‘El Dragón de su Majestad / Temerario I’, épica ligera

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Si un día el capitán Aubrey, protagonista de la serie de libros de Patrick O’Brian (llevada al cine con gran acierto en la película ‘Master & Commander’ de Peter Weir), se encontrase un huevo de dragón en una de sus batallas marítimas y a partir de entonces se pasase el libro comandando un escuadrón de una Royal Air Force alada, tendríamos algo muy parecido al arranque de la saga de nueve libros que se inicia con este que nos ocupa.

El protagonista de la historia es el capitán Laurence, que se convierte de forma inesperada en cuidador de Temerario, llegado a sus manos tras capturar un barco francés. Debido a la idiosincrasia de su especie, una vez un dragón escoge a su cuidador sólo atenderá sus órdenes, por lo que cuando Laurence es el elegido se ve obligado unirse a una menospreciada fuerza aérea como piloto. Su nueva posición le obligará a abandonar todas las aspiraciones de ascenso social que tenía como capitán de fragata, así como a adaptarse al funcionamiento de una fuerza aérea muy diferente al de la armada.

Naomik Novik escoge el periodo de las guerras napoleónicas para introducirnos en una historia alternativa en la que los dragones inteligentes conviven con los humanos, habiéndose integrado tanto en los esfuerzos bélicos como en otras actividades cotidianas. Así, la autora nos presenta una fuerza aérea formada por estas bestias voladoras, con un detalle muy original: convierte a cada dragón en un fortaleza volante, con una tripulación a las órdenes del piloto, de forma que su organización se asemeja más a la de un barco de guerra de la época que al caza monoplaza que vemos normalmente en los relatos de fantasía. De esta forma nos describe las operaciones de abordo de la aeronave animal con gran detalle, lo permite que las batallas aéreas tengan una mucha mayor riqueza, sumado además a que, según la especie concreta de dragón, se establecen distintas funciones según su peso y autonomía, de forma equivalente a las de los diferentes navíos.

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El relato incluye todos los elementos que aparecen en otras novelas ambientadas en el periodo, como las ya mencionadas de Patrick O’Brian, apareciendo los típicos problemas económicos del protagonista y su dependencia de los botines que consigue como capitán de barco, un amor dificultado por las diferencias sociales, rivalidades entre diferentes cuerpos del ejército que a poco que se descuide alguno de los protagonistas acaban en duelo o luchas por los ascensos entre oficiales.

Las similitudes también son evidentes con la obra ganadora del Hugo 2005 ‘Jonathan Strange y el Señor Norrell’, que utilizaba el mismo periodo para introducirnos en una sociedad en la que existían magos que en algunos pasajes servían en la lucha contra Napoleón. Sin embargo, estilísticamente están muy alejadas, porque mientras la novela de Susanna Clarke tenía una prosa muy prolija imitando el estilo de la época, con numerosas notas a pie de página que envolvían la historia en un detallado envoltorio mezcla de ficción y realidad, aquí el tono es en todo momento muy ágil, asemejándose a una novela juvenil por la velocidad de la acción.

Esta es sin duda la mayor virtud y el peor inconveniente de la novela: se lee en un suspiro, pero queda la impresión de que podría haberse aprovechado más el punto de partida. Los personajes aparecen dibujados de forma bastante esquemática y todo el relato tiene un tono ligero que disminuye la importancia de los hechos que se relatan. En cualquier caso es sólo la primera entrega de la saga, y considerando el ridículo precio al que puede conseguirse su edición electrónica, su adquisición es garantía de entretenimiento.

El Dragón de su Majestad / Temerario I

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  • Autor: Naomi Novik
  • Editorial: Punto de Lectura
  • Encuadernación: Rústica/Digital
  • Páginas: 416
  • Precio: 9,99/1,89 euros

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Juan Pablo Escribano Santana @

Acumulador compulsivo de BDs, libros y juegos de pc, sólo el hecho de haberse pasado prácticamente al digital en estos dos últimos impide que tenga que dormir en el suelo para dejar sitio a las montañas de libros por leer o juegos por jugar. Y encima me han liado para escribir aquí alguna tontería que se me ocurra… pierdo toda esperanza de conseguir disminuir la pila en los próximos años. Las pelis, por lo menos, se ven más rápido.

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