‘Pyongyang’, de Guy Delisle

Pyongyang

Qué poco sabemos de ese país llamado Corea del Norte, probablemente una de las cuatro o cinco peores naciones para vivir, donde las pruebas nucleares y el gasto militar es mucho más importante que la calidad de vida o los derechos de sus ciudadanos. A día de hoy Corea del Norte es el principal enemigo de la administración Bush y una vergüenza del comunismo. Un régimen tan bizarro como mezquino, donde el implacable totalitarismo socialista nubla toda esperanza o futuro. Por culpa de un gobierno totalmente enfocado a lavar cerebros, poco sabemos realmente de este país, y resulta alucinante que, dejando aparte algunos atrevidos documentales de la BBC, National Geographic o la cadena española Cuatro, el mejor documento que existe sobre este país sea un cómic.

Pyongyang‘ es un cómic de tono minimalista dibujado y guionizado por el técnico de animación canadiense Guy Delisle (1966- ), y junto con ‘Shenzhen’, que hablaba de la lenta evolución socioeconómica en un rincón de China, representan un imperdible tratado sobre la vida actual del lugar retratado. En este caso, Corea del Norte.

Por derecho, puedo decir que ‘Pyongyang’ es el cómic más brillante y completo que he leído en los últimos años. A lo largo de 168 páginas que presumen de una densidad de contenido envidiable, este libro no juega en ningún momento con esa progresiva ambigüedad entre el cómic y la novela gráfica. ‘Pyongyang’, a juzgar por su perspectiva humorística y su trazado imperfecto, es más un cómic que ese nuevo concepto de novela gráfica. Con todo, su guión es perfecto a la vez que repleto de virtudes narrativas.

Su marcado acento francés se hace evidente con un dibujo de personajes y escenarios sencillo, próximo al de Hergé o Uderzo, aunque con menos talento. La escala de grises de la obra, que la dota de un carácter sombrío, resulta muy oportuno para expresar la vaciedad que destila la atmósfera durante todo el libro.

Pyongyang

La obra, autobiográfica, trata sobre la estancia de un dibujante francés (el propio autor) en Pyongyang, capital de Corea del Norte, para la colaboración con los principales (y únicos) estudios de animación del país. Los comentarios del protagonista, todo un narrador-personaje, son de una valía impresionante como información social y geográfica. Las dosis de humor en lo narrativo, y el simbolismo omnipresente en el aspecto gráfico, junto con el aspecto entrañable del protagonista, sobresalen dentro de un relato en el que la rutina, la opresión, el surrealismo y el absurdo son lo más común en la cotidianeidad de lo que el protagonista ve y vive en Corea del Norte.

No en vano, son numerosas las referencias y similitudes a ‘1984’, de George Orwell, libro que precisamente se lleva el protagonista en su viaje. Son tantas las anécdotas y ocurrencias explicativas de Delisle a la hora de abordar las características de un país tan desconocido como Corea del Norte, que el lector tiene que empatizar con el protagonista. Así, se describe al monarca Kim Jong-Il como un dios, se insiste, la nula relación de los escasos extranjeros con los habitantes locales y la imposible máscara propuesta al exterior, y la estandarizada forma de pensar de los norcoreanos, tan sumidos en la desesperanza y la ausencia de futuro.

Imprescindible. Su mayor defecto potencial es que puede, por su condición de cómic, no tomarse en serio. En este mismo sentido, ‘Pyongyang’ no cae en el didactismo que sería la tentación de cualquier obra de este tipo, sino que más bien actúa como crónica ácida y activa de algo muy serio, y por desgracia, real.

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