‘Momo’, entrañable hasta decir basta

Por mucho que venga aludido en la contraportada del propio volumen y que pueda parecer una obviedad tremenda arrancar esta reseña haciéndonos eco de dicho comentario, no hay muchas opciones de hablar de ‘Momo’ y separarse de su máxima influencia si, para colmo, como es el caso, el que sobre ella tiene que escribir es un seguidor irredento del mundo Ghibli desde que, hace ya casi treinta años, se cruzara en su camino por casualidad ‘Porco Rosso‘: aunque aún no he logrado que mi hija de casi nueve años vea la grandeza que su padre siempre ha sabido valorar de las producciones de Hayao Miyazaki y sus colaboradores —el último intento, con la maravillosa ‘El castillo en el cielo‘, se saldó con caras de aburrimiento y un acuerdo tácito entre ambos de no volver a intentar embaucarla hasta que haya pasado cierto tiempo—, cada vez que en los últimos tiempos me he sentado a revisar cualquiera de las maravillas que salieron de la factoría nipona, no he podido evitar lamentar que la compañía decidiera echar el cierre. Ojo, lo comprendo dada la idiosincrasia del mercado cinematográfico actual, pero no puedo sino entristecerme al pensar que tan determinante influencia en mis filias cinéfilas no vaya a aumentar su legado —aunque parece que sí lo hará con una nueva cinta dirigida por el maestro, pero me lo creeré cuando lo vea…

Mientras tanto, es un auténtico gustazo que autores europeos, tan supuestamente ajenos a las claves que hacen del cine de Miyazaki un hecho tan especial y único, hayan conseguido capturar de principio a fin la esencia misma de lo que lo hace tan particular, plasmando con un guión y unas páginas asombrosas un proyecto que, de así quererlo, podría pasar perfectamente como un tebeo firmado por el artista japonés sin que, al mismo tiempo, se pierda en esa clara voluntad de homenaje —porque, entre otras cosas, creo que es evidente que ‘Momo’ es eso, un sentido homenaje al maestro— y la personalidad europea del conjunto quede diluida. Y ahí radica, creo, la mayor fortaleza de una lectura que llega rauda y directa a nuestros corazones, el saber navegar con certeza sobre un mar ambivalente e ir tendiendo puentes entre los dos mundos que en él convergen: leer ‘Momo’ es percatarse en cada momento de la pretensión de recrear el universo Miyazaki y la entrañable idiosincrasia de Ponyo —acaso la más directa influencia sobre el diseño de nuestra pequeña protagonista— al tiempo que, discurriendo a la par, uno encuentra claras señas de la personalidad de las viñetas y la forma de contar historias del viejo mundo.

Capaz de acongojar casi sin proponérselo, las emociones que maneja ‘Momo’, la manera en que, con muy pocas viñetas, sentimos a la pequeñaja como parte nuestra —algo que está bonificado si, encima, eres padre de una hija con un desparpajo similar a la de la protagonista— y lo que llegamos a empatizar con sus avatares sin poder hacer nada por evitarlo habla volúmenes de la grandeza del trabajo de Jonathan Garnier y Rony Hotin, tanto de la honestidad y cuidada carga emocional que impregna la labor del guionista como la maravilla que, a todos los niveles, es lo que compete al dibujante, con especial mención a un uso del color sereno que, apoyado en una paleta de tonos básicos planos, es una ayuda más para derribar barreras, destruir prejuicios, dejar atrás filias y servir de vehículo para que ‘Momo’ y su entorno echen raíces en nuestros recuerdos y se hagan un merecido huequecito en nuestro corazón lector.

Momo

  • Autores: Jonathan Garnier y Rony Hotin
  • Editorial: Norma Editorial
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 180 páginas
  • Precio: 23,70 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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3 Comentarios

  1. Yo tampoco le veo la gracia a Ghibli. He visto Totoro, Ponyo y Mononoke y todas me han decepcionado. Los dibujos son preciosos pero las historias me parecen entre aburridas y malas.

    Sin embargo, la serie animada de Sherlock Holmes, en la que tuvieron mucho que ver los jefazos de Ghibli, me parece una de las mejores series de la historia.

    • Uyloquehadisho… XD

      Bueno, como todo, es cuestión de gustos: a mí las historias de Miyazaki me encantan y encima vienen contadas de mano de una sensibilidad artística sin par.

      Coincido en la apreciación de ‘Sherlock Holmes’. De hecho, coincido tanto que me parece que voy a aprovechar este confinamiento para volver a verla 😛

      • Bah! Eso es para críos. Yo la veo con mis hijos, pero solo para explicarles las cosas que no entienden 😉

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