‘Sonámbulo y otras historias’, un genio llamado Tomine

Descubierto hace seis años cuando La Cúpula le publicaba la extraordinaria ‘Rubia de verano’, aquellas 132 páginas provocaron que me enamorara sin remedio de la forma de narrar historias de Adrian Tomine: lo expresivo y natural de sus personajes, la tridimensionalidad que exudaban todas las páginas de las historias cortas allí incluídas, y esa melancolía tan propia de nuestro tiempo y que tanto acercaba al californiano a coetáneos suyos como Seth o Chris Ware, alzaban al artista muy por encima de los mejores autores del cómic independiente estadounidense. Una impresión ésta que sólo era reforzada y ampliada sobremanera con ‘Intrusos’, la antología de relatos publicada en castellano por Sapistri en 2016 y que ahora, con ocasión de esta nueva edición de ‘Sonámbulo y otras historias’, añade al mayoritario asombro que siempre han causado sus páginas el saber que Tomine era enorme ya desde sus principios.

Porque lo que encontramos aquí son precisamente eso, las historias que conformaron de manera íntegra los cuatro primeros números de ‘Optic Nerve’, la serie que Tomine comenzó auto-publicándose en 1991, que en 1995 pasó a ser captada por Drawn & Quarterly y que, a lo largo de los 14 ejemplares aparecidos hasta la fecha —recogidos en cuatro volúmenes I.M.P.R.E.S.C.I.N.D.I.B.L.E.S— han servido al autor para labrarse un nombre fijado de manera indeleble entre lo mejor que el cómic del otro lado del charco puede ofrecer hoy por hoy: su mirada incisiva se destila de manera concisa y sin alardes innecesarios en unas páginas asombrosas en las que nunca sobra ni una acotación. Todo lo que encontramos en una viñeta de Tomine está puesto hay con un propósito, y es quizás debido a ello que la lentitud en la aparición de su trabajo se haya convertido en algo que sus admiradores hemos de asumir con paciencia.

Volviendo a ‘Sonámbulo’, lo que aquí encontramos son dieciséis historias de desigual extensión que, antes que otra cualquier disquisición, conforman un catálogo amplio, elocuente, mordaz e hiperrealista de la condición humana. Ya sea en nuestra forma de asumir la ruptura, de las consecuencias de nuestra curiosidad, la manera en la que nuestros recuerdos pueden marcarnos o lo aleatorio de la violencia —ya sea física o verbal— y como copamos con ella, la manera en que Tomine hace que los protagonistas de sus historias nos resulten familiares desde la primera viñeta, la natural y sencilla forma en que logra que empaticemos con ellos se da la mano en ocasiones con el brusco golpe frontal que supone encontrarnos con relatos como ‘Caída’ o ‘Glaseado de fresa’, que dejan un profundo poso de desazón al tiempo que hablan con contundencia, como decimos, del soberbio talento que encierran estas superlativas páginas.

Unas páginas de las que cabría hablar una a una, analizando las decisiones que Tomine va tomando en cuanto a encuadres y planteamientos narrativos; diseccionando cada bocadillo de diálogo y texto de apoyo y, sobre todo, sacando punta a aquello que no vemos pero queda impreso en nuestra retina, eso que sucede en las entrecalles de las viñetas y que, parte inherente a la idiosincrasia del noveno arte, adquiere aquí matices que no pueden ser calificados de otra forma más que de MAGISTRALES. Sin lugar a dudas, uno de los volúmenes de lectura más obligada de lo que llevamos de año.

Sonámbulo y otras historias

  • Autores: Adrian Tomine
  • Editorial: La Cúpula
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 104 páginas
  • Precio: 13,21 euros en Amazon

Etiquetas

Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

Compartir este Artículo en

Deja un Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.