Los chicos que coleccionaban tebeos, el recuerdo de una época entrañable

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Hay veces que no me puedo resistir al impulso irrefrenable de comprarme un tebeo en un kiosco. Y sí, sé que allí no cuidan los tebeos como en una librería, que las grapas tienen cada vez menos presencia en mi estantería y que lo más probable es que ya haya leído el tebeo en cuestión al seguir las colecciones al ritmo de EE.UU. Pero por encima de la razón está la nostalgia, que me remite a aquellos años en que, de chavalín, los kioscos eran mi punto de encuentro habitual con los cómics. Y una nostalgia similar es precisamente la que ha llevado a Julián M. Clemente (articulista y editor de sobra conocido para cualquier maverlmaníaco español) a escribir esta novela en colaboración con el guionista y director de cine Helio Mira.

‘Los chicos que coleccionaban tebeos’ arranca su historia en la actualidad, con dos hechos muy significativos que se superponen en el tiempo: el nacimiento del hijo del protagonista y el estreno de la peli de Los Vengadores. Pero enseguida tomamos nuestro DeLorean particular para viajar atrás en el tiempo hacia una época muy concreta: los años 1986-1989. Cuatro años marcados a fuego en la mente del protagonista y no solo porque coincidieron con su adolescencia, etapa significativa de la vida donde las haya, sino porque supusieron para aquel muchacho el descubrimiento de los cómics de superhéroes y un montón de peripecias relacionadas con esta afición que son las que componen el esqueleto narrativo de la trama.

De esta forma nos encontramos con situaciones muy divertidas, como las pellas que se marcan Nicolás y sus amigos para ir a un pueblo cercano a comprar tebeos (para lo cual se agencian de extranjis la furgoneta del trabajo de uno de ellos), o la apertura de una librería en su pueblo comandada por el mayor villano que aquellos muchachos habían conocido jamás: el Cobra. Multitud de vivencias para las que el narrador siempre encuentra algún equivalente en los cómics, como el romance platónico de uno de sus amigos, que coincide con el amorío y posterior casamiento entre Peter Parker y Mary Jane. En este aspecto, aunque la lectura sea fluida en todo momento, habría venido bien una mayor división en capítulos para dar un poco más de orden al torrente de recuerdos y vivencias que componen el libro.

Sus páginas nos invitan a recordar cómo éramos en la adolescencia, cuáles fueron los tebeos que se nos quedaron grabados y qué locuras se nos ocurría hacer para conseguirlos.

Esos últimos años de la década de los 80 que aborda la novela fueron además muy significativos para los seguidores de Marvel y DC en España, cuando eran publicados en nuestro país por Forum y Zinco respectivamente. Fue la época en que aquellos jóvenes lectores descubrieron con pasión el ‘Watchmen’ de Alan Moore y Dave Gibbons, el ‘Batman: Dark Knight’ de Frank Miller, la Patrulla-X de Chris Claremont y John Byrne, y así muchas otras obras que ya son clásicos del género. Los tebeos se estaban haciendo mayores y, con ellos, también sus lectores.

No es necesario pertenecer a la misma generación que Julián para sentirse identificado con esta historia. Por encima de épocas y acontecimientos concretos, lo que prima en esta novela es ese amor profundo y apasionado por los cómics propio del fandom. Sus páginas nos invitan a recordar cómo éramos en la adolescencia, cuáles fueron los tebeos que se nos quedaron grabados y qué locuras se nos ocurría hacer para conseguirlos. Es también el recordatorio de por qué empezamos un buen día a coleccionar historias en viñetas y cómo, por mucho que pasen los años, esa llama prendida entonces sigue hoy luciendo con fuerza.

Los chicos que coleccionaban tebeos
  • Autores: Julián M. Clemente y Helio Mira
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Rústica
  • Páginas: 208
  • Precio: 15 euros
Review de Los chicos que coleccionaban tebeos

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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1 Comentario

  1. ¡Aaah! ¡La de aventuras que vivimos los aficionados a los cómics de provincias para poder seguir a nuestros personajes favoritos! ¡¡Odiseas dignas de Ulises!!

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