‘Todo es inflamable’, generaciones

Asomarse a un tebeo de Gabrielle Bell pasa de ser algo tan sencillo como abrirlo y dejarse engatusar por su agradable estilo y la falta de pretensiones de su narrativa, que se estructura en una disposición constante —casi imperturbable— de 2×3 viñetas por plancha, a toda una hostia de realidad incómoda que, filtrada a través de la psique de la autora, nos presenta una cara de la sociedad yanqui que queda muy lejos de los focos y el relumbre de lo que Hollywood se ha empecinado siempre en exportar al resto del mundo y se acerca a esos rincones oscuros que sólo asoman en el cine indie y en las miradas críticas con las que estadounidenses comprometidos como Bell azuzan a aquellos que miran para otro lado e ignoran la podredumbre que campa a sus anchas por incontables rincones de tan enorme nación.

Para ello, Bell no se deja llevar por discursos grandilocuentes ni enarbola banderas con las que plantarse delante de la Casa Blanca a solicitar justicia. No. Bell lo hace desde su yo, desde sus incómodas idiosincrasias —¿acaso no lo son todas cuando se miran, como hacemos aquí, desde fuera?— y desde una mirada a su día a día. A un día a día que, lejos de ser rutinario, monótono y reiterativo, se antoja ficcionado y se sabe veraz: la artista nos aproxima en esta ocasión a toda la odisea por la que, tras salir ardiendo la casa en la que habita su madre, tendrán que pasar tanto ella como su progenitora para procurar a la segunda un nuevo techo bajo el que dormir y refugiarse de los elementos. Esta premisa, que casi podría asimilarse a lo que cabría encontrar en un telefilme de tres al cuarto de la sobremesa de alguna cadena televisiva, se convierte en manos de Bell en un incisivo análisis de las peculiaridades de nuestra especie expuesto en boca de algunos «personajes» cuya realidad supera con mucho a cualquier ficción.

En los constantes vaivenes a los que la autora ha de someterse para poder atender a su madre, no sólo nos va dejando con cargas de profundidad acerca de la extrema dificultad que puede llegar a plantear un salto generacional mal entendido, sino que, al traer a colación a tal o cuál fortuito encuentro con desconocidos que salen al paso, Bell construye una radiografía nada condescendiente para con la América profunda, esa que siempre imaginamos llena de tarados y gente peligrosa y que, en manos de Bell, queda algo suavizada bajo un esfuerzo constante de contexto por parte de la autora. Un volumen que, complementado por ‘Voyeurs‘ y ‘Cecil y Jordan en Nueva Yorkdeja muy claro la muy distinguible y personal voz que es la artista residente en Brooklyn y lo mucho que, de cuando en cuando, necesitamos ver a Estados Unidos desde sus rincones más mugrientos.

Todo es inflamable

  • Autores: Gabrielle Bell
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 94 páginas
  • Precio: 24,50 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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