‘Volver a París vol.1’, a la sombra de las ciudades oscuras

Volver a Paris

Con la reedición de las fascinantes ‘Ciudades oscuras’ a la que actualmente estamos teniendo acceso —gracias son pocas las que podemos dar a la voluntad de Norma por volver a acercarnos a tan magistrales y puntales títulos del tebeo francobelga—, cabría suponer que tener la oportunidad de asomarnos a lo más reciente que el tandem formado por Benoìt Peeters y François Schuiten debería haber derivado en una más que gratificante experiencia dado el nivel —el inmenso nivel, cabría precisar— al que en su momento rayaron todos y cada uno de los álbumes del citado ciclo ideado por los dos artistas a principios de los ochenta y que, hasta ahora, nos ha llevado a 11 maravillosas lecturas. Desafortunadamente, no es del todo así, y esta primera entrega de las dos que terminarán conformando ‘Volver a París’ se queda a mitad de camino, sobre todo en lo que a guión concierne.

Explorando de nuevo las obsesiones temáticas que tanto juego dan en las ‘Ciudades Oscuras’ —y que pasan por disquisiciones que arrancan en la relación del hombre con el paisaje urbano para llegar a reflexiones de marcado corte filosófico— el relato que Peeters pone en pie en ‘Volver a París’ se divide claramente en dos caminos bien diferenciados. Así, en su primera parte, la historia ideada por el guionista entronca de pleno en la ciencia-ficción con el viaje interestelar que hace una joven desde un remoto confín del espacio de vuelta hacia una Tierra que la obsesiona por la creencia de que, una vez allí, encontrará las respuestas a las preguntas sobre su origen. Mezclado con tintes oníricos y lisérgicos por cuanto la protagonista se somete a los efectos de una droga alucinógena que la hace trasladarse al pasado de París, la ciudad hacia donde se dirige la nave, esta vertiente de la historia —que recuerda en no pocos momentos a imprescindibles referencias del género como ‘2001, una Odisea en el Espacio’ o ‘Solaris’— se interrumpe, si bien no de forma brusca, toda vez el navío estelar llega a su destino y Kârinh, la protagonista, va acercándose a un París que hasta entonces sólo ha conocido en sus visiones.

La estructura que durante ese primer tramo del álbum ha alternado realidad con fantasía y que, al hacerlo, se ha mostrado algo confusa en los momentos en que accedemos a las ensoñaciones de la protagonista, pasa a simplificarse sobremanera en las planchas que acompañan a la “heroína” en su breve periplo por el Sena hasta la entrada de la Ciudad de la Luz. La combinación de ambas caras de la narración no termina de funcionar como debiera, y aunque aquí y allá Peeters se muestre lúcido y elocuente, las acotaciones que se van intuyendo habrían necesitado de un desarrollo más pausado para llegar con más potencia al lector. Una falla ésta que, por contra, es imposible rastrear en las fascinantes y detalladas páginas de Schuiten, que se muestran tan sublimes en la doble construcción del mundo interior del “Arca” y del París fabulado al que viaja por medio de las drogas la joven Kârinh como en aquello que vamos recorriendo cuando la acción la devuelve al futuro de mediados del s.XXII de nuestro planeta: las variadas y fascinantes arquitecturas que se nos van presentando vuelven a robar —como ya lo hicieran en ‘Las ciudades oscuras’— el protagonismo a unos humanos que quedan empequeñecidos por la magnitud de la capacidad inventiva de Schuiten a éste respecto. Una capacidad que sólo ha hecho aumentar con el paso de los años y que, esperemos, pueda reencontrarse con el mejor Peeters en la segunda entrega de ‘Volver a París’.

Volver a París vol.1

  • Autores: Benoìt Peeters y François Schuiten
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 64 páginas
  • Precio: 19 euros en Amazon

Etiquetas

Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

Compartir este Artículo en

Deja un Comentario