‘Universo mutante de Carlos Pacheco’, camino a la gloria

Corría, si no me falla la memoria, el año 1994. Servidor tenía 19 años, cursaba 1º de Ingeniería de Obras Públicas y la llamada de los cómics ya había pegado a mi puerta hacía un par de años. Por aquél entonces llevaba unos meses entrenando en un modesto gimnasio que había a un par de minutos del hogar de mis progenitores. Y allí estaba cuando, un buen día, sabiendo de mi afición por los tebeos, Rafael, que así se llamaba el propietario del establecimiento, me dice que quiere presentarme a alguien, a un dibujante de San Roque —un pueblo vecino a quince minutos de Algeciras en el que nunca había puesto un pie— que, según él, «dibuja que te cagas»…sí, esas fueron sus palabras exactas.

¿Que cómo puedo recordar aquella conversación después de 25 años? Fácil, porque aquél san roqueño con el que estaba a punto de entablar conversación —toda vez terminara de ejercitar piernas en la máquina de sentadillas— era, obviamente, Carlos Pacheco. En los minutos que siguieron, y ante la obvia pregunta de si había hecho algo que yo hubiera leído, Carlos me contó lo de sus ya legendarias portadas para Fórum, que acababa de terminar un proyecto con Marvel UK y que en unos días iba a viajar a Estados Unidos para firmar con DC. Obnubilado por la experiencia, acerté —fijaos la tontería— a pedirle que, si se acordaba, me trajera algún cómic de Nueva York. Y así quedó la cosa hasta un par de semanas más tarde.

De vuelta de la Gran Manzana, con el contrato con DC firmado y su incursión en el velocista escarlata tomando forma, Carlos me entregó, con una sonrisa, un ejemplar del primer prestigio del ‘Batman vs. Predator’ de Gibbons y Kubert. Y, más allá de un obligado gracias y una pequeña conversación acerca de su visita a las oficinas de DC, esa fue la última vez que lo volví a ver puesto que, según me contó, iba a buscar un lugar en el que entrenar en su pueblo natal. Y pasó algo así como un año.

El original que lleva en mis diferentes estudios desde hace veinticuatro años

El caso es que de charla con un amigo que me llevaba mucha ventaja en estos de los tebeos —yo llevaba cuatro años, él más de una década de afición— y al que acudía de manera recurrente para consejos sobre qué cosas había de leer sí o sí, me preguntó si sabía que había un dibujante de San Roque que estaba sonando muy fuerte en Marvel. Activado ante la cuestión el resorte correspondiente de memoria, le pregunté cómo se llamaba. «Carlos Pacheco», dijo. «La leche. ¡¡Pero si yo conozco a ese tío!!», fue más o menos mi respuesta.

Llegué a mi casa, agarré el listín telefónico —repito, 1995, no había móviles, ni internet, ni redes sociales…— y llamé a dos o tres Carlos Pacheco de San Roque hasta que una voz conocida sonó al otro lado del aparato. Me identifiqué, me recordó —increíble pero cierto— y al día siguiente mi amigo Rubén y yo estábamos camino de San Roque en un autobús para echar un rato en la habitación del piso en el que el artista pasaba las horas «ensuciando papeles», una estancia de unos 8 metros cuadrados con estanterías de suelo a techo abarrotadas de cómics y un tablero junto a la ventana en el que había una página con el membrete de Marvel a medio terminar en la que se adivinaba un rostro femenino.

Perteneciente a uno de los números de ‘Excalibur’ que Pacheco dibujó para Marvel tras la exitosa publicación de la miniserie de ‘Bishop’ de la que ahora hablaremos, dicha página, vistazos a lo que había hecho con Mark Waid en ‘Flash‘, muchas risas —Carlos siempre ha sido un cachondo de cuidado— y alguna que otra píldora como que lo siguiente en lo que se iba a meter era un proyecto de ‘Star Jammers’ —que yo, en mi ignorancia marvelita, confundí con el ‘Star Slammers’ de Simonson— conformaron la primera de muchas visitas que haría a Carlos a lo largo de los años cada vez que, una vez ya estudiando en Sevilla, volvía a mi ciudad natal: visitas que quizás no eran más que una necesaria molestia para él —ya sabéis, el precio de la popularidad y esas cosas— pero que para alguien que cada vez estaba más metido en este mundillo, suponían pequeños hitos.

