‘Último sábado de soledad’, elogio de minimalismo narrativo

Ultimo sabado de soledad

Si supiera escribirlos y encontrara la inspiración adecuada, la mejor forma de reseñar ‘Último sábado de soledad’ sería mediante un haiku, esa minúscula composición de origen nipón que con pocas palabras puede llegar a resultar tan tremendamente evocadora. Y si tan mínima expresión poética es la idónea es debido a que, en lo que a páginas aviñetadas respecta, el pequeño volumen de Jordan Crane editado por La Cúpula es igual de pequeño y tan delicado como las pocas palabras que conforman tan minúsculos poemas: con sólo dos viñetas por página y sin ningún tipo de diálogo —algún bocadillo suelto es todo lo que encontraremos aquí—, lo que el autor consigue, y consigue sin dificultad, es imprimir en el corazón del lector sentimientos marcados por una honda emoción hacia el anciano que se dispone a visitar la tumba de su esposa en lo que intuimos algún aniversario, ya el de su enlace, ya el del fallecimiento de ella.

Recordando poderosamente a los magistrales cinco minutos iniciales de ‘Up’, la micro historia que encontramos en ‘Último sábado de soledad’ queda caracterizada por un estilo de dibujo simple —la portada es preciso ejemplo de lo que podremos ver en el interior— que se hace grande en el natural fluir de una narrativa economizada hasta las últimas consecuencias; algo obvio por cuanto, contando tan sólo con las dos viñetas comentadas con anterioridad, Crane se ve obligado a depurar al máximo lo que quiere contar para hacerlo en el mínimo espacio al que se constriñe. El resultado es de una genialidad incuestionable que, aún robando menos de cinco minutos a aquél que a él se aproxime, deja una huella tan indeleble como hermosa. Nunca ocho euros habrán estado mejor invertidos. Palabra.

Último sábado de soledad

  • Autores: Jordan Crane
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 84 páginas
  • Precio: 8,08 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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