‘Zoo’, colección de humanos

Entendiendo que detrás de la expectación levantada por el anuncio de la publicación de este integral de ‘Zoo‘ por parte de Norma, había mucho del ya prolongado anhelo por poder leer en castellano uno de esos títulos que, gracias al boca a boca, se convierten en indispensables antes incluso de haberlos leído. Y habiendo dado cuenta, a los pocos días de su aparición, de esa maravilla que, al menos en lo visual, es el ‘Little Nemo‘ de Frank Pé que ha publicado este año Nuevo Nueve; he de confesar que, en términos generales, ‘Zoo’ me ha dejado algo frío. Pero antes de que os «echéis encima mía» por empezar arremetiendo contra la obra, permitidme matizar que esa frialdad proviene, de manera exclusiva —o casi exclusiva— de lo que Philippe Bonifay plantea en un guión que se antoja distante y que, salvo excepción de ciertos aspectos del personaje de Manon, falla —al menos con este redactor, claro— en ser capaz de generar la suficiente empatía como para que, cuando llega el momento en el que la tragedia se hace más evidente, uno lo sienta como algo suyo.

Situado en el marco de la Primera Guerra Mundial en un zoológico de Normandía que está en perpetua construcción por parte de los tres personajes que se han hecho cargo de él —un doctor, su hija adoptiva y un magnífico escultor—, ‘Zoo’ comienza planteando la disrrupción que en este triángulo introduce Anna, una joven desfigurada de origen ruso que llega en un carro de gitanos zoo y termina quedándose para ser testigo de todo lo que allí tiene lugar: algo antipático por razones que ahora mismo se me escapan, lo lastimero, huidizo y poco agradecido del personaje de Anna sirve no obstante de fuerte contraste con la eterna alegría y perpetuo positivismo que destila Manon, una niña encerrada en un cuerpo de mujer que ama tanto a sus compañeros humanos como a los animales del zoo y que tendrá que sufrir de manera directa la dramática huella que la convulsa situación por la que pasa Europa en aquellos años dejará en su hábitat.

Quedando en segundo plano los personajes de Célestin —un hombre bueno por naturaleza cuya definición se ciñe a ese arquetipo— y Buggy —un torturado artista…de nuevo, arquetípico—, la forma de plantear la acción de Bonifay, reiterando esquemas y patrones y haciendo avanzar a sus personajes a paso letánico…cuando avanzan, deja toda la responsabilidad de hacer de ‘Zoo’ una lectura que valga la pena en las manos de Frank Pé. Y a fe mía que, de no ser por él, estas líneas habrían mordido con más ahínco en las peores cualidades del álbum: lo portentoso de las formas narrativas del artista belga se ve ampliamente superado por las maravillosas y espectaculares cualidades de su trazo y su forma de concebir un color en el que una amplia paleta de grises sirve de constante fondo a la explosión cromática con la que se caracterizan a los animales del zoo. Expresivo hasta decir basta —y eso que, en comparación con lo que le hemos visto en ‘Little Nemo’, estamos aquí ante una suerte de proto-Pé avanzado—, el dibujo de Pé levanta todas las pasiones que el guión de Bonifay se deja por el camino, justificando casi por sí solo el asomarnos a algunas de las planchas más bellas que hemos podido ver en lo que llevamos de año.

Zoo

  • Autores: Philippe Bonifay y Frank Pé
  • Editorial: Norma Editorial
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 228 páginas
  • Precio: 38 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz desde que tengo uso de razón. Cinéfilo empedernido desde antes de tener uso de razón. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde antes de la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación y pasión. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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