‘Spirou y Fantasio 55: La furia del marsupilami’, señales de agotamiento

Es algo que ya llevaba cierto tiempo detectando pero que, llevado por mi extrema filia y completa ceguera hacia el personaje, su universo y, sobre todo, hacia Franquin, no había tenido el valor de verbalizar hasta ahora. Pero, a la luz de lo que se puede leer en este quincuagésimo quinto volumen de una de las series más veteranas del panorama franco-belga, es inevitable claudicar ante la evidencia: Spirou y Fantasio ya no son lo que eran. Es más, que el álbum que hoy os traemos, publicado por Dibbuks hace algo más de un mes, viera la luz al otro lado de los Pirineos en 2015 y que, desde entonces, Dupuis no haya puesto en circulación ninguno nuevo —al menos no de la numeración ordinaria, que sí que han aparecido proyectos especiales— podría ser interpretado en la línea argumentativa que estoy apuntando, la de que hasta los seguidores más fervientes del personaje han empezado a mostrar su notable apatía por lo que Fabien Vehlmann y Yoann llevan desarrollando desde comienzos de la década y ello ha supuesto un freno a la editorial.

Elucubraciones con poco fundamente al margen, resulta muestra inequívoca del agotamiento de fórmulas al que la serie está siendo abocado —quizás sólo sea cuestión de cambiar de equipo creativo e insuflar nuevas y arriesgadas ideas a inquieto botones y su inseparable compañero— el hecho de que para este álbum 55 los autores eligieran, no ya traer de vuelta al siempre querido Marsupilami, o hacerlo de mano de Zantafio, el inefable primo de Fantasio, sino el que lo hagan de manera que todo suene a ya vivido, a previamente leído y a poco novedoso. De acuerdo, el transcurrir de la colección siempre se ha retroalimentado de echar mano de sus personajes más recurrentes de cuando en cuando, pero es que este ¿inesperado? regreso del animal salido de la ferviente imaginación de Franquin se suma ya al correspondiente doblete de Zorglub o al Don Cortizone de la entrega anterior y uno se pregunta si Vehlmann y Yoann tendrán previsto algo que nos sorprenda de verdad o si, probablemente sometidos a una férrea política editorial, continuarán —de hacerlo— por los mismos derroteros.

Si así lo quisiera, todo lo dicho anteriormente podría ponerlo del revés y usar las mismas argumentaciones en sentido positivo para, como he hecho hasta el momento en las cuatro reseñas previas efectuadas sobre el trabajo de los dos artistas, alabar su talante continuista, lo bien que han sabido leer el ADN de Spirou o la manera en que, como otros antes que él, Yoann mira a Franquin para dejarse poseer por lo perenne de su espíritu. Más, como decía al principio, la venda ha caído y lo que hasta el pasado verano de 2018 me parecía la tónica a seguir, ahora se me antoja como el vicio a romper. Esperemos que a algún iluminado de Dupuis se le ocurra dar un golpe de timón y redirigir hacia nuevos puertos el rumbo de un barco que lleva navegando por la misma ruta desde hace casi setenta años sin darse cuenta, en los últimos diez y en instantes puntuales anteriores —y fijaos que sólo apunto a la última década—, que el público al que buscan ya cambió de gustos hace mucho.

Spirou y Fantasio 55: La furia del marsupilami

  • Autores: Fabien Vehlmann y Yoann
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 56 páginas
  • Precio: 12,35 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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