‘Royal City vol.3’, ¿final? FINALAZO

Como quiera que es la tercera ocasión en la que vertemos opiniones sobre ‘Royal City‘ y que, en las dos anteriores ya analizamos en profundidad la que, a mi parecer, es probablemente la obra más personal de Jeff Lemire —y eso, en el canadiense, es decir muchísimo—, hoy vamos a ser inusitadamente breves en aras de dejar claro, más allá de nuestras anteriores reflexiones, por qué esta serie ha calado tan profundo en nuestros corazones lectores. Y si lo ha hecho, es debido a una razón fundamental: la manera en la que el canadiense construye a unos personajes que, perfectamente, podrían ser, no ya reales, sino amigos o familiares nuestros.

Bien es cierto que es algo que ya habíamos apuntado en las líneas finales que dedicábamos, allá por comienzos de año, al segundo volumen de la cabecera de Image, pero la revisión —esta, como tantas otras, fue una de esas series que seguí, mes a mes, conforme fue lanzada al otro lado del charco— de este tercer volumen no ha hecho más que reforzar esa clarísima impresión de que el logro de Lemire a la hora de dar forma tridimensional a sus personajes es uno que conoce pocos iguales en la escena tebeística estadounidense, máxime si uno compara a los habitantes de esta «Ciudad Real» con algunos de los incontables y esquemáticos superhéroes que abotargan colecciones y más colecciones en la oferta mensual yanqui.

Así que, como ya hemos dicho en más de una ocasión: importando muy poco que Lemire sea o no santo de vuestra devoción o que vuestras filias tebeísticas recalen en otros puntos de la vasta geografía del noveno arte, resulta imprescindible —o al menos así queremos verlo— que como lectores amantes de este medio os acerquéis cuanto antes a un cómic que, así ha pasado aquí, conquista corazón antes que razón…un logro del que muy pocos tebeos pueden vanagloriarse.

Royal City vol.3

  • Autores: Jeff Lemire
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 120 páginas
  • Precio: 17,10 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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