‘Rigor mortis’, cuando la burrada es IMPRESCINDIBLE

En cierta época en la que compraba de forma asidua ‘El Jueves’, su ‘Martínez, el facha’ era, como el resto del semanario, lectura impenitente. Pero aunque no lo evitaba, nunca supe apreciar en su total dimensión lo que el citado personaje de Kim disertaba a placer, de la mano de un humor muy cínico y cáustico, acerca de esta España bipartidista de rojos y azules en la que nos ha tocado vivir. Ese mismo humor, elevado a la enésima potencia en virtud de su colaboración con Oriol Jardí es el que podemos encontrar ahora en ‘Rigor Mortis’, un volumen en el que Dibbuks recopila las páginas aparecidas en la misma vetusta revista y en la que los autores, mordaces como ellos solos, se las ingenian para arremeter a bocajarro contra todo lo que se les pone por delante con una categoría y un peso que ya quisieran muchos humoristas gráficos.

Pero, claro está, las páginas de ‘Rigor Mortis’ parten con una ventaja que supera con mucho a lo que estamos acostumbrados a encontrar en una tira de humor al uso, y eso es el minucioso tratamiento con el que Kim aborda la creación de cada una de ellas a partir, suponemos, de una idea general imaginada por Jardí: el muy reconocible estilo del dibujante de ‘El arte de volar’, encuentra aquí nuevos modos que explorar, explayándose en mimar hasta el último detalle en unas composiciones que no tienen desperdicio alguno. De hecho, sólo hay que atender a la portada para apercibirse de lo mucho que se vuelca el barcelonés en plagar sus planchas de mil y un detalles que, imperceptibles a simple vista, comienzan a sorprendernos si tenemos a bien pasar en cada una de ellas algo más que el tiempo que se tarda en leer el bocadillo o texto de apoyo de rigor —si es que lo hay— y soltar la obligada carcajada.

Una carcajada cargada de contenido que no sólo se espeta ante el perfecto funcionamiento de la pátina más superficial de humor que poseen todas y cada una de las páginas, sino que sirve de fidedigno reflejo del estupor, la hostia de realidad y la carga de profundidad social con la que Jardí y Kim dan trasfondo y mensaje a sus «viñetas». Y es que ‘Rigor Mortis’ hace, a golpe único y marcial, lo que el humor siempre ha conseguido en su más válida versión: criticar con descaro y sin rubor a todo estamento que le moleste, a toda sinrazón humana que se le ponga a tiro y a toda barbarie que deba ser amonestada. En unos días —cuando escribo estas líneas— en que la más aguda faceta de nuestro ingenio vuelve a ser puesta en tela de juicio por las estrechez de parietales —buscad en Google «editorial cartoons New York Times» y sabréis de qué estoy hablando—, nada más necesario que asomarse a las páginas que nos ofrece Dibbuks para refrendar con nuestras risotadas que no hay forma más eficaz forma para acabar con la estupidez de nuestra especie que haciendo que ésta se vea obligada a mirarse, tal y como es, en el espejo de la crítica humorística gráfica. Y si viene firmada por un trazo de la altura del de Kim, MEJOR.

Rigor mortis

  • Autores: Oriol Jardí y Kim
  • Editorial: Dibbuks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 104 páginas
  • Precio: 18 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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