El vino del estío, de Ray Bradbury

El vino del estío, de Ray BradburyEl vino del estío es una obra de ciencia ficción disfrazada de falsa autobiografía. Es también un relato de realismo mágico disfrazada de fantasía. Y una de las mejores novelas sobre el pasado y el mito del verano eterno, pero también disfrazada, porque haber sido escrita por Ray Bradbury parece condenarla al terreno de los iniciados en la ciencia ficción.

Y quizás por todo ello, El vino del estío (Dandelion Wine, en su título original) ha ido cobrando fuerza como una de las obras fundamentales del escritor nacido en Waukegan. No cabe duda de que, pese a lo engolado de algunos pasajes (pocos, la verdad), Bradbury consigue un tremendo fresco sentimental sobre la infancia, el verano, el tiempo que se va y los descubrimientos que llegan antes de la adolescencia, antes del amor, antes de todo. Pocos autores han mirado la niñez con el cariño que lo hace Bradbury sin caer en lugares comunes. Casi nadie, desde luego, le ha sabido dar, además, un halo de fantasía casi científica.

La novela es, simplemente, el relato de los días de verano de 1928, casi en forma autobiográfica. Bradbury parece debatirse entre la realidad y la fantasía, así que cuando ésta irrumpe lo hace a través de pequeñas rendijas, como las invenciones insólitas que rodean a un niño de doce años: una máquina de la felicidad, una que pasea a por el mundo a dos señoras y hasta una para viajar en el tiempo.

Bradbury habla de lo cotidiano como si fuera lo fantástico, de los jardines con césped recién cortado como si fueran las arenas de Marte. Para él, como para el niño protagonista, todo tiene el mismo misterio. Y la realidad sólo se sostiene gracias a los pequeños ritos, a los usos y costumbres. Sólo porque los personajes elaboran el primer vino del estío, por el aroma de los jardines, por las tardes de juegos que acaban bajo las estrellas; sólo por eso, digo, El vino del estío es una novela sobre le mundo real.

Porque, luego, en otros pasajes, la gente que la puebla podría ser de mundos que nunca existieron: los inventores no tan locos, los asesinos que siguen aterrorizando a los niños incluso después de muertos, las luciérnagas que iluminan las anotaciones negativas del verano.

Douglas, el niño protagonista, lo observa todo como el propio lector: con una mezcla entre impaciencia y asombro. Y nosotros con él redescubrimos lo que quizás habíamos olvidado, como el tremendo paisaje en el que le llega la certeza de la muerte, la toma de conciencia sobre nuestra línea de meta ineludible:

No puedes depender de la gente, todos se van, los desconocidos mueren, los amigos mueren, unos matan a otros, como en los libros, hasta los propios padres mueren

Por frases como ésas, por llenar sus recuerdos de las escenas que nunca vivió y por pintar con letras como pocos un mito tan pop como es el del verano perfecto, El vino del estío es uno de los libros que siempre recomiendo.

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Roberto Jimenez @fancueva

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