‘Sleeper’, un cómic como pocos

Como ya he hecho en alguna que otra ocasión, incluyo a continuación las muchas líneas que le dediqué a ‘Sleeper’ cuando, hace 10 años, escribí sobre ella en uno de los varios proyectos en los que he vertido mis impresiones acerca de los cómics que leo. Una década da para mucho en lo que a mejora del estilo escrito se refiere, así que os ruego disculpéis la posible tosquedad de un texto que incluyo tal cual, sin ningún cambio. Muchas gracias de antemano por vuestra benevolencia.

Si algo caracterizó al universo Wildstorm desde que Jim Lee decidiera sacarlo de Image eso fue su paulatino alejamiento de los estándares del cómic de superhéroes tradicional. Series como ‘Authority‘, ‘Planetary‘ o este ‘Sleeper‘ demuestran sobradamente un hecho que aún hoy perdura, aunque en menor medida. El tono brutalista de la primera, las geniales pinceladas surrealistas de la segunda y el realismo sucio de la tercera las convierten, al mismo tiempo, en tres de las mejores colecciones que se han publicado en esta década que acaba de finalizar. Y ello no es ajeno al excelso trabajo realizado por sus guionistas: Warren Ellis —tanto en la primera como en la segunda—, Mark Millar —en ese fantástico segundo año de ‘Authority’—y, cómo no, Ed Brubaker.

Aunque sea una serie totalmente integrada en la continuidad del Universo Wildstorm —que aunque relativamente joven, ya tiene bastante historia—, Brubaker intenta con ‘Sleeper’ captar la atención de aquellos lectores que no han leído nunca nada de ‘WildC.A.T.S‘, ‘Gen13‘, ‘Team 7′, ‘Deathblow’ o cualquiera de las muchas miniseries que la editorial ha ido dando a luz con el paso de los años. Y la verdad es que, quitando ciertos apuntes que se disfrutan mucho más si eres conocedor de la citada continuidad, la serie puede seguirse sin ningún tipo de problemas gracias a que Brubaker parte casi desde cero, aportando los necesarios datos sobre el pasado de los personajes mediante socorridos flashbacks y el uso de un novedoso recurso: aquí y allá, y como si de un juego se tratara, son los propios personajes los que nos cuentan sus orígenes. Una forma genial de presentar a los compañeros de nuestro héroe principal, Holden Carver. Pero no nos adelantemos y hagamos un poquito de historia.

Empezemos por John Lynch, director de I.O — International Operations, una agencia gubernamental de esas que está mucho niveles por encima del presidente y que cuenta entre sus filas con agentes dotados de poderes especiales—, fundador de Gen13 pero sobre todo un manipulador de mucho cuidado. Al comienzo de ‘Sleeper’, Lynch está en estado comatoso debido a un tiroteo en el que se ve envuelto. El principal enemigo de Lynch es Tao —Tactically Augmented Organism— un producto de laboratorio con una mente prodigiosa que formó parte de una de las diversas encarnaciones de WildC.A.T.S hasta que, aburrido, decidió cambiarse de bando y entretenerse en convertir al mundo en un caos total. Entre ambos se encuentra nuestro (especial) héroe, Holden Carver : pupilo de Lynch, Carver es un agente doble infiltrado —de ahí lo de Sleeper- durmiente— entre las filas de la organización de Tao. Debido a un accidente durante una misión, Carver obtiene unos extraños poderes mediante un artefacto proveniente de la Sangría —una especie de dimensión paralela a la nuestra en la que Authority tiene su base—. Los poderes derivados del contacto con dicho artefacto eliminan en Carver la capacidad de sentir cualquier tipo de dolor o placer, otorgándole además la posibilidad de, con tan sólo tocar a otro, traspasar el dolor que se le infringe.

Estos personajes —y algunos más— son los que sirven de trasfondo a Brubaker para empezar a tejer la compleja trama que se desarrolla en la Primera Temporada de ‘Sleeper’: Carver lleva ya un año infiltrado en las filas de la organización de Tao. Un años en el que ha conocido a Genocide —un mastodonte inmune a las balas— y a Miss Misery —una mujer que se pone enferma si no hace daño allá por donde va—. Pero las motivaciones que llevaron a Carver a aceptar la arriesgada misión que está cumpliendo se están diluyendo día a día: a nuestro protagonista no le parece que los objetivos de Tao sean tan diferentes de los de Lynch y durante el desarrollo de estos doce primeros números, tendrá más de una ocasión para comprobarlo.

