‘Spirou y Fantasio 54. Un botones en Sniper Alley’, la diversión no decae

Si es que existen —que supongo que así será—, es de recibo pensar que los detractores de ‘Spirou & Fantasio’ argumentaran, entre otras cosas, que cómo es posible que una serie que acumula ya setenta años de historia puede seguir resultando interesante e innovar sobre un tejido que los propios fanáticos de la misma admitimos que tuvo dos momentos de esplendor insuperables en su pasado —Franquin y Tome & Janry…como si hiciera falta aclararlo—. Dicho argumento, extensible a cualquier cabecera tanto o más longeva que la del personaje creado por Rob-Vel en 1938 —pocas serán más longevas, ahora que lo pienso— es fácilmente desmontable por varios hechos sobre los que podríamos extendernos a placer pero que, de quererlo, se resumen en una sentencia muy simple: Spirou es sinónimo de diversión; siempre lo ha sido, y (parece que) siempre lo será.

De acuerdo, el personaje ha tenido ciertos instantes en los que el equipo creativo de turno ha pretendido usarlo como vehículo para ciertas reflexiones pero, al igual que Astérix, la sana pretensión que siempre ha arropado al personaje es la de hacer pasar un rato de entretenimiento alocado a los que llevamos toda nuestra vida siguiendo sus andanzas por medio mundo, disfrutando con las aventuras que los dos dicharacheros héroes corren junto al Spip, el Marsupilami, el Conde de Champignac o Secottine mientras se enfrentan a Zantafio, Zorglub o a alguno de los caricaturizados enemigos que estas siete décadas de historias han llegado a parir.

Es uno de ellos, el inefable Don Cortizone —un mafioso a imagen y semejanza del Don Vito Corleone encarnado por Marlon Brando que imaginaron Tome & Janry— el que sirve de resorte inicial para un viaje en el que Spirou y su inseparable compañero se calzan los zapatos ajados, el Fedora y el látigo y emulan a Indiana Jones en la búsqueda del tesoro de Alejandría, un botín de incalculable valor supuestamente almacenado por los gestores de la mítica biblioteca de la ciudad egipcia para poder reconstruirla en caso de que ésta fuera arrasada.

Tan ingenioso McGuffin sirve a Fabien Vehlmann, mezclado con ciertas disquisiciones sobre los conflictos armados en Oriente Próximo, para plantear una lectura que se mantiene en la misma corriente de lo que ya le hemos leído al guionista y a Yoann en los tres álbumes anteriores publicados por Dibbuks, y las 48 páginas que conforman ‘Un botones en Sniper Alley’ se pasan volando, alternando aventura, humor y emociones a partes iguales y rematando la faena con un par de últimas viñetas que dejan preparado el terreno para el próximo álbum, un número 55 que, no os quepa duda, será objeto de nuestra atención tan pronto se nos ponga a tiro.

Spirou y Fantasio 54. Un botones en Sniper Alley

  • Autores: Yoann & Fabien Vehlmann
  • Editorial: Dibbuks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 48 páginas
  • Precio: 12,82 euros en Amazon

Etiquetas

Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

Compartir este Artículo en

Deja un Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.