‘Rosko’, realidad a medida

Cuando servidor lee una obra de Zidrou, no espera menos que el sobresaliente. Y que conste que yo no soy el responsable de albergar tamañas expectativas. Dicha responsabilidad habría que hacerla descansar en un guionista que, en la última década, no ha defraudado ni una sola vez al que esto suscribe, colocando todas y cada una de sus historias a un nivel tal que no tenerlo en un figurado altar era, como poco, misión imposible. Así las cosas, que ‘El caballero Brayard’ se quedara, como comenté hace unas semanas, en lo notable, supuso una mínima decepción sobre todo porque, antes de hincarle el diente a la reunión del guionista con Francis Porcel, lo último que había leído de Benoît Drousie había sido, ya la tercera entrega de la asombrosa y espectacular ‘Shi’, ya la cuarta de esa pequeña maravilla que es ‘Los buenos veranos’ y, claro está, con tales precedentes, como para no esperar maná como mínimo.

Ahora bien, no penséis que soy uno de esos fans letales que exige a sus artistas favoritos la excelencia continua y que no perdona ni un sólo desliz. Para nada. Es más, no soy fan letal de nadie, y como creativo —de estos textos críticos, vale, pero creativo a fin de cuentas, ¿no?— entiendo a la perfección que ni se puede pretender estar siempre en la cima y que, por supuesto, a nadie puede exigírsele que lo esté. Dicho esto, menudo golpe de efecto el que se guardaba Zidrou con este ‘Rosko’. Un golpe de efecto que era imposible ser previsto por cuanto diría, y ya van tantas ocasiones que las he dejado de contar, que el escritor francés se reinventa en una mezcla de géneros que no le habíamos visto hasta ahora y, con el desconocido Alexeï Kispredilov, construye una fantasía distópica en clave de ciencia-ficción que juega su mejor baza en la fuerte arremetida con la que carga contra la muy adocenada sociedad actual, esa que no tiene reparos en ver como los famosos de turno se pelean con uñas y dientes, ya en un estudio de televisión, en una casa vigilada las 24 horas del día o en una isla perdida vaya usted a saber dónde.

Como buen relato satírico y mordaz que es, ‘Rosko’ lleva dicha digresión hasta sus extremos más polarizados y brutales, construyendo todo en torno al protagonista, un antiguo cazarrecompensas convertido en una suerte de policía jubilado de una mega corporación que ve como su pasado vuelve en la forma de un asesino de masas cuya ejecución televisada está a punto de convertirse en uno de los acontecimientos más vistos de la historia. Lo anterior, que sólo es el punto de partida de la trama, rasca lo mínimo la superficie de un relato que, modélico en lo que a thriller y a relato de anticipación se refiere, encuentra en esa cáustica crítica de la especie humana las mejores bazas para demoler por su capacidad, al ir pasando las páginas, de avergonzarnos por lo muy fácil que resulta ver en las exageraciones y burradas con las que Zidrou da, un reflejo no tan descabellado de hacia dónde se dirige la sociedad actual.

Por obligarnos a realizar tal ejercicio, y por hacerlo de manera que podamos encontrar muchos más valores a los que ir asiéndonos si, por el extraño motivo que sea, no nos vemos capaces de valorar en lo que cabe la grandeza del relato de Zidrou; a ‘Rosko’ le queda demasiado ajustado el traje de notable. Tanto, que a poco que valoremos la conjunción, la precisa conjunción que se da entre guión y dibujo —que es de esas que hace que nos sintamos afortunados por haber tenido el privilegio de asistir al despliegue de talento que el artista gráfico ¿ruso? efectúa en unas páginas engañosamente simples y cargadas de electrizante personalidad— no tendremos más remedio que colocar al volumen publicado por Norma entre lo mejor que llevamos leído en este 2019. Que así sea.

Rosko

  • Autores: Zidrou y Alexeï Kispredilov
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 220 páginas
  • Precio: 28,45 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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