‘Murder Falcon’, con corazón…con mucho CORAZÓN

Cuán nefastos son los prejuicios.

Práctica que supongo será denominador común para muchos de los que estáis leyendo esto, el descubrir a un autor a través de una obra en concreto y después rastrear el resto de su tebeografía pasada es algo que servidor lleva haciendo desde que empezó a coleccionar tebeos hace ya casi tres décadas y que, por supuesto, sigue haciendo hoy quizá con más intensidad dado el mayor poder adquisitivo que mi yo de hoy tiene respecto de mi yo adolescente —vamos, sin ir más lejos, poco antes de escribir estas líneas cerraba un pedido en Amazon con varios volúmenes firmados por Donny Cates, el guionista de esa maravilla que fue ‘God Country‘—. Y, claro, cuando uno se topa de frente con cosas de una calado tan sobrenatural como el que encontramos en ‘Extremity‘, es normal que, llevado por ese espíritu de descubrimiento y arqueología tebeística, se dispusiera a encontrar lo que estuviera a mano de Daniel Warren Johnson, autor completo de la epopeya de ciencia-ficción post-apocalíptica que tanto nos alucinó hace tres años.

Movido por dicho impulso, dos fueron las adquisiciones casi inmediatas que servidor llevó a cabo tras la lectura de la serie de Image: ‘Space-Mullet‘, una simpatiquísima cabecera de ciencia-ficción y ‘The Ghost Fleet‘, brutal relato de venganzas, demonios y apocalipsis que Johnson dibujaba bajo las órdenes de Donny Cates —sí, el mismo Cates que antes, todo está relacionado—. Bajo ese mismo espíritu de curiosidad, cuando ‘Murder Falcon‘ apareció en el mercado USA, resultó paradójico que no sólo no captara mi atención como si lo habían hecho los dos citados, sino que, después de haber leído su primer número en el momento de su salida original allá por mediados de 2018—llevo mucho tiempo ejerciendo la buena costumbre de dar cuenta de todo ejemplar inicial de una nueva colección Image— no pasara la criba que en aquél momento determinaran mis estándares. Y todo debido a unos prejuicios que nada tenían que ver con el autor —cosa que a tenor de las otras lecturas habría sido descabellado— sino con una tontería capital: el que la serie girara en torno al heavy metal, un género musical que jamás he sabido apreciar y que se encuentra en las antípodas de mis filias sonoras.

Rechazado y olvidado hasta cierto modo por la vorágine mensual de lecturas de uno y otro lado del océano que suelo consumir, de no haber sido por la providencial edición de Planeta Cómic, es muy probable que me hubiera perdido una lectura que mezcla molonería, épica, acción a raudales y CORAZÓN en un proceso de alquimia tal que, cuidado, no os extrañe verter alguna que otra lagrimita cuando terminéis de dar cuenta de sus poco más de 230 páginas: y es que el cóctel que aquí prepara Warren Johnson, al margen de guardar no pocas concomitancias, como ahora pasaremos a ver, con su inmediata predecesora y su más inmediata sucesora, es de esos en el que todo está dispuesto para llevarte a bordo de una montaña rusa de vibrantes e inigualables emociones de la mano de sus dos protagonistas principales y sus varios inolvidables secundarios.

‘Murder Falcon’ es la historia de Jake, un guitarrista de metal que, después de una tragedia personal que destrozó su vida, ve cómo los restos de ésta se van descomponiendo poco a poco. Eso, hasta que en ella entre Murder Falcon, una criatura de otro mundo que ha venido al nuestro a luchar contra los monstruos que pretenden acabar con la vida tal y como la conocemos y que, para hacerlo, necesita de los rasgueos de guitarra del protagonista. Tan aparentemente demencial premisa de partida —ya os adelanto que la sensación de demencial dura un muy reducido puñado de páginas si uno abraza las reglas del juego— da paso a un tebeo en el que Warren, como ya hiciera en ‘Extremity’, lo da todo en el diseño de criaturas y en una narrativa dinámica en grado sumo: su personal trazo, más que reconocible a poco que os hayáis acercado en algún momento a una historia suya, explota con toda su furia en unas planchas que, sin duda, apreciarán mucho más aquellos amantes del metal por la cantidad de referencias a canciones míticas del género que aquéllas incluyen pero que, seguidores o no de dicho tipo de música, contagian igualmente una carga de energía brutal.

En ello tiene mucho que ver una construcción de personajes —sobre todo los humanos, Murder Falcon no deja de ser una suerte de guerrero que se expresa a través de frases lapidarias cuanto más molonas, mejor— que nos conquistan en muy pocos compases por su tridimensionalidad y exacerbado carisma. Y ya no me refiero sólo a un Jake con el que es muy sencillo empatizar, sino a los componentes de su banda o a su mujer, «intérpretes» todos de una odisea trufada de principio a fin con ideas de una personalidad arrebatadora que, insisto, previa aceptación de las reglas del juego, no arroja duda acerca de estar ante uno de los autores con una voz más privilegiada en la escena del cómic yanqui.

Buena prueba de ello han sido los cuatro volúmenes con los que Warren Johnson ha entrado por la puerta grande en DC. Nos referimos, cómo no, a ‘Wonder Woman: Dead Earth‘, un relato en el que, como decíamos antes, el autor insiste en escenarios apocalípticos, criaturas imposibles y esperanzas en la forma de héroes inesperados y que, a juicio de este redactor, se ha puesto a la cabeza de las muchas y muy grandiosas propuestas que, hasta la fecha, nos ha traído el Black Label de DC. Una afirmación nada baladí considerando que, entre sus filas, figuran títulos como las dos miniseries de Batman de Sean Murphy, el Question de Lemire y Cowan o ese contundente y magistral golpe encima de la mesa que han dado Geoff Johns y Jason Fabok con ‘Los tres Jokers‘. Ahí es nada.

Murder Falcon

  • Autores: Daniel Warren Johnson y Mike Spicer
  • Editorial: Planeta Cómic
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 232 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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