Huelga decir que podría seguir contándoos anécdotas relacionadas con Carlos —o con Jesús Merino, al que también conocí, de manera bastante curiosa, mucho antes de que aparecieran en la línea Laberinto las primeras páginas de ‘Anibal Gris’— pero supongo que debería desviarme ya hacia lo que es asunto de esta entrada y hablaros de ‘Bishop’ y ‘Star Jammers’, las dos miniseries de cuatro números que, bajo la batuta de John Ostrander y un primerizo Warren Ellis, servirían para cimentar la más que merecida fama de uno de esos nombres que se convertirían en referente ineludible y ejemplo a seguir de la legión de artistas que, hoy en día, trabajan desde nuestro país para alguna de las dos majors.

Leídas incontables veces, primero en los comic-book americanos, después en el tomo en el que las recopiló Fórum, tanto una como otra tienen un lugar muy especial en mi corazoncito comiquero, ya por la relación que guardan con aquél fortuito encuentro con su autor, ya porque, vistas desde la distancia, ambas supusieron conocer otra forma de entender el cómic yanqui a través de un compatriota que, entendiendo sus exigencias a la perfección, dejó desde muy temprano una impronta que no se podía encontrar en ninguna otra latitud del Universo Marvel en unos años noventa en que la editorial, como ya sabéis, navegó a la deriva dando palos de ciego.

De hecho, volver a ellas ahora es, no sólo reencontrarse con unas lecturas que hacía lustros que no tocaba —desgraciadamente, como ya he comentado en más de una ocasión, el placer de la re-lectura es uno que se lleva mostrando esquivo desde hace demasiados años— sino volver a tener constancia de primera mano y no tirando de recuerdos empañados por la nostalgia, de la singular grandeza y lo portentoso del trazo de un dibujante que, a título personal, lleva mucho tiempo sin convencerme con sus muy esporádicas apariciones en los rincones de la Casa de las Ideas en los que van buscándole hueco.

Si es de ‘Bishop’ de la que hemos de hablar, y aún admitiendo lo encorsetado de las fórmulas de las que echa mano Ostrander para humanizar la hierática figura del mutante venido del futuro, la plasticidad que caracteriza aquí el trabajo de Carlos Pacheco —acentuada, qué duda cabe, por el magnífico entintado de Cam Smith, a mi gusto el que mejor ha entendido al artista sólo por detrás de Merino—; lo fabuloso y dinámico de su narrativa; la ingente cantidad de recursos visuales que maneja a su antojo; los incontables guiños marca de la casa que siempre ha gustado de incluir en sus páginas o la manera en que, en pleno auge de la era marcada por los Lee, Liefeld, MacFarlane y demás, demostraba con autoridad que la espectacularidad se podía conseguir de maneras mucho menos artificiosas que las que manejaban los integrantes de Image, haciendo de las páginas de esta miniserie toda una lección de saber tebeístico.

Otro tanto se puede afirmar, quizás con mayor ahínco por razones que ahora veremos, de lo que Pacheco haría, dos años más tarde, para ‘Star Jammers’, una aventura espacial en la que ya se rastrean algunas de las características más evidentes del estilo de Ellis —un guionista del que Carlos decía, en el texto que acompañaba a la primera edición de Fórum, que, en contraposición a Rafa Marín, no era su «primo» en la acepción calé del término— y que, en torno a los Shi’ar, los piratas espaciales comandados por el padre de Scott Summers y una amenaza en la forma de raza extraterrestre que había matado a su Dios y erradica a todo lo que encuentra a su paso, servía a nuestro dibujante para dar lecciones de narrativa a diestro y siniestro.

Lo que aquí conseguía Carlos Pacheco no estaba —ni está, qué diantres— al alcance de cualquier artista: lograr que las muchas secuencias de batallas en el espacio tuvieran lógica interna, coherencia espacial y fluidez era algo que, nos dejaba, y nos sigue dejando hoy, con la mandíbula a medio batir. Un logro que dichas secuencias comparten con la natural evolución de las mismas cualidades que apuntábamos más arriba con respecto a ‘Bishop’ y que, no pudo ser de otra manera, consiguió llamar la atención de las cabezas pensantes de Marvel lo suficiente como para que, en los dos años siguientes, el que estaba llamado a ser nombrado como «el dibujante español de mayor proyección internacional» se ganara dicho título a pulso con sus incursiones en ‘Los 4 Fantásticos’, los mutantes o esa magna obra que es ‘Siempre Vengadores’. Pero eso, como suele decirse, ya es historia…’Nuff said!!

Universo mutante de Carlos Pacheco

  • Autores: John Ostrander, Warren Ellis y Carlos Pacheco
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 208 páginas
  • Precio: 29,90 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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