‘Thor. Origen’, thunder unleashed

Allá por 2009, buscando nuevas fórmulas con las que embaucar atraer a nuevos lectores, DC anunció el lanzamiento de una nueva línea nombrada ‘Tierra Uno’ y llamada a acoger a proyectos independientes en los que autores de cierta talla ofrecieran su versión de los mejores personajes de la editorial haciendo tabula rasa con los mismos y modelando sus orígenes y establecimiento a su antojo. Un año más tarde, veía la luz el ‘Superman: Tierra Uno’, una irregular novela gráfica firmada por J.M.Strazcsynski y Shane Davis que dejaba cierto regusto agridulce a los que nos asomábamos a ella movidos por el interés que siempre generaba el nombre del retirado guionista. Afortunadamente, dos largos años más tarde llegaría ‘Batman: Tierra Uno’,y el trabajo de Geoff Johns y Gary Frank rayaría a tal altura que creo que no hay ninguna duda en tacharlo, junto al segundo volumen, como una de las mejores historias jamás protagonizadas por el hombre murciélago.

Saltemos ahora treinta y seis meses en el tiempo desde el anuncio de DC y coloquémonos en 2012. El Universo Cinematográfico Marvel lleva casi un lustro de recorrido y tiene preparado, para ese año, el estreno de ‘Los Vengadores’ de Joss Whedon. Pero todo el éxito que está cosechando en la gran pantalla no tiene respuesta inmediata en un universo, el de viñetas, que cada vez cuenta con menos series a las que valga la pena echar el guante. Así las cosas, a alguna cabeza pensante de La Casa de las Ideas se le ocurre, tras observar la maniobra de la Distinguida Competencia, que quizás estaría bien contar con novelas gráficas autocontenidas que sirvieran al lector como punto de entrada a alguno de los héroes más granados del panteón de la compañía, explotando al tiempo la supuesta necesidad que los que hubieran descubierto a esos personajes en la gran pantalla, tuvieran de saber más de Iron Man, el Capi, Thor o Hulk. Nacía así la línea ‘Season One’ que, en un golpe de autoridad sobre lo que DC estaba llevando a cabo, apostaba fuerte y, en un breve espacio de tiempo, ponía en circulación hasta diez títulos firmados por equipos que, primer error, no resultaban muy atractivos para los lectores de siempre, esos que íbamos a picar sí o sí con el experimento.

Y aún así, aún contando con dicha traba, servidor no tuvo reparos en ir dando cuenta de algunas de las propuestas que, con artistas como David Márquez, Emma Ríos, Tom Fowler o Pepe Larraz nos ofrecían orígenes de los Cuatro Fantásticos, el Doctor Extraño, Hulk o el Thor que hoy ocupa nuestro tiempo. Un Thor escrito por Lilah Sturges que no oculta lo mucho que bebe del guión que, puesto en pie por Strazcynski y Mark Protosevich y transformado en libreto por un equipo de tres «funcionarios» de Marvel, había servido a Kenneth Branagh para firmar la poco más que correcta primera entrega del dios del trueno encarnado por Chris Hemsworth.

Con cambios ostensibles sobre el mismo —el más notable es la transformación de Thor en Donald Blake—, y adornado con diálogos de gran rimbobancia y mucha letra, uno no puede deshacerse de la sensación de familiaridad que transmite todo el conjunto, sobre todo en lo que al tratamiento de, rubiales, Loki o Jane Foster se trata y si no fuera por el SOBERBIO trabajo que lleva a cabo nuestro Larraz, las sensaciones que termina transmitiendo este ‘Thor: Origen’ serían muy, pero que muy diferentes: lleno de la luz, el talante brillante y vivaz y la clarísima exposición narrativa que siempre las han caracterizado, las páginas del madrileño —al que veremos en breve en ese esperado evento que prepara Jonathan Hickman con los mutantes— son todo un dechado de virtudes que justifican, por sí solas, y de manera más que sobrada, el nimio desembolso que Panini nos pide por esta primera temporada que, por cierto, nunca tuvo continuidad…‘Nuff said!!!

Thor. Origen

  • Autores: Lilah Sturges y Pepe Larraz
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 120 páginas
  • Precio: 16,15 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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