‘Temporada de rosas’, la «pasión» en clave femenina

Para mi vergüenza, soy de la generación que creció bajo la firme conciencia social de que «los niños tenían que jugar al fútbol y las niñas con muñecas». Afortunadamente, los valores que recibí por parte de mi madre iban encaminados a nadar contracorriente de tal línea de pensamiento y, de esa manera, nunca me gustó el fútbol mientras que a la inmensa mayoría de compañeros del colegio les apasionaba y, como quiera que compartía habitación con mi hermana pequeña, jugar con muñecas de toda clase y condición fue algo de lo más normal en mis muchas horas de esparcimiento durante la infancia. Con esta pequeña puesta al día de uno de los pilares que forjaría mi yo actual, es mi deseo enmarcar lo mucho que siempre he defendido la ruptura de ciertos estereotipos que tan anquilosados y rígidos permanecen con el paso de las décadas, y en relación al fútbol —que me sigue resultando tremendamente antipático y se sitúa en las antípodas de mis intereses—, que se tenga que naturalizar de una puñetera vez el que ser mujer y aficionada al «deporte rey» no sea un oxímoron, es una necesidad imperiosa en esta sociedad mayoritariamente machista en la que vivimos.

Chloé Wary apuesta por ello. Y lo hace porque ella, como mujer, es una apasionada del balompié y, al serlo, ve en ese acceso de su género a un deporte tradicionalmente de hombres una forma muy sonora de empoderarse y empoderar a las féminas que se acerquen a este relato en el que un equipo de adolescentes futbolistas hará lo imposible porque la presidencia de su club no les cierre la oportunidad de acceder al campeonato anual en favor de la agrupación masculina. Para lograr la inmediata empatía del lector, Wary centra su atención en Bárbara, la más beligerante y rebelde de las integrantes de «Las Rosas de Rosigny», una chica que encuentra en el deporte lo que le falta en un hogar desestructurado —sus padres están divorciados y ella no sabe nada de su progenitor desde hace años— y que trata de trazar su personalidad apoyándose en su entrenador o el noviete de turno sin darse cuenta de que en ella se asientan las armas suficientes para volar sin necesidad de ayuda.

Arropada en un estilo gráfico que hace del uso del color una baza de considerable expresividad y fuerza, la plasticidad del trazo de Wary —que acerca sus postulados visuales a los de nombres como el de Bastien Vivès—y la fluidez de su narrativa, notable en los instantes en los que el tebeo centra sus esfuerzos en acercarnos al fragor del enfrentamiento en el césped, consiguen que, más allá del natural y creciente interés que plantea todo el conjunto, nos dejemos llevar por lo puntualmente evocador de unas planchas que son un dechado de virtudes visuales y que encierran un conjunto brillante, lleno de valores que acercar a cualquier adolescente, sea del sexo que sea y a más de un adulto que, a sus muchos años, sigue anclado en unos esquemas mentales que ni del medievo, oigan. Vamos, que como docente os dejo ya muy claro que, junto a otros muchos que siempre tengo prestos para recomendar a mis alumnos, ‘Temporada de rosas’ queda ya añadido a esas lecturas que arrimar a los adolescentes bajo mi tutela para, de alguna manera, despertar en ellos cuanto antes mejor el sentimiento de igualdad y libertad que tan bien enarbolan estas páginas.

Temporada de rosas

  • Autores: Chloé Wary
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 240 páginas
  • Precio: 20 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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