‘Conjuro de luz’, contundente final

Atendamos brevemente a la siguiente progresión: 400, 528 y 688. Esas son, obviamente, el número de páginas que ha ido acumulando la trilogía ‘Sombras de magia‘. Una saga que con ‘Conjuro de luz‘ toca a su fin y que, fijándonos sólo en las citadas cifras, acusa las mismas cualidades que cualquiera de las muchas sagas «juveniles» que han aparecido en las dos últimas décadas: ir aumentando en extensión conforme van avanzando no se sabe muy bien si por exclusiva voluntad de sus autores; porque, conforme van avanzando, necesitan más espacio para dar cabida a las ideas que se agolpan en sus mentes creativas; o —y es esta opción por la que servidor se decanta— para hacer más felices a sus seguidores con más y más aventuras de los personajes que adoran: era algo que se podía observar claramente en los siete libros de Harry Potter, cada uno más largo que el anterior, y es algo que, mirando los tres volúmenes escritos por V.E. Schwab resulta considerablemente llamativo con esos saltos de 128 páginas del primero al segundo y de 160 del segundo al tercero. Y la pregunta clara es, ¿redunda en un mejor libro tanta página? Así, sin pensar, diría que no, pero elaboremos un poco tal respuesta.

Con una estructura que, de nuevo, de igual manera que ya apuntáramos en las dos primeras entregas, tiene una fuerte personalidad cinematográfica, los tres actos en los que se divide más o menos de manera evidente ‘Conjuro de luz’ no están tan equilibrados como sí los encontrábamos enUna magia más oscura‘: su arranque, enlazado de forma directa con el tremendo cliffhanger con el que finalizaba ‘Concilio de sombras‘, es espléndido, enérgico y casi corta la respiración; su clímax, de una fuerza atronadora, nos deja sin aliento incluso cuando, trascendido y llegado a los diez fragmentos que conforman el capítulo quince —el que sirve de epílogo— seguimos leyendo con una fruición y un ansia incontenible; pero, ay, su tramo intermedio, acaso el más largo de los tres bloques, no funciona con la misma intensidad y se adivinan demasiado las costuras que han servido a Schwab para estirar algo más el «invento».

Así las cosas, las sensaciones cuando uno termina ‘Conjuro de luz’ son algo encontradas: por un lado hubiera deseado que Schwab hubiera sido menos prolija en atender a ese viaje de ida y vuelta que podría haber acortado para agilizar sobremanera la lectura; por otro, son de tal fuerza los extremos que lo sustentan, y tan asombroso lo que rodea a la resolución del enfrentamiento final contra Osaron, el villano de la trilogía, que casi terminamos perdonándole a la escritora todo lo que invierte en que nuestros héroes consigan el artefacto que resulta de vital importancia de cara al final, máxime cuando en aras de dicha consecución, se saca de la chistera un entorno tan fascinante y lleno de posibilidades como el Aguas Movedizas. Cierto es que, en firme contraposición a dicho hallazgo, encontramos todo lo que Schwab invierte en arropar dando trasfondo al personaje de Holland en un esfuerzo que, aquí sí, se alza como lo más prescindible de las casi 700 páginas pero, como digo, todo queda finalmente diluido en la sensación global de haber dado cuenta de un relato entretenido a rabiar que, esperamos, encuentre precisa traslación cinematográfica en ese proyecto que Sony parece tener interés en llevar a la gran pantalla.

Conjuro de luz

  • Autores: V.E.Schwab
  • Editorial: Minotauro
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 688 páginas
  • Precio: 18,95 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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