‘No lo abras jamás’, entrañable y «Ghibliana»

Supongo que nadie que se haya acercado alguna vez a un tebeo de Ken Niimura, habrá leído el titular de esta entrada y habrá creído lo que éste parece inducir: que en su nueva obra, que abraza sin reparos la temática japonesa que hasta ahora había formado parte inherente a la forma de entender la narrativa del autor hispano-nipón, se ha producido una mutación de estilo tal, que lo que podemos encontrar es un claro homenaje a lo que Hayao Miyazaki habría hecho con estas ideas de haber sido dibujadas por su portentosa mano. No van los tiros por ahí, no. Antes bien, el tachar de «Ghibliana» a ‘No lo abras jamás‘ lo que hacemos es apuntar a cómo Niimura hunde sus fundamentos, no en la forma y cómo se nos cuentan cualquiera de las tres historias que conforman este portentoso volumen publicado por Astiberri, sino en el fondo y qué se nos cuenta en una terna que, al aproximar postulados a la manera de entender la mitología del mundo japonés, acerca posturas a los mejores títulos que salieron de esa factoría de hacer magia en fotogramas animados que fue el estudio responsable de dar vida a Nausicaa, Mononoke, Chihiro o cierto cerdo volador.

Con instantes que traen a la memoria a cualquiera de las cintas protagonizadas por las tres heroínas citadas arriba, lo muy entrañable, el mucho corazón y la enorme poesía que dimanan de ‘No lo abras jamás’, ‘Nada’ y ‘La promesa’, traen también a nuestros recuerdos a ‘El cuento de la princesa Kaguya‘, una de las obras «menores» de Ghibli que, dirigida por Isao Takahata, es una pequeña pieza de una orfebrería similar a la que engarza Niimura en estas páginas. Unas páginas que se dividen entre lo fantástico y ensoñador del relato que abre fuego y que da título al libro; lo cómico, simpático y puente que es ese ‘Nada’, un pequeño ejercicio cargado, eso sí, de lecciones y, de nuevo, la fantasía que entronca sus cimientos en la idiosincrasia japonesa y que, reminiscente de cuentos de siempre, se antoja como una suerte de versión de ‘El lago de los cisnes’ pasada por el tamiz del país del sol naciente —sin que la relación con el relato que sirvió de base a la magistral composición de Tchaikovsky, sirva más que como marco referencial para dar una idea de por dónde van los tiros.

Porque, al igual que pasa con la trágica historia del cisne que se transforma en mujer, todo lo que el lector tiende a rescatar de su acervo conforme va pasando las páginas de ‘No lo abras jamás’ se queda siempre en «uy, esto me recuerda a…» y nunca pasa de ahí, dejando claro Niimura de manera muy categórica que se queda a muchas millas de trasvasar la frontera entre la inspiración y la burda copia. Y ahí es donde reside una de las mayores fortalezas del trabajo del autor, en lograr captar el «zeitgeist» —lo sé, sé que el término está muy mal apropiado, pero creo que insinúa de manera muy precisa lo que quiero decir— de una forma de entender las historias y los personajes que vienen directamente desde el lejano oriente.

Una historia y unos personajes que, huelga decir, vienen descritos desde el punto de vista gráfico con el habitual dinamismo y soltura que siempre le hemos conocido a Niimura, ya en ‘I Kill Giants‘, ya en ese dechado de constante simpatía, ingenio y desparpajo que fue ‘Umami‘, un tebeo que aunque ya hemos leído de cabo a rabo, tenemos muchísimas ganas de poder almacenar en nuestra tebeoteca en una edición en papel que ya se está haciendo mucho «de rogar»: heredando el saber hacer del manga sin nunca haber importado sus peores cualidades —y me refiero, cómo no, a el obscurecimiento narrativo y la reiteración— el artista deja claro que pocos nombres como él han sabido maridar tan bien la fusión de culturas que se dan cita en su cuna.

No lo abrás jamás

  • Autores: Ken Niimura
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 408 páginas
  • Precio:20 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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