‘El nombre del viento’ de Patrick Rothfuss, la mejor fantasía que he leído en años

El nombre del viento Patrick Rothfuss Plaza Janes

A mi madre, que me enseño a amar los libros y me abrió las puertas de Narnia, Pern y la Tierra Media.

Con este agradecimiento Patrick Rothfuss ya nos advierte sobre la fuente de la que bebe gran parte de la imaginería de su primera novela, ‘El Nombre del Viento’ (The Name of the wind), un relato deliciosamente redondo que nos sumerge en un mundo fantástico que resulta a la vez conocido y original. Muchos han comparado a Rothfuss con autores como J.R.R. Tolkien o Ursula K. Le Guin, sin duda el sueño de todo escritor para su debut, compartiendo un acertado gusto por las descripciones detalladas ayudando a construir un paisaje vívido y profundo que con frecuencia alcanza un estatus absolutamente poético.

“He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y escrito canciones que hacen llorar a los bardos.

Me llamo Kvothe. Quizás hayas oído hablar de mi.”

Como en tantas historias antes que esta, nuestro relato arranca en una posada, la Roca de la Guía, un humilde establecimiento en el que el protagonista no es otro que su propietario, un simple posadero en apariencia que se oculta de un pasado que ya es leyenda. Kvothe el Sin Sangre, Kvothe el Arcano, Kvothe el Asesino de Reyes. Nadie sabe dónde comienza la verdad y termina la mentira, muchos dudan de si realmente llegó a existir, pero solo uno ha logrado encontrarlo decidido a escuchar su historia desde los propios labios de su protagonista.

De este modo, reviviremos la infancia de Kvothe acercándonos a lo que más tarde llegará a convertirse, entendiendo desde el principio el origen de sus amigos y enemigos, de sus temores y obsesiones, del amor y la penuria en un viaje que encantará a los admiradores de lo mejor de J.K. Rowling. en el que la magia juega un papel tan importante como realista. Y esta es una de las claves del éxito de Rothfuss; saber crear, no solo un mundo en el que lo fantástico es condenadamente verosímil, sino también unos personajes vivos, llenos de matices que no hacen sino reforzar aún más una historia absolutamente recomendable.

Patrick Rothfuss, profesor, escritor y friki de pro

Nacido en 1973 en Madison, Wisconsin, donde sigue viviendo ejerciendo como profesor de lengua y literatura inglesa en la universidad Stevens Point (en la que también estudió), Patrick Rothfuss describe su infancia como la de un chico que se arrojó a los brazos de la lectura a causa de las inclemencias del tiempo y la ausencia de televisión por cable. En los noventa y mientras aún estudiaba empezó a trabajar en una novela de fantasía extremadamente larga titulada ‘The Song of Flame and Thunder’ (La Canción de Fuego y Trueno) que le llevaría siete años completar.

Pat, el diminutivo que le gusta utilizar en su blog, comenzó en la universidad estudiando ingeniería química pero decidió abandonarla para probar con la psicología clínica. También la abandonó y aunque ya llevaba más de tres años en la universidad descubrió que no tenia ni idea de lo que quería hacer con su vida. Durante los seis años siguientes vivió como estudiante itinerante, pasando de un trabajo a otro y llegando a tocar cualquier tema que le interesase: filosofía, historia medieval, teatro oriental, antropología, sociología… Después de nueve años como estudiante, las normas de la universidad le obligaron a completar finalmente su licenciatura… en lengua inglesa.

Aun con la novela de ‘The Song of Flame and Thunder’ completada, ninguna editorial se mostraba interesada en su publicación y no sería hasta 2002 cuando se decidiría su futuro tras ganar con un extracto de ella el WOTF (Writers of the Future), un certamen literario de fantasía y ciencia ficción creado a principios de los ochenta por L. Ron Hubbard, el mismísimo padre de la Cienciología. Rothfuss consiguió editorial para su novela pero finalmente decidió desestimar su título para evitar confusiones con la serie ‘Canción de hielo y fuego’ de George R. R. Martin y dividirla en los tres volúmenes cuya primera parte nos ha reunido aquí. Así nacía ‘El nombre del viento’, publicada en 2007 con gran éxito de crítica y ventas.

Y a mi padre, que me enseñó que si tenía que hacer algo, debía tomarme mi tiempo y hacerlo bien.

Arrancaba esta humilde reseña citando parte de los agradecimientos de Rothfuss entre las primeras páginas del libro, así que no se me ocurre nada mejor que ponerle fin con el resto. Una frase que si bien es en gran medida responsable de buena parte de los aciertos de su obra, también es culpable de privarnos, con la celeridad que en principio desearíamos, de las dos secuelas que conformarán la Crónica del Asesino de Reyes, una trilogía en la que Kvothe nos revelará a lo largo de tres días los misterios de su pasado.

Aunque el autor envió el primer borrador de ‘The Wise Man’s Fear’ (El temor de un hombre sabio) a su editor el 11 de mayo de 2009, su convicción por no publicarlo hasta estar completamente seguro de haberlo pulido al máximo ha retrasado la fecha de lanzamiento (en los EE.UU.) hasta marzo de 2011. Mientras, sus fans nos comemos las uñas con la espera, aunque nos consolamos con la certeza de que al final agradeceremos este empeño por tomarse su tiempo y hacer las cosas bien.

Sitio oficial | El Nombre del Viento y Patrick Rothfuss
En Papel en blanco | ‘El nombre del viento’ de Patrick Rothfuss

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Miguel Michán @miguelmichan

He visto más películas de ciencia ficción y terror de las que mis padres deberían haber permitido. He pasado noches en vela encarnando a un poderoso mago neutral malvado. He llorado con algún que otro juego de Square. Y hasta llegué a convertir mi pasión por el manganime y la cultura japonesa en una forma de ganarme la vida cuando, en Noviembre de 2000, creé Shirase, una revista especializada que dirigí durante tres años mientras colaboraba en las revistas Dokan y Minami. Así que sí, puede decirse que llevo con orgullo eso de ser un friki como la copa de un pino. ¡A mucha honra!

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