‘Los viejos hornos 2. Bonny y Pierrot’, nuestros abuelos

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Limitadas y breves son las argumentaciones que podríamos verter aquí y que difirieran de aquellas que lanzamos a principios de año cuando abordamos la primera entrega de ‘Los viejos hornos’, ese álbum al que definíamos en el titular de la reseña correspondiente como un ‘Arrugas’ a la francesa y con el que Wilfrid Lupano conquistaba nuestros corazoncitos verbigracia al candor con el que se nos acercaba a la tierna y cómica historia de unos abueletes entrañables que se revelaban contra su senectud y vivían una serie de aventuras completamente impropias para su avanzada edad. Limitadas y breves, sí, pero no por ello podemos dejar de lado la oportunidad que nos brinda el segundo álbum para volver a insistir en la genialidad que aquí brilla en todas y cada una de las páginas gracias al extraordinario trabajo de Paul Cauuet y, por supuesto, en aquello que concierne a Lupano, de una categoría que supera a lo que leyéramos hace algo menos de un año.

Trasladándonos desde la relativa calma de las “provincias” a la vorágine de la ciudad de la luz —pero sin perder de vista lo que tiene lugar en la campiña, cuidado— la acción de ‘Bonny y Pierrot’ sirve al guionista para continuar abundando en el tumultuoso pasado de unos personajes que, como reza el titular de la entrada, llegado el momento se sienten como si fueran nuestros propios abuelos: la responsabilidad de conseguir tamaña hazaña reside en la sencillez y cercanía con la que Lupano describe a los protagonistas y, cómo no, en que sus vidas discurran por unos senderos tan dicharacheros como los que aquí se muestran, siendo realmente brillante en éste último sentido esa comuna revolucionaria regentada por una anciana de unos noventa años que pretende convertirse en una hacker profesional a su edad. Las risas que de ella y de otros se derivan quedan compensadas, bien por el hondo sentimiento que rodea a Pierrot y a esa búsqueda denodada de un antiguo amor, bien por la carga aleccionadora que el escritor introduce hacia el final de la lectura con un teatro de marionetas de lo más elocuente.

Variada pues hasta decir basta, ‘Los viejos hornos 2. Bonny y Pierrot’ supera como decía a una predecesora que ya nos pareció en su momento una auténtica gozada y, en conjunción con ésta, comienza a configurarse como otra muesca más que añadir a lo sobresaliente que, hasta el momento, hemos podido leerle a Wilfrid Lupano en castellano. Si a ello añadimos el soberbio trabajo de Cauuet, que funciona de manera precisa e infalible a todos los niveles —desde la caracterización y expresividad de los personajes al fantástico color pasando por el mimo con el que cuida los escenarios— resulta muy obvio apuntar a esta cabecera como una de las que, probablemente, cabrá encontrar la semana que viene cuando éstas mismas líneas acometan la selección de lo mejor que ha dejado el cómic europeo en 2016.

Los viejos hornos 2. Bonny y Pierrot

  • Autores: Wilfrid Lupano y Paul Cauuet
  • Editorial: Norma
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 56 páginas
  • Precio: 15,20 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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