‘Sherlock Holmes. Las crónicas de Moriarty’, Sir Arthur estaría satisfecho

Con la serie de Stephen Moffat como mejor y más brillante exponente de la buena forma que, ciento treinta años después de su creación, sigue manteniendo Sherlock Holmes, resulta igualmente indicativo de esa feliz salud de la que goza la inmortal creación de Sir Arthur Conan Doyle el que el noveno arte busque inspiración en las muchas líneas que el literato inglés escribió sobre el detective más famoso de la historia para, ya al otro lado de los Pirineos, ya allende los mares, sigan surgiendo cada año nuevos proyectos que ofrezcan lecturas diferentes sobre el personaje o, como es el caso de la maravillosa ‘Los cuatro de Baker Street’ o del álbum que hoy os traemos, sobre alguno de los secundarios más famosos que Doyle inventó en alguno de sus relatos.

Y qué mejor manera de rendir homenaje al escritor y al cosmos por él creado que centrar la atención en el que, sin lugar a dudas, es uno de los villanos literarios más reconocibles de la historia, el maquiavélico James Moriarty, esa pérfida y calculadora némesis de Sherlock que tanto juego dio en las novelas originales y que sucumbía ante la superioridad del habitante del número 221b de Baker Street en las cataratas de Reichenbach…o eso parecía. Continuación directa de ‘Sherlock Holmes y el Necronomicón’, más lectura que puede hacerse de forma independiente sin necesidad de haber acudido previamente a aquella gracias a unas primeras páginas que resumen de manera sucinta lo allí acaecido, es ‘Las crónicas de Moriarty’ una aventura en la que el detective queda relegado a un ostensible segundo plano —sólo aparece brevemente en dos instantes— para centrarse en la lucha de Moriarty por destruir varios ejemplares del Necronomicon —ese libro escrito en sangre y encuadernado con piel humana que era el pie para toda la saga de ‘Posesión infernal’— y, con tan altruista empeño, dar un ostensible giro a la definición que Doyle hacía de él a finales del s.XIX.

Lo que podría haber devenido en un fracaso total —nunca me han terminado de llenar esas historias de redención en las que un personaje malvado cambia de chaqueta— se torna aquí en una lectura tan amena como eficaz rompiendo Silvain Cordurié la linealidad con la que se caracteriza los hechos que tienen lugar en el «presente» con, bien la narración de la lucha de Moriarty contra los dioses antiguos en ese otro plano de existencia al que es relegado al final de la citada ‘Sherlock Holmes y el Necronomicón’, bien a sus años de formación como maestro en artes arcanas. La adición de tales habilidades a la ya de por sí fascinante personalidad del jurado enemigo de Sherlock queda puesta en valor mediante el expeditivo uso que hace de ellas para lograr su objetivo, aportando Andrea Fattori con su estilo sobrio y contenido, preciso en la definición de personajes y en la concreción de los escenarios en los que se mueven, ese matiz que necesita el guión para alzarse sobre la media y optar a la notable percepción final que deja el álbum.

Sherlock Holmes. Las crónicas de Moriarty

  • Autores: Silvain Cordurié & Andrea Fattori
  • Editorial: Yermo Ediciones
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 96 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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