aquellos que determinan la valía auténtica de una propuesta lúdica, pero que es una gozada sentarse a la mesa una vez todo está dispuesto sobre ella, y que el tono afable de las ilustraciones de Laukat ayuda a sentirse relajado ante los puntuales envites del sesgo narrativo del juego es algo tan incuestionable como que la concurrencia de mecánicas que el artista pone aquí sobre el tapete funciona a las mil maravillas y da como resultado partidas de entre hora y media y dos horas que se pasan volando.

Fundamental en conseguir que dejemos de tener una percepción clara del tiempo que llevamos sentados delante de él es, no cabe duda, la componente narrativa de ‘Arriba y abajo’, que queda atada de manera indefectible a la temática del juego. Ésta, simple pero precisa, nos pone en la piel de los habitantes de una villa que fue arrasada por bárbaros, obligándonos a recorrer desiertos y montañas heladas hasta encontrar un nuevo sitio en el que asentarnos. Un lugar idílico que, además, tiene una ventaja añadida, el vasto sistema de cavernas que recorre su subsuelo y que oculta recursos, tesoros e incontables aventuras.

Teniendo como objetivo primario el construirnos el mejor asentamiento posible, cosa que iremos haciendo gracias a diferentes cartas —de almacenes, casas, talleres y, refugios en el subsuelo— que podremos ir adquiriendo durante las siete rondas sobre las que se prolonga cada partida, es a la hora de explorar las cavernas para extraer de ellas las riquezas que allí se ocultan donde la narración entra en liza: cada carta de exploración de caverna cuenta con seis opciones posibles, una por cara de un D6 que, una vez lanzado, nos indicará un número de párrafo al que habremos de dirigirnos en el libro de encuentros. Una vez en él, lo que encontraremos será un texto de ambientación y, normalmente, un par de opciones de exploración con unos requerimientos mínimos a conseguir.

Dichos requerimientos están asociados a nuestros trabajadores, elementos fundamentales dentro de la partida: la ficha de cada uno de ellos incluye dos caras de dado y unos valores de exploración que obtendremos si, al lanzar los D6 correspondientes, tenemos la suerte de que el resultado coincida o supere alguno. De ser así, sumaremos las “linternas” que nos otorgan los aguerridos aventureros que hayamos asignado a la carta de exploración y veremos qué nos tiene el juego reservado como recompensa por nuestros esfuerzos.

No remoloneándose en la comodidad que supondría hacer descansar todo el peso de la partida en su espléndida faceta narrativa, ‘Arriba y abajo’ complementa ésta con las muchas opciones que nos ofrece el juego en cada turno y que se van activando según el tipo de trabajador que usemos y qué decidamos hacer con él. Y es que, al margen de enviarlos a explorar, el juego nos permite agotarlos para conseguir dinero, construir alguna de las cartas disponibles, captar a más aldeanos para nuestra villa o recolectar los recursos que nos otorgan ciertas localizaciones de las que hayamos ido adquiriendo con anterioridad.

Pero, cuidado, como todo buen juego que se precie —y ‘Arriba y abajo’ es muy bueno— encontrar el equilibrio entre todas las posibilidades que se nos ofrecen es fundamental para llegar a puntuar de la manera más efectiva. Y lograrlo, alcanzar ese equilibrio, no es sencillo cuando hemos de tener en cuenta que hay que poseer camas suficientes en la villa para todos los habitantes —aquellos que superen el número que nos proporcionen las cartas, no podrán ser usados—; que construir los refugios de las cavernas pasa por haber explorado primero, y haberlo hecho satisfactoriamente —cosa que no siempre es factible—; que a la hora de explorar hemos siempre de considerar que nuestra reputación está en juego y que, como último añadido, contamos con la opción de ir guardando ciertos recursos en el tablero personal para que nuestros ingresos al final de cada ronda, y los puntos a la conclusión de la partida, vayan aumentando.

Curiosamente, la componente de “análisis parálisis” del juego no es tan abundante como pudiera parecer por todo lo anterior, y aunque pueda darse de manera intermitente cuando de optimizar nuestro turno se trata, no es ‘Arriba y abajo’ un juego que se eternice cada vez que la partida llega al compañero sesudo de turno. Cualidad nada desdeñable —ya comenté el otro día al hilo del ‘Le Havre’ que no soy uno de esos jugones que adoren quebrarse la cabeza más de la cuenta…que a fin de cuentas esto no es más que un juego para pasar un rato de entretenimiento—, que ‘Arriba y abajo’ navegue como lo hace por ella y que sume tantos valores positivos por la forma en la que se maclan sus mecánicas, hace de él un título indispensable que, como broche final, ofrece una enorme rejugabilidad garantizando, qué duda cabe, convertirse en un recurrente de nuestras noches lúdicas.

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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