‘Saint-Exupéry’, baobabs, ovejas y cuenta estrellas

No recuerdo con exactitud cuando fue, pero sí que era bastante pequeño cuando alguien de mi familia, sabiendo de mi temprana y muy apasionada afición por la lectura, puso en mis manos una copia de ‘El principito‘: aquél pequeño libro —si la memoria no me falla la edición que me regalaron no era de más de 14x20cm…sí, mi memoria guarda esos detalles absurdos, qué le voy a hacer — fue devorado en poco más de un fin de semana a golpe de muchos interrogantes, muchas caras de estupor y muchas expresiones de lo que hoy diríamos «WTF??!!». Porque, seamos claros, ‘El principito’ es un libro raro. Magistral, por supuesto. Pero raro de narices. Eso sí, dicha rareza no impidió que servidor, que también le daba al lápiz y al papel con cierta fruición, empezara a dibujar por todas partes serpientes con elefantes dentro y baobabs, sobre todo baobabs, no me preguntéis por qué.

Libro de cabecera desde entonces, la atemporal y portentosa imaginación que Antoine de Saint-Exupéry desplegaba en su última obra narrativa ha trascendido generaciones desde su publicación a mitad del siglo pasado, y hoy, en esta era en la que nos ha tocado vivir, su mensaje —bueno, uno de ellos, que el libro viene bien cargadito— de dar total poder a la imaginación de los niños y que éstos, con lo mínimo a su disposición, sean capaces de poder jugar sin tener que echar mano de dispositivos digitales o cualquier otro adelanto tecnológico, es algo a rescatar sí o SÍ.

Pero allí donde termina la leyenda de un libro que resulta mucho más fascinante cuanto más adulto es uno, empieza el recorrido de un personaje del que servidor, atención a la enorme paradoja —por aquello de mi desmedida admiración hacia su más universal libro—, no conocía mucho más al margen de su pasión por la aviación. Una falla ésta que ahora Norma ha venido a corregir gracias a la publicación en formato integral de los tres álbumes que conforman esta ambiciosa aproximación biográfica a la intensa vida del literato francés.: una vida que conoció mucho mundo, que anduvo a modo de equilibrista entre la fina línea que separa la vida de la muerte en incontables ocasiones y que, vista bajo un considerable microscopio de atención por Pierre-Roland Saint-Dizier, sirve como imprescindible escenario de fondo para entender aún mejor algunas de las disquisiciones que Exupéry vertió en ‘El principito’.

No obstante, hay que atesorar cierta voluntad para que ‘Saint-Exupéry‘ no resulte tedioso en ciertos momentos de su discurrir: pródigo en fechas, lugares, nombres y hechos llamados a servir de pequeñas piezas del gran puzzle que es una vida, el guionista no se arredra en ser lo más prolijo posible, sacrificando aquí y allá un mejor ritmo narrativo y un mayor dinamismo en aras de que el lector se acerque a este o aquél episodio concreto de la vida del escritor. Al hacerlo, Saint-Dizier incurre en frenar el avance de la acción y arriesga perder parte del interés que el que se acerque a este volumen cargue de partida. Afortunadamente, el espléndido y exhaustivamente documentado dibujo de Cédric Fernández suple esa carencia allí donde cabe encontrarla y, a la postre, eleva al álbum a un nivel de considerable categoría al mismo tiempo que lo convierte en pieza imprescindible para todos aquellos que alguna vez se movieron por los mundos de aquél irritante niño que, una vez, Exupéry conoció en el desierto.

Saint-Exupéry

  • Autores: Pierre-Roland Saint-Dizier y Cédric Fernández
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 156 páginas
  • Precio: 30,40 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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