‘Matadero cinco’, nuevo ochomil para Monteys

Dos lecturas y, sorprendentemente, resultados bastante dispares entre la primera y la segunda.

Nada más saber que Archaia Press publicaba la adaptación de ‘Matadero cinco‘, la expectación personal ante lo nuevo de Albert Monteys se traducía en el inmediato pre-pedido por Amazon del volumen U.S.A y en dar cuenta de una sentada del cómic una vez obró en mis manos allá por mediados de octubre. Y aunque no sea de los que crea que la anticipación ante tal o cual proyecto siempre juega malas pasadas a la apreciación última del mismo,

Si de la adaptación/guión había que hablar, y como ha pasado otras veces, había que hacerlo sin el referente de la novela original en mi acerbo —perdida en mi memoria quedaba la única vez que había visto la cinta que servía a George Roy Hill para trasladar a la gran pantalla el texto de Kurt Vonnegut— lo ecléctico del discurrir de la vida de Billy Pilgrim y el desigual interés en unos momentos u otros de la misma se veía acrecentado por cierta confusión derivada, como comprobaré más tarde, por el total desconocimiento de cómo se articulaba tan curioso experimento narrativo por parte del literato estadounidense.

Si de Monteys había que departir, ahí no quedaba duda desde la primera hasta la puñetera última página: el catalán encumbraba, como apuntamos en el titular, un nuevo hito de su carrera, un nuevo «ochomil» que sumar a la INMENSIDAD de ‘¡Universo!‘ y a lo soberbio de ‘Solid State‘ —del que no llegamos a hablar por aquí en su momento pero os recomendamos encarecidamente— y que, plancha tras plancha, viñeta tras viñeta, nos dejaba atónitos ante la claridad narrativa, la elocuencia en el planteamiento de la página, la variedad de recursos y un trazo que, depurado al máximo, es de esos ante los que no se puede dejar de pestañear de asombro por su calidad.

Con tan desiguales impresiones, ‘Matadero Cinco’ se quedaba, no en tierra de nadie, pero sí engrosando las filas de todas esas lecturas hechas a lo largo del año que «meh». Y ahí hubiera seguido si no fuera porque, ante la edición de Astiberri —por cierto, de mayor tamaño que la estadounidense— resolví darle una segunda oportunidad al cómic, más que nada porque, ¡qué demonios!, quería volver a tener frente a mí a las portentosas páginas de Monteys y porque sabía que, con el conocimiento adquirido de los derroteros por los que se movía la historia, entraba dentro de lo probable apreciarla más. Tan probable que, finalmente, así ha sido.

Huelga decir que esta segunda vuelta con ‘Matadero cinco’ ha servido, en primera instancia, para que lo que ya nos había resultado sobresaliente con respecto a Monteys, haya superado dicha calificación y entrado en la categoría de magistral. De hecho, al no estar preso de la ansiedad que rodeaba a la primera lectura, hemos podido apreciar aún más el enorme trabajo del dibujante y lo mucho que se deja la piel en caracterizaciones de personajes —asombrosa la habilidad del artista en este campo haciendo que todos y cada uno de los protagonistas sean perfectamente reconocibles y no rostros parecidos que se diferencian por el pelo y la ropa— y entornos por los que éstos se mueven, siendo tan realista la América de los años 50 y 60 como el Dresde previo al bombardeo que es eje fundamental de la historia o, en menor escala, el planeta en el que los tralfamadorianos —no preguntéis, tenéis que leerlo—observan a nuestro protagonista en una suerte de zoológico humano de un sólo animal.

Todo el trabajo de Monteys y, como digo, saber los por qué vericuetos tan particulares discurre el singular alegato antibelicista que enhebró Vonnegut, facilita la comprensión de esta historia que es de ciencia-ficción pero no lo es, que es melodrama costumbrista con tintes de comedia sin serlo y que, al mezclar todo eso con tintes bélicos conforma, en su traslación a lenguaje secuencial, uno de los más extraños y fascinantes cómics que nos hemos echado a la cara durante 2020. Bien es cierto que, insistimos, ha sido necesaria una segunda vuelta para captar el absurdo sentido del humor que impregna toda la lectura, la carga de ironía nada soterrada que forma parte principal de su personalidad o el mensaje último que Vonnegut pretendía trasladar al lector. Pero cuando una lectura viene engalanada por un trabajo de artesanía de la calidad supina del que firma Albert Monteys, creedme cuando os digo que dos acercamientos al libro comienzan a sentirse como pocos.

Matadero cinco

  • Autores: Albert Monteys y Ryan North
  • Editorial: Astiberri
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 192 páginas
  • Precio: 18 euros

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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