El personalísimo estilo de Sean Phillips acompaña a Brubaker en este primer año de la serie: con un trazo errático y un dibujo decididamente feista, Phillips logra traducir a la perfección los guiones de Brubaker en una narración gráfica impecable. Siin grandes gestos y sin abusar de las splash-pages, Phillips consigue terminar de introducir al lector en el oscuro mundo de Sleeper, algo que un dibujo más limpio y preciosista no habría logrado.

Con un final digno de serie de televisión, ‘Sleeper’ se convierte rápidamente en un cómic fan-favourite, y aunque Brubaker no tenía prevista una continuación, el éxito de la colección y la insistencia de Jim Lee y Scott Dunbier —el editor de la serie— provocan que ‘Sleeper’ cuente con una segunda y última temporada.

El arranque de ésta no puede ser mejor: mediante el uso de esos magníficos flashbacks a los que nos tiene acostumbrados, Brubaker nos sitúa poco después del desenlace de los doce primeros números. Carver descubre, en el transcurso de una misión de Tao, que Lynch ha despertado de su coma. Lamentablemente para el, su nuevo jefe ya lo sabe, y pretende sacar partido de esta situación. Para ello sitúa a Carver en el ojo de un peligroso juego que pretende llevar a cabo; pero nuestro particular héroe tiene otros planes: mientras Tao quiere conseguir poner la vida de Lynch de nuevo en estado vegetativo, Carver  descubre, a través de este último que hay una posibilidad de recuperar su estatus como agente de I.O, y sobre todo, de volver a su estado pre-poderes. Pero en el peligroso juego en el que se ve envuelto Carver no tiene en cuenta con quién se la está jugando: tanto Lynch como Tao tiene sus propios planes, planes que no incluyen, por supuesto, el bienestar de nuestro protagonista. Pero Holden Carver guarda más de un as en la manga, y no se va a dar por vencido tan fácilmente.

Este es, a grandes rasgos, el argumento del segundo y último volumen de ‘Sleeper’, y digo a grandes rasgos porque sería imposible desgranar más datos sin caer en el más completo de los destripes. Si los guiones del primer volumen eran impresionantes, y daba la impresión de que Brubaker lo iba a tener realmente difícil para superarse, esa impresión se volatiliza tras la lectura de los tres o cuatro primeros números de ‘A Crooked Line’: es mucho lo que el guionista pone en juego desde un primer momento en su canto del cisne en la colección, pero más lo que consigue. ‘Sleeper’ se convierte en las habilidosas manos de su guionista en un cómic del que no puedes apartar la mirada aunque quieras, pues es tal la cantidad de pequeños detalles que se van introduciendo de manera sutil en cada página, que cualquier distracción te obligaría a volver a leer de nuevo desde el principio…y que yo recuerde, eso es algo que no me pasaba desde ‘Watchmen’. Con esta segunda temporada de ‘Sleeper’, Brubaker se encumbraba como uno de los mejores escritores de cómics de nuestros días, hecho que puso de relieve la captación de Marvel para su ya mítica etapa en el ‘Capitán América‘, así como sus Criminal‘ o ‘Incógnito‘.

Cumpliendo con su tarea a los lápices (y las tintas), volvemos a encontrar a Sean Phillips. Acostumbrados como estamos a su labor en los doce primeros números de la serie, no sorprende la exacta adecuación de la que el dibujante vuelve a hacer gala en esta ocasión, regalándonos momentazos como el asalto de Grifter —sí, el de los WildC.A.T.S— a las instalaciones de I.O.

Todo lo bueno llega a su fin, y si ese final es tan intenso como el de ‘Sleeper’, el viaje ha valido la pena. Han sido veinticuatro números llenos de intrigas, pasiones enfermizas y violencia a raudales en un cómic como pocos. Sinceramente creo que no pasará mucho tiempo antes de que vuelva a leerlo...

Sleeper

  • Autores: Ed Brubaker y Sean Phillips
  • Editorial: ECC Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 656 páginas
  • Precio: 51,50 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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