‘Max Winson 2. El intercambio’, sobresaliente conclusión

Max Winson 2

Cuando allá por el mes de mayo hablamos del primer volumen de ‘Max Winson’, lo que el texto terminó reflejando sólo recogió en parte las sensaciones que la lectura de la obra firmada por Jérémie Moreau había impreso en éste redactor. Y si lo hice así, guardándome de forma completamente consciente el calificativo con el que me tendría que haber referido a ella, era porque quería ser cauto y aguardar a la salida de ésta segunda y última entrega para, o bien declamar a placer lo asombroso de lo que el joven artista ha logrado con esta historia sobre el éxito, la fama, el poder de los medios de comunicación y la necesidad de encontrarse a uno mismo dentro del constante ruido que nos rodea; o bien afirmar apenado que la ilusión arrojada por las páginas de ‘La tiranía’ había sido un espejismo no confirmado por las que componen ‘El intercambio’. Afortunadamente —y seamos francos, como era de esperar— Moreau no decepciona, y a lo que aquí podemos acercarnos es a un segundo acto que, simplificando el gran aparato narrativo de su predecesora, encuentra lugar para llegar con mayor precisión y aún más fuerza al corazón del lector.

Ajeno a ello no es ni el personaje de Max Winson, ese adolescente que nunca ha perdido un partido de tenis y sobre el que pesan las terribles consecuencias de la victoria con la que se cerraban las páginas del volumen previo, ni esa asombrosa adición que es Pedro, un chaval que adora el deporte y que supondrá el perfecto reflejo del personaje que da título al cómic hasta un extremo tal que sirve para exponer de forma descarnada el terrible precio que muchas jóvenes estrellas deben pagar para poder alcanzar su estatus. De hecho, el giro que Moreau termina de dar aquí a su protagonista, para situarlo en el extremo opuesto a aquél en el que nos lo presentó en la primera entrega y así poder colocarlo frente a ese pervertido reflejo suyo que es el pupilo convertido en terrible adversario es el que consigue, sumado a otros valores que me guardo para que seáis vosotros los que los descubráis, que la lectura de ‘El intercambio’ sea, a nivel de guión, todo un prodigio.

Aunque si de prodigio hay que hablar referido a ‘Max Winson’, el guión —por muy espléndido que pueda ser— se queda a bastante distancia de rayar en las cotas que alcanza el talento gráfico que Moreau despliega aquí. De personalidad suelta y aparantemente desgarbada, el dominio del tempo narrativo que el joven artista demuestra en las planchas de éste segundo volumen queda perfectamente expuesto tanto en el núcleo central de la historia como en ese clímax en el que, a modo de duelo, se resuelve de forma poética toda la trama. Sometiendo en ambos casos el cómo se plasma el devenir de la acción al qué nos cuenta ésta, la faceta de dibujante del autor sorprende con recursos de una solidez incuestionable que parecen luchar por doblegar una fuerza indominable; hay control sí, pero bajo él parece subyacer una energía ilimitada que explota con toda su potencia en la asombrosa cinética de unas planchas espectaculares. Huelga decir que, a la luz de todo lo anterior, lo que podríamos augurarle a Jérémie Moreau es, como poco, brillante. Que así sea y que nosotros podamos informaros sobre ello.

Scandalo!

  • Autores: Jérémie Moreau
  • Editorial: Dib-buks
  • Encuadernación: Rústica con solapas
  • Páginas: 168 páginas
  • Precio: 14,25 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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