Mingote y Mordillo, mucho arte para tan poco papel

Antes que nada, permitidme una pequeña aclaración acerca del titular de esta entrada: aunque pudiera parecer que su intención es peyorativa para con el número de páginas de cualquiera de los dos volúmenes que hoy ocupan nuestro tiempo, nada más lejos de mi intención que ese «mucho arte para tan poco papel» sirva como arremetida contra las ochenta planchas que adornan tanto ‘El arte de Mingote’ como ‘El arte de Mordillo’. Interpretadlo pues, no como una apreciación negativa, sino como un burdo intento de resultar ingenioso y dejar claro que, ya podrían ser el doble, el triple o el cuádruple, ningún número podría hacer justicia al legado de estos dos titanes del humor gráfico que son Antonio Mingote y Guillermo Mordillo.

Figuras universales donde las haya, haber visto alguno —o más bien muchos— de los dibujos de cualquiera de los dos dibujantes resulta de todo punto inevitable ya seas lector esporádico como ávido devorador de libros: es tanto, tan variado y de tan largo alcance lo conforma las trayectorias del español y el argentino, y son tan diversos los medios en los que sus ideas han llegado a aparecer, que bien cabría afirmar que para dejarse fascinar por cualquiera de ellos no es para nada necesario ser amante del noveno arte. Antes bien, diría incluso que tanto uno como el otro resultan perfecta antesala con la que empezar a formarse en la esencia de la narrativa secuencial que Mingote y Mordillo, Mordillo y Mingote, destilan con una sola ilustración o con un puñado muy reducido de ellas, las que le sirven para construir un gag.

Maestros en lo que a éstos se refieren, los estilos de uno y otro no podrían ser más contrapuestos. Si del desaparecido español hubiéramos de hablar, serían términos como rapidez y angulosidad los primeros que vendrían prestos a la imaginación al rememorar la facilidad con la que el catalán era capaz de definir cualquier cosa que se le pusiera por delante con un «par de trazos mal contados». Esa capacidad, unida a un ingenio desbordante, mordaz, sarcástico, cáustico y siempre locuaz, fue la que le llevó, no sólo a ser una de las figuras más emblemáticas del humor gráfico de los siglos XX y XXI, sino a inmiscuirse en otros terrenos de creación artística como el cine o el teatro, a ocupar una merecida silla en la Real Academia de la Lengua Española —sentándose en la «r»— e, incluso, a obtener título nobiliario cuando la muerte le aguardaba a escasos meses. Vamos, que queda muy lejos de alzarse como una exageración el afirmar que, sin Mingote, el humor español no habría sido, ni de lejos, lo que es.

Otro tanto se podría afirmar de ese bonaerense ciudadano del mundo que es Guillermo Mordillo. Un hombre que, si uno da cuenta de la introducción que él mismo hace de su vida en el volumen que lleva su nombre, dio muchos tumbos en lo profesional y lo geográfico antes de terminar dedicándose a aquello por lo que es ¿mundialmente? (re)conocido. Porque, seamos francos, ¿quién no se ha cruzado alguna vez en algún medio impreso con uno de los níveos y narizones personajes que son marca de la casa del dibujante sudamericano?. Y, de haberlo hecho, ¿quién podría discutirme que la manera en la que Mordillo aúna muchos de los mismos valores que antes hemos citado sobre Mingote, uniéndoles una nada desdeñable carga de melancolía, no lo convierten, asimismo, en una figura inexcusable del humor gráfico de los dos últimos siglos —el pasado y el presente?

Volviendo a la sucinta reflexión con la que daba inicio a estas líneas, es muy evidente paseando la mirada por las páginas de los dos exquisitos volúmenes publicados por Panini —gran formato en cartoné con papel de alto gramaje y un cuidado sumo en las reproducciones de cada ilustración— que, si bien exhaustiva, muy completa y con la firme intención de no dejarse fuera ninguno de los trabajos más conocidos de cualquiera de los dos artistas, las ochenta páginas que componen cada álbum sirven sólo de aperitivo para abrir boca a los lectores que, como este redactor, quisieran muchísimas más con las que dejarse deleitar por el arte de estos dos mastodontes.

Aún así, aún dejando con ganas de muchísimo más, el amplísimo abánico de uno y otro que podemos encontrar en esta gran idea de los chicos de Evolution Comics abre la puerta al deseo personal de que sean sendos libros los primeros de muchos que, a la manera de los que en su momento publicó Toutain bajo el título de ‘Cuando el cómic es arte’, sirvan para rescatar a esa inmensa cantidad de figuras del noveno arte español que, por una razón o por otra, tan desconocidas son para aquellos aficionados que nunca han mirado más allá de los tipos enfundados en mallas llegados desde más allá del océano.

El arte de Mingote

  • Autores: Mingote
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 80 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

El arte de Mordillo

  • Autores: Mordillo
  • Editorial: Panini/li>
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 80 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

Etiquetas

Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

Compartir este Artículo en

Deja un Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.