‘The long tomorrow’, Norma arranca con la biblioteca Métal Hurlant

The long tomorrow portada

Tres palabras. Dos autores. Dieciséis páginas. Una obra maestra del cómic de ciencia-ficción. Una única posibilidad en la que estos tres factores confluyen: ‘The long tomorrow‘. Apodada «la historieta de dieciséis páginas más influyente de la historia«, este singularísimo relato que Moebius y Dan O’Bannon concretaban por puro aburrimiento allá por 1976 hartos de que Jodorowsky no pusiera en marcha su adaptación del ‘Dune’ de Frank Herbert, terminaría marcando a fuego el fuerte viraje que la ciencia-ficción dio en el cine a partir de mediados de los años 70, dejándose notar su influencia en tres títulos puntales de la historia del séptimo arte: ‘Star Wars‘, ‘Alien‘ y ‘Blade Runner‘.

Antes de la aparición de ‘The long tomorrow’, y una vez se habían trascendido las fórmulas de la ciencia-ficción de serie B de los años cincuenta, el género parecía establecer unas bases que iban a quedar determinadas por la limpieza espacial de ‘2001‘ o las utopías terrenales que podíamos ver en ‘La fuga de Logan‘. Y fue este breve relato el que hizo que del Discovery de Kubrick pasáramos al Halcón Milenario de Lucas, y que la falsa luminosidad de ese futuro en el que a la humanidad no le es permitido superar los 21 años de edad fuera sustituido por la oscura suciedad de la hiperpoblada Los Ángeles que Ridley Scott imaginó para su obra maestra.

The long tomorrow interior I

Apartándose de lo que hasta entonces se había podido leer en los tebeos del género, Moebius y O’Bannon mezclaron ciencia-ficción y relato policíaco en una historia que cumple con todos los tópicos del género negro revitalizados, qué duda cabe, por el hecho de estar mutados para la ocasión: un detective solitario despojado de todo el encanto de Marlowe es contratado por la femme fatale de turno. Comienzan a aparecer muertos donde no debieran, hay persecuciones en coches voladores, policías robots que pretenden hacerse los simpáticos, un mac guffin de lo más hilarante y la ineludible, aunque no por ello típica, escena de sexo.

Todos estos elementos (y muchos más que no desvelaré), derivados del guión de O’Bannon, se conjuran con un trabajo de Moebius que, aún hoy, treinta y siete años después, sigue sorprendiendo por su desbordante imaginación. Descontextualizando, es evidente que el nombre del autor es sinónimo de imaginación apabullante, pero cuando ‘The long tomorrow’ ve la luz, el dibujante acaba de rescatar a su alter ego tras una década sin utilizarlo, y el derroche de diseños que por doquier abundan en cualquier viñeta de la historia son tan novedosos y espectaculares que su influencia en el cómic y el cine de ciencia-ficción posteriores resulta inmensurable.

The long tomorrow interior II

Fundada en 1974 por Jean-Pierre Dionnet, Philippe Druillet, Bernard Farkas y el propio Moebius (los padres de Los Humanoides Asociados), la revista ‘Métal Hurlant‘ en la que aparece en dos entregas las páginas de ‘The long tomorrow’ serviría al otro yo de Jean Giraud para desarrollar, durante los trece años que duró la aventura de su publicación, muchas de las historias que cimentaron su nombre como el maestro del género que será ya siempre.

Y todas ellas son las que ahora van a ser recogidas por Norma en esta imprescindible colección de nueve volúmenes que arranca con un tomo en el que también encontraremos la muda y banal ‘Rock city’, esa genial ironía en torno al Robinson espacial que es ‘El universo es muy pequeño’, las graciosas, aunque intrascendentes, ‘Barbarroja y el cerebro pirata’ y ‘El artefacto’, la muy alucinógena ‘Descenso a Centauri’ o la ominosa ‘Variación nº4070 sobre «el» tema’, relatos todos que no llegan a la altura de la maestría de ‘The long tomorrow’ pero que sirven como perfecto acompañamiento a una lectura genial.

FICHA TÉCNICA: The long tomorrow
  • Autores: Moebius y Dan O’Bannon
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 56
  • Precio: 14 euros
The long tomorrow review

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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