‘Soldado de Invierno de Ed Brubaker’, más sólido que el vibranium

Hasta que Ed Brubaker se puso al Capitán América por montera, le dio la vuelta al personaje y a su cabecera y la convirtió en todo un hito de la Marvel moderna, pasándola por el tamiz del tipo de series que al fértil guionista de ‘Criminal‘ le gusta enhebrar, a servidor le había pasado lo mismo que comentaba el otro día con respecto a Iron Man, que salvo un par de muy contadas excepciones —la etapa de Waid y Garney y, sobre todo, la miniserie de ‘Centinela de la libertad‘—, nunca me había interesado lo que fuera que pudiera sucederle a Steve Rogers. Pero, como digo, fue llegar Brubaker, introducir al Soldado de Invierno, aplicar a la cabecera esa pátina noir que tan sumamente bien le sentó y dar con ideas como la muerte del Capi y el relevo que tomaría Bucky abriendo tantas diferencias para con su predecesor, y caer este redactor rendido ante el aplastante talento que exudaban unas páginas, ya en lo que se refiere a guión, ya en unos términos gráficos en los que Steve Epting brillaba como nunca antes habría creído que pudiera hacerlo.

Cierto es que, a lo largo de los casi ocho años que Brubaker permaneció en la colección, hubo algún altibajo —la más que obvia resurrección del Capi me sigue pareciendo tan inevitable como poco trabajada— y que, tocando el final, mucho se había perdido del lustre del comienzo pero, también, que hoy por hoy, y hasta que no llegue otro escritor con ideas frescas y ganas de hacer algo diferente, no hay quien le haga sombra a lo que ofrecieron los casi 70 números de la serie regular que tuvieron una suerte de brillante y soberbia coda en este ‘Soldado de Invierno’. Catorce ejemplares con los que Brubaker se resarcía de alguno de los instantes más flojos del tramo final de su incursión en el universo del primer vengador y nos dejaba todo un recital en constante do de pecho de cómo escribir cómic de superhéroes haciendo de éstos algo más que unos acartonados seres bidimensionales que se dan tortas como si no hubiera un mañana.

Tanto es así que, llegados a ‘Soldado de Invierno’, es tal la inversión emocional que el lector ha hecho en Bucky Barnes y lo que Brubaker hizo con Natasha Romanov en la serie «central» que, hasta cierto punto, hubiera dado igual el marco en el que el guionista los situara que habríamos asistido con el mismo nivel de intensidad de interés a lo que estas portentosas páginas ponen en pie. Pero Brubaker no es de los que se gustan tomar la vía fácil y, echando mano de una idea soberbia —varios durmientes que entrenaron junto a Bucky cuando éste era el Soldado de Invierno y que han sido despertados con oscuros fines— traza un único arco argumental dividido en dos fragmentos que, con su demoledor final, demuestra, más allá de toda duda razonable, lo poco acomodaticio de su firma. Una firma que, acompañada aquí por el trazo sucio de Butch Guice y el elegante y maravilloso storytelling de Michael Lark —y si no habéis catado ‘Lazarus‘ estáis tardando en descubrir una de las mejores series de ciencia-ficción que se publica al otro lado del charco— conforman, no ya un dignísimo final para lo que el artista quiso decir sobre el microcosmos del Capi, sino una lectura que, fácilmente, poder situar en lo más alto de lo mejor que Marvel ha ofrecido en lo que llevamos de siglo. Casi nada. ‘Nuff said!!!

Soldado de Invierno de Ed Brubaker

  • Autores: Ed Brubaker, Buth Guice y Michael Lark
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 336 páginas
  • Precio: 35 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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