‘Marvel Héroes: Capitán Britania’, la magia de los ochenta

Si la editorial de la que tienes los derechos de publicación en un país, en este caso hablamos de la dupla Panini-Marvel, tiene en mente digitalizar todo su catálogo, las cosas se ponen bastante más faciles de lo que podrían resultar en un principio. A ver, siempre hay que contar con un equipo que sepa lo que se hace, hacer una planificación con sentido teniéndolo todo perfectamente calculado y escuchar a los aficionados que, al fin y al cabo, son los que se dejarán los euros en la tienda de turno. Panini lleva ya bastante tiempo realizando un trabajo inmejorable, cada mes se amontonan un buen número de novedades interesantes de todo tipo de géneros. Sin embargo, todo ese material de los ochenta (y noventa) parece tener mayor aceptación que el resto o, al menos, se recibe con un entusiasmo especial. Aquel coleccionable que vio la luz hace años ha mutado a un formato con innumerables posibilidades que, de manera incansable, ha ido recuperando tebeos míticos como la “Hulka” de John Byrne, el “Caballero Luna” de Doug Moench o el “Doctor Extraño” de Roger Stern.

Le toca el turno a un personaje de esos que llaman minoritarios pero que, por avatares del destino, cuenta con una etapa altamente interesante, comics que se recogen en este ‘Marvel Héroes: Capitán Britania’, una carta de presentación para Brian Braddock que muchos estábamos deseando ver por aquí. Un origen en el que no falta de nada: sus dos hermanos, Jamie y Betsy, un accidente de laboratorio, un empleo en la Reserva Nuclear de Darkmoor (con ataque incluido del villano conocido como El Atracador) y la aparición estelar de Merlín y su hija Roma. Habrá ofrecimiento por parte de estas dos figuras, La Espada de Poder o El Amuleto de la Verdad, eligiendo este último y convirtiéndose en el Capitán Britania. Hay más aparte de todo esto pero, lo contado hasta aquí, tiene el suficiente interés como para ser uno de los orígenes más molones de cuantos hemos visto en La Casa de las Ideas. Un material que fue publicado originalmente en los años ochenta, casi nada, y que va ganando en profundidad y seriedad a medida que se van sucediendo las aventuras.

Evidentemente, toda esta calidad y variedad de géneros viene firmada por tres autores de los que poco hay que añadir al hablar de su trabajo: Alan Moore, Jamie Delano y Alan Davis. La terna británica de Northampton y de las Midlands firma relatos de todo tipo en los que inspiración y originalidad brillan con gran intensidad. El estilo del guionista de Miracleman y La Cosa del Pantano aporta una densidad marca de la casa, reinventando al personaje como tantas veces ha hecho a lo largo de su carrera. Mitología y multiverso se dan la mano para crear una trama donde el bueno de Brian resulta ser el engranaje de una maquinaria gigantesca. Recogería el testigo su colega Delano que realizaría una labor bastante buena, introduciendo multitud de conceptos que más tarde serían desarrollados en Excalibur, otra maravilla de los ochenta que, supongo, veremos reeditada en un futuro. En la parte gráfica nos encontramos con otro hombre de la casa, un Alan Davis que empezaba a despuntar como el gran dibujante que es actualmente, sus personajes, reconocibles con un primer vistazo, su composición de página, todo evoluciona a pasos gigantescos. Sí, Davis también fue un novato en su día pero incluso en sus primeros pasos ya iba despuntando un poco por encima del resto. Un volumen imprescindible que deja un regusto a clásico que  muy pocas obras consiguen, unos autores implicados y deseosos de hacer un trabajo notorio para ir labrándose un nombre en la industria. Solo hace falta echar un vistazo a sus curriculums para darse cuenta de lo bien que lo hicieron.

[Grade — 9.00]

  • Autores: V.V.A.A.
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 552
  • Precio: 42.00 euros

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Mario de Olivera @fancueva

No sé si el médico que ayudó a mi madre a traerme al mundo me dio un cate en el culo o directamente me arrimó un Spiderman. Lo que sí tengo claro es que desde que tengo uso de razón siempre he tenido un tebeo entre las manos. Por el camino se fueron añadiendo más aficiones que me convierten en un devorador de series, películas y algún que otro libro. Jugador “devezencuandero” a lo que me pongan por delante, siempre y cuando medie el machacamiento de zombies o de ejércitos plagados de magos y orcos, intento estar siempre liado con cualquier actividad lúdico-frikoidal que haga mi existencia sevillana algo más agradable y entretenida. Oh yeah!

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