‘El Mundo Interior’, de Robert Silverberg

El Mundo Interior

Robert Silverberg (1935- ) es uno de los autores más injustamente olvidados de la ciencia-ficción del siglo XX. Todo el mundo conoce a Isaac Asimov, Ray Bradbury o Robert A. Heinlein, sin embargo Silverberg pasa a un segundo plano a pesar de su amplitud de novelas publicadas, y de contar con los premios Hugo y Nebula con la que seguramente es su mejor obra, ‘Alas Nocturnas‘.

Hablemos de ‘El Mundo Interior‘, que aunque no es su mejor novela, sí es la que personalmente me acercó al universo de Silverberg, radicalmente diferente a todo lo que se pueda leer dentro del género. En el año 2381, las personas viven confinadas en enormes edificios (llamados Monurb, acrónimo de Mónada Urbana) sin salir nunca a la superficie. Ésta es la solución propuesta para el ingente crecimiento de la población, que no cesa ya que en esta nueva sociedad, uno de los valores máximos es la fertilidad.

Como consecuencia de esto, la libertad sexual es una realidad absoluta. Los hombres tienen plena potestad para hacer de “rondadores nocturnos”, es decir, visitar las moradas de mujeres que les interesen físicamente, y pasar la noche con ellas. Negarse está prohibido porque reprimiría sexualmente al individuo en cuestión, algo innombrable en la sociedad propuesta. El carácter machista de esta situación es palpable, en cuanto a que permite incondicionalmente el adulterio y la realización del deseo sexual sin obstáculos.

‘El Mundo Interior’ es, en este sentido, una historia coral que reflexiona tangencialmente los aspectos extremos de esta sociedad, con capítulos dedicados a un solo personaje, de forma alternada. Lo grande de Silverberg es su lenguaje insinuado, nunca explícito, acerca de los temas que preocupan a los personajes. Un estilo más reflexivo y menos visual de lo que solemos encontrar en la ciencia-ficción, con un vocabulario propio.

La perspectiva desde la que se cuenta todo, favorece en mayor medida su ferviente actualidad. Lo que parece, en principio, una sociedad idílica en la que sus habitantes viven en profunda armonía (incluso en un tono de fantasía erótica), se descubre como una cruel dictadura donde todo ser diferente es arrojado a unos hornos para alimentar a las monurbs, como en el caso de los crimentales de ‘1984‘, de George Orwell. No hay guerras, ni desigualdades, ni control de la natalidad, pero el control sobre la población es absoluto y despiadado.

Silverberg no pretende presentar una distopía verosímil, sino desarrollar una tesis que anime a la reflexión sobre las preocupaciones del futuro, mediante las actuales debilidades del ser humano. Las consecuencias de la sociedad de ‘El Mundo Interior’, realizadas con cierta arbitrariedad por parte del autor, son tratadas con la intención de estremecer al lector, y eso convierte a esta novela en una obra ideal para todo aquel que quiera empezar a leer ciencia-ficción, y más concretamente, descubrir el fascinante conjunto de Silverberg.

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