“Lucy y Andy Neandertal”, la Edad de Piedra a golpe de viñeta

El cómic educativo es un recurso perfecto para despertar intereses en jóvenes lectores. Tras triunfar con “Darth Vader e hijo”, Jeffrey Brown nos atrae a la vida en la dura Edad de Piedra de la mano de “Lucy y Andy Neandertal”.

Brown nos narra con su estilo claro y ameno cómo era la vida diaria de los Neandertales, cómo cazaban, se relacionaban y creaban herramientas, a través de los ojos de los pequeños Lucy y Andy y su clan. Siempre a través de historias divertidas, donde las preocupaciones cotidianas no son muy diferentes de las que ocupan las cabecitas de peques de corta edad: quién se queda al cargo de la cueva cuando hay una partida de caza, o cómo pasar más rato con esa chica que tanto te atrae (pero que pasa de ti porque eres muy pequeño, y porque está pensando en otro más mayor).

El valor de la obra está en que Brown no se ha limitado a narrar historias ambientadas en cavernas, sino que su proceso de documentación se ha trasladado a las viñetas. No sólo vemos a Lucy y Andy tallar herramientas en piedra, sino que una pareja de paleontólogos nos cuenta cómo sabemos que los Neandertales tenían esas habilidades.

Por ejemplo, mientras sonreímos con las discusiones de Lucy y Andy al practicar el tallado de piedras, los paleontólogos nos cuentan cómo son las herramientas que se han encontrado en las excavaciones y lo que hemos podido deducir a partir de ellas, como que recorrían muchos kilómetros para encontrar las mejores piedras y que reaprovechaban la mayor parte de restos de tallado.

Con el humor sencillo, natural y sin estridencias que le caracteriza, Brown ha conseguido aunar divulgación, aventura y diversión en una obra ideal para que peques y no tan peques se acerquen a la paleoantropología.

“Lucy y Andy Neandertal” la publica El Paseo Editorial, en formato rústica con solapas, y sale por menos de 15 euros en Amazon.

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Alkar @bidorto

Vivo en las afueras de Málaga. El tiempo que me deja libre mi trabajo como analista acústico me gusta dedicarlo a la subcultura. No recuerdo cuando empecé a leer cómics pero por casa, en Jerez, siempre hubo tomos de Asterix y grapas de Mortadelo. Lo que realmente me abrió a la cultura alternativa fue una partida de Star Wars d6. Al poco estaba en la reunión inaugural del Club Dragom, en Jerez. Gracias a este grupo montamos varias jornadas y pude probar de todo: MERP, Rolemaster, Ragnarok, Runequest, AD&D, La Llamada de Cthulhu, Cyberpunk, Vampiro, Lobo, Mago, Fanhunter, Shadowrun, Mutantes en la sombra, Magic, Battletech, Mechwarrior, Warhammer… hasta ¡Niños!, El Juego de Rol de los Niños de Goma. En esa época me volví irremediablemente Tolkiendili, y adicto a la literatura épica y fantástica. Poco antes de mudarme a Málaga me presentaron a Pratchett, y comenzó la caza de ejemplares descatalogados en ferias de ocasión. Increíblemente, encontré a una malagueña que, sin ser rolera, comparte muchos de mis gustos y hace chistes sobre la Patrulla X. Aceptó casarse conmigo, aunque no me dejó cortar la tarta con Nársil. “Mola, pero es un muy grande. Quizás un sable de luz…”

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