‘2312’, crónica del futuro

2312

La trama principal de 2312 podría ser la de cualquier libro clásico de ciencia ficción: una investigación a lo largo y ancho del sistema solar para intentar evitar una amenaza para la raza humana. No sería descabellado leer un relato de, por ejemplo, Asimov que siguiera el mismo hilo argumental. Y sin embargo, a nadie se le ocurriría confundir este libro con uno de aquella época. Kim Stanley Robinson toma ese un hilo conductor, que más o menos se nos adelanta en la contraportada, y tejiéndolo con la historia de los protagonistas lo diluye de tal manera que cuestiones que aparecen en la segunda línea de ese resumen no surgen hasta la mitad de un libro de 500 páginas. ¿Y a qué dedica el autor entonces casi medio libro? Pues a lo que indica el título: tal como si de una novela de época se tratase, nos descubre a través de los vaivenes de su protagonista Cisne Er Hong el estado de la civilización humana a lo largo del sistema solar a principios del siglo XXIV.

Esta descripción la realiza en el estilo típico del autor, tratando de conseguir en todo momento una realidad plausible tanto científica como socialmente, haciéndonos casi creer que verdaderamente estamos leyendo crónicas sobre acontecimientos históricos aún por llegar. Para introducir una cantidad ingente de datos, Robinson opta por una técnica parecida a la que usó John Brunner en ‘Todos sobre Zanzíbar’, pero que según las palabras del propio autor, se remonta a la Trilogía de USA de John Dos Passos: intercala en la narración principal otras líneas paralelas a la historia en forma de extractos de noticias, entradas de datos o pequeños capítulos narrados desde otros puntos de vista, para conseguir darnos una imagen global de la humanidad que ha colonizado el sistema solar. De esta manera, paseamos desde Plutón a Mercurio, nos describe los medios de transporte interplanetarios, y nos muestra un futuro imperfecto pero esperanzador para la raza humana.

Pero hasta ahora no he comentado realmente nada del argumento de la novela, y ha sido de forma consciente. Incluso la ya comentada sinopsis de la contraportada me parece demasiado reveladora, teniendo en cuenta lo escueto del argumento principal, y que puede llevar a equívocos sobre el verdadera ‘argumento’ o falta del mismo del libro. El interés principal de la novela es la descripción de una humanidad que se ha colonizado el sistema solar, ha extendido su vida por encima de los cien años y ha empezado a modificar su propio cuerpo, de forma que incluso los géneros dejan de tener sentido. A la vez, también observamos las distintas formas de organización social, donde se propone una economía hasta cierto punto colectivizada que busca conseguir los mínimos de subsistencia para sus habitantes, lo que, unido a su fuerte contenido ecologista, ha provocado que se tache a Robinson en alguno círculos de poco menos que anticapitalista.

A pesar de todos estos elementos interesantes, hay que advertir que la novela no es apta para todos los paladares: aunque ganadora del premio Nebula 2012, lo disperso de su argumento puede provocar con facilidad la pérdida de interés de los lectores más impacientes o simplemente de aquellos que no estén interesados en los detalles de la terraformación de mundos o las diferentes sociedades futuras que se nos describen a lo largo de páginas y páginas, ya que la trama principal es de una gran simplicidad y se resuelve de forma también bastante rápida. Si somos capaces de perdernos en este mundo futuro la novela tiene mucho que ofrecer, pero mejor asegurarse antes de pasar por caja.

2312

  • Autor: Kim Stanley Robinson
  • Editorial: Minotauro
  • Encuadernación: Rústica con solapa / Digital
  • Páginas: 526
  • Precio: 21,95 / 9,49 euros

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Juan Pablo Escribano Santana @

Acumulador compulsivo de BDs, libros y juegos de pc, sólo el hecho de haberse pasado prácticamente al digital en estos dos últimos impide que tenga que dormir en el suelo para dejar sitio a las montañas de libros por leer o juegos por jugar. Y encima me han liado para escribir aquí alguna tontería que se me ocurra… pierdo toda esperanza de conseguir disminuir la pila en los próximos años. Las pelis, por lo menos, se ven más rápido.

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