Tolkien y sus pinitos en el espionaje británico

Tolkien junto a una máquina Enigma J.R.R. Tolkien era un pacifista forzado. Cuando ves morir a la mayor parte de tus amigos de juventud en las trincheras de la Gran Guerra, se tiende a odiar la guerra, o pasarte al extremo de la demencia o la violencia vengativa. Pero Tolkien era inteligente, y optó por denunciar el sinsentido de la lucha, lo que se refleja en su obra. También es comprensible su rechazo hacia la tecnología mal entendida, con Saruman como perfecto ejemplo de ello.

Pero por si los desgarradores recuerdos de la Gran Guerra no fueran suficientes, Tolkien tuvo que presenciar como ésta pasaba a llamarse Primera Guerra Mundial, tras estallar una Segunda. Llegó a decir al final de esta que los Aliados no eran mucho mejor que los Nazis, hasta ese punto rechazaba la violencia.

Desde pequeño, demostró una inagotable pasión por la lengua, creando sus propios idiomas cuando el inglés se le quedó corto a su fantasía. Y no fue hasta tener sus propios idiomas, cuando decidió crear seres que los hablaran. Probablemente, fueron sus grandes conocimientos sobre el lenguaje los que llevaron al servicio secreto británico a tratar de reclutarle para Bletchley Park, en el mismo grupo de descifrado en el que estuvo Alan Turing, y que fue clave en el transcurso de la Guerra, al romper el sistema de claves Enigma.

John Ronald Reuel aceptó participar en un programa de entrenamiento para incorporarse al grupo. Percibiría 500 libras al año de la época por este cometido, al cambio actual unas 50.000. ‘El Hobbit’ apenas llevaba 18 meses en las tiendas, y aunque fue todo un éxito, no era una cantidad a despreciar. Así que Tolkien pasó por la Escuela de Códificación y Cifrado del Gobierno, marzo de 1939, en unas instalaciones secretas en Londres, apenas seis meses antes de que se desatara la Guerra.

Pero, por razones desconocidas, Tolkien decidió rechazar la oferta tras sólo tres días de entrenamiento. Una fuente que se mantiene en el anonimato, afirma que tras esos días el escritor se mostraba receptivo, con deseos de colaborar, pero finalmente no entró a formar parte del grupo, quizás para poder concentrarse en ‘El Señor de los Anillos’.

Quizás si Tolkien hubiera continuado colaborando en el Servicio Secreto, habría tenido menos tiempo para dedicarse a su obra. Quizás no estaba de acuerdo con los métodos utilizados, o con la tecnología. No cabe duda que, dado su talento natural para el lenguaje, su participación en el proyecto habría sido de un valor incalculable. Pero al menos ahora sabemos que el grupo logró su objetivo sin su ayuda, reventar las Enigma, y que pudo centrarse en su obra literaria, la mayor joya de la fantasía épica del siglo XX.

Toda esta información ha saldo a la luz tras desclasificarse gran cantidad de material sobre las acciones del espionaje británico en cuanto a descifrado de claves, y que se muestran en una exposición en Cheltenham, Gloucestershire, en las instalaciones del organismo heredero de aquel en el que J.R.R. Tolkien estuviera a punto de ingresar.

Vía | Papel en Blanco y Telegraph

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Alkar @bidorto

Vivo en las afueras de Málaga. El tiempo que me deja libre mi trabajo como analista acústico me gusta dedicarlo a la subcultura. No recuerdo cuando empecé a leer cómics pero por casa, en Jerez, siempre hubo tomos de Asterix y grapas de Mortadelo. Lo que realmente me abrió a la cultura alternativa fue una partida de Star Wars d6. Al poco estaba en la reunión inaugural del Club Dragom, en Jerez. Gracias a este grupo montamos varias jornadas y pude probar de todo: MERP, Rolemaster, Ragnarok, Runequest, AD&D, La Llamada de Cthulhu, Cyberpunk, Vampiro, Lobo, Mago, Fanhunter, Shadowrun, Mutantes en la sombra, Magic, Battletech, Mechwarrior, Warhammer… hasta ¡Niños!, El Juego de Rol de los Niños de Goma. En esa época me volví irremediablemente Tolkiendili, y adicto a la literatura épica y fantástica. Poco antes de mudarme a Málaga me presentaron a Pratchett, y comenzó la caza de ejemplares descatalogados en ferias de ocasión. Increíblemente, encontré a una malagueña que, sin ser rolera, comparte muchos de mis gustos y hace chistes sobre la Patrulla X. Aceptó casarse conmigo, aunque no me dejó cortar la tarta con Nársil. “Mola, pero es un muy grande. Quizás un sable de luz…”

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