‘Paul va de pesca’: Rabagliati perfeccionandose a sí mismo en otras vacaciones inolvidables

Paul va de pesca

A Paul, y por extensión, a Michel Rabagliati algunos, unos cuantos por aquí, le conocimos hace unos años cuando la editorial Fulgencio Pimentel editó Paul va a trabajar este verano, comic semi-autobiográfico teñido del mito del verano eterno del pop, de los primeros amores adolescentes y de crecer y querer hacerlo, pero a la vez sentir que es obligación más que deseo. Fue una revelación de la que luego pudimos disfrutar, en la misma editorial, de ‘Paul en el campo’.

Recientemente, Astiberri ha editado ‘Paul va de pesca’, como también lanzó anteriormente la inferior ‘Paul se Muda’. Y tener a Rabagliati de vuelta siempre es una buena noticia, porque pocos como él saben encontrar el punto medio entre autobiografía y ficción, entre intimismo sentimental y humor, entre lo importante y lo accesorio (que quizás, en el fondo, es lo realmente importante).

‘Paul va de pesca’: una mirada a muchas sensaciones

Paul va de pesca

‘Paul va de pesca’ enseña a un Rabagliati que ha aprendido a dominar de maravilla los apartes, las disgresiones, la narración fluida pese a estar siempre entrecortada por pequeñas anécdotas e historias. En este cómic, cada salto narrativo fuera del eje central de la historia (unas simples vacaciones de pesca junto al lago) es para agrandar la profundidad y la belleza de lo que se cuenta: lo mismo si es un relato de la fiebre de los diseñadores por Apple, una mirada al lado oscuro de la industria globalizada o un breve paseo por la vida de una asistente social.

Rabagliati elige bien lo que cuenta y dónde lo cuenta, sin que en ningún momento parezca forzado y sin que rompa el hilo de un Paul que va de pesca con su novia y su familia política y descubrirá que hay cosas que no le gustan y nunca le van a gustar y otras que, aunque le gusten, no le será fácil conseguir.

La paternidad, la lucha contra el egoismo en la pareja, el renunciar a unos sueños y contentarse con unas simples vacaciones… Paul no sólo está más vivo que nunca aquí, sino que quienes le rodean forman un cuadro maravilloso de esos que, cuando cierras las páginas, siguen viviendo y ayudándote a entender mejor lo que nos rodea.

La línea clara y el tono calmado

Paul va de pesca

A Rabagliati nunca le han gustado los aspavientos en sus historias, subir el tono, vestirlas con ropajes que no son los suyos. El trazo con el que dibuja sigue siendo clásico, siempre cercano a la línea clara, y como todo lo que hace, tanto en el guión como en el dibujo, tremendamente efectivo. De hecho, resulta extraño ver a Paul enfurecido en algún que otro pasaje del cómic, como cuando descubre la mentira de la caza moderna: se eleva el tono de un personaje que, la mayoría de las veces, parece tan sabio y calmado como el ritmo de la narración.

Los secundarios, con Monique y su marido Clement como ejemplo fundamental, se convierten de nuevo en parte indispensable de una historia que, paradójicamente, vuelve a enseñarnos más de nuestras vidas (de las que tenemos, de las que podríamos tener) que de la de Paul.

Sitio oficial | Astiberri
En Zona Fandom | ‘Paul va a trabajar este verano’, de Michel Rabagliati

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Roberto Jimenez @fancueva

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