‘Paul va a trabajar este verano’, de Michel Rabagliati

Paul

Hace un tiempo leí ‘Blankets’, novela gráfica de Craig Thompson y la puse por las nubes. Supe de la existencia de ‘Blankets’ casi a la vez que ‘Paul va a trabajar este verano’, de Michel Rabagliati, y ha sido ahora cuando por fin puedo decir que he leído ambas. No sólo las he leído, sino que las he disfrutado enormemente. He entrado en su juego. He analizado la adolescencia de sus protagonistas y las historias han accedido a la mía propia, un proceso de rebote emocional, una carambola por la que nos podemos sentir identificados con el más mínimo detalle, con la minucia más insignificante, con lo más irrelevante.

‘Paul va a trabajar este verano’ cuenta la historia de un chaval de Montreal insatisfecho, ensimismado y confuso que en plena crisis existencial recibe la llamada de un amigo suyo, que le ofrece un trabajo en un campamento de verano. Enseguida nos ponemos en la piel de Paul, porque acepta ir al campamento sin tener ni idea de lo que le espera. Sólo sabe que quiere cambiar su vida. De hecho, quiere saber lo que quiere, valga la redundancia. Y dos meses fuera del entorno familiar, sin tener que sentirse abrumado por el apoyo incondicional de sus padres, sin enfrentarse airadamente a sus frustraciones académicas, le van a cambiar de forma irreversible.


Este libro representa un torbellino de sensaciones. Llega a lo más hondo y es consciente de ello.
Representar a un adolescente acomplejado e infeliz en un cúmulo de situaciones nuevas e inesperadas, es poco menos que un caramelo a la hora de dibujar una historia que se sostiene por sí sola, y que garantiza una riqueza argumental que desafía cualquier barrera. Porque ‘Paul va a trabajar este verano’ se divide en actos claramente diferenciados. Él, junto al resto de monitores, se queda dos meses. Los “acampados”, es decir, los niños, una semana o dos. Por tanto, con cada grupo nuevo de niños, Paul aprende cosas nuevas. Se mete dentro de su interior con facetas de su personalidad que no conocía.

Y se enamora.

Annie es otra monitora que le llama la atención desde el principio. Emerge como la protagonista de ese ambiente desinhibido que se respira entre los monitores del campamento. Es la guapa o la más sexy (o las dos cosas), y al principio hace lo imposible por captar su interés. Lo que al principio es un caso de “buitreo”, se convierte en un coqueteo mutuo y que rechaza, con acierto, la cursilería más facilona.

El principal defecto que le veo es el dibujo
. Con cierta tendencia al trazo limpio del cómic europeo, su minimalismo ciertamente se inclina hacia lo feísta, y sólo en la descripción de paisajes, Rabagliati se implica más en ofrecer una visualización adecuada a la profundidad de lo que se cuenta. Recurre con excesividad al dibujo caricaturesco, y a la abundancia de rasgos identificativos para que podamos distinguir a unos personajes de otros, y por lo general choca.

Es más difícil de lo que parece comparar a ‘Paul va a trabajar este verano’ con ‘Blankets’, pero diría que esta obra es más honesta y creíble, pero menos poética y, como ya he indicado, peor dibujada.

En el escenario que se propone, Paul va a un campamento católico, reflexiona acerca de su infancia (los niños que acampan suelen tener una infancia difícil) y de lo mucho y bien que le han cuidado sus padres, disfruta de los paisajes que le brinda la bella Canadá. Pero la historia se hace universal. Y para un servidor, que ha sido monitor de campamentos, es una obra maestra, un cómic imprescindible que me ayuda a comprenderme a mí mismo, a lo que fui y a lo que soy hoy.

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