‘Los Picapiedra. Integral’, MAGISTRAL

Si no lo conocéis, vaya por delante mi recomendación más encarecida a que, al término de la lectura de estas líneas tardéis muy poco en incorporar a vuestra biblioteca ‘Sapiens. De animales a dioses’, esa «breve historia de la humanidad» escrita por Yuval Noah Harari en la que el escritor israelí ofrece, a lo largo de cerca de 500 páginas una semblanza de recorrido por varios millones de años de evolución de la raza humana y que arroja reflexiones sobre nosotros, de dónde venimos y a, probablemente, dónde nos dirigimos, que son de las más elocuentes y sorprendentes que servidor ha leído en mucho tiempo. Es más, qué demonios, interrumpid ahora mismo el normal leer de esta reseña y acudid a cualquier tienda online a haceros con una copia de él.

El motivo de recomendaros de manera tan fervorosa la adquisición de un libro y no de un cómic —aunque eso llegará más abajo— es debido a la íntima y, me arriesgaría a decir que nada casual, relación entre las teorías que Harari postula con respecto a ciertos momentos clave de nuestra prehistoria y lo que Mark Russell usa como sustrato base sobre el que construir ‘Los Picapiedra’, una maxiserie de doce números que ECC recoge en un único volumen y que, desde ya, se alza indiscutible como uno de los seguros pináculos de lo mejor que nos podremos «echar a la cara» durante este 2019: las formas en las que Harari aborda la vida de los cazadores-recolectores o la revolución agrícola se pueden encontrar, tal cuales, en las páginas de un tebeo que, trata de ser una fidedigna traslación a viñetas de la legendaria serie animada de Hanna-Barbera.

Respetando en todo momento la personalidad absurda, anacrónica y plagada de humor de la creación de William Hanna y Joseph Barbera estrenada en 1960, Russell entiende desde el primer al último número de la serie que lo que hacía grande a su homóloga televisiva, y un clásico que poco ha envejecido en los casi sesenta años que han pasado desde su retransmisión original —y si pensáis que no es así, acercaos a cualquier episodio de la serie o comparad ésta con la chorrada monumental que fue su salto al cine—, era su capacidad para la sátira, para tratar temas de actualidad desde una perspectiva completamente desubicada en el tiempo y para conseguir mover a la reflexión del espectador a cada final de episodio.

Y no es que dichas cualidades estén intactas en el trabajo de Russell, es que, incluso, podríamos aventurar que lo que el guionista hace aquí aumenta aún más el calado satírico-crítico de la cabecera televisiva para, desde una posición que maneja conceptos quizá más complejos que los del producto original, ahondar en asuntos de calado universal y rabiosa actualidad. Así, en las páginas de ‘Los Picapiedra’, se dialoga con el lector acerca del papel de la mujer en la sociedad —en la de entonces, en la de ahora—; de la validez de la religión como báculo en el que apoyarse cuando todo lo demás, ciencia incluida, ha fallado; de la relevancia de la ciencia en la vida diaria; de cómo los patrones económicos rigen nuestra existencia o sobre los diferentes modelos de matrimonio. Todo ello y mucho más en un cómic que salvo apuntes muy livianos no trabaja la continuidad —igual que lo hiciera la serie de televisión—, y plantea cada uno de sus doce números como un hecho casi aislado salvo alguna que otra cosilla relativa al mastuerzo del alcalde de Piedradura, al sr. Rajuela, el dueño de la cantera donde trabajan Pedro y Pablo o a un extraterrestre que vigila atento la curiosa evolución de estos seres tan belicosos y complejos que son los humanos.

Si lo anterior no os ha convencido lo suficiente como para plantearos la adquisición de este integral de ‘Los Picapiedra’, tranquilos, que aún me quedan algunos argumentos más. El primero, relativo a lo meramente visual, es el alucinante trabajo que realiza Steve Pugh a los lápices, moviéndose su definición de los personajes de la serie a medio camino entre el realismo y la caricatura extrema del diseño original de Pedro, Pablo, Vilma, Betty, y unos Pebbles y Bam Bam bastante más creciditos que los de la serie de televisión. A dicha cualidad cabría añadir la precisa manera en la que Pugh traslada toda la idiosincrasia de cachivaches que tanto juego daban a los responsables de la serie y que aquí, además, encuentran una voz propia asignada por Russell para añadir aún más capas de significado a un cómic que, en acumular diferentes aproximaciones y distintas lecturas, se las pinta sólo.

Añadamos los más que originales cameos que plantean ambos autores —encontrarse con Carl Sagan, Tony Danza o Werner Herzog es de esos detalles que consiguen que te rindas aún más ante la genialidad de la propuesta— y, por supuesto, el descacharrante y desopilante sentido del humor que desborda por los cuatro costados, y lo que tenemos como resultado es una singular e inesperada obra maestra de esas que marcan época y que, suponemos, seguirá siendo objeto de atención durante muchos años. Méritos para que así sea acumula más que de sobra. Ya sólo queda que os dejéis seducir por alguno de ellos y os lancéis de cabeza a las maravillosas páginas que conforman ‘Los Picapiedra’ al grito de ¡¡yabba, dabba, doo!!!

Los Picapiedra. Integral

  • Autores: Mark Russell y Steve Pugh
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 320 páginas
  • Precio: 28,97 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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