‘Los Innombrables. Ciclo cero’, de lo hilarante en lo absurdo

Los innombrables

Sus nombres, más que conocidos por cualquier aficionado medio al tebeo francobelga —que para algo llevan pateándolo desde finales de los años setenta como bien demuestran las páginas que hoy ocupan nuestra atención— alcanzaron hace un par de años una relevancia a escala prácticamente mundial cuando se les eligió para la muy importante tarea de dar reemplazo a Albert Uderzo al frente de las aventuras de Astérix y Obélix, convirtiéndose así en los primeros autores al margen de René Goscinny y el citado Uderzo que narrarían las andanzas del héroe galo y sus irreductibles vecinos desde que el bigotudo y menudo héroe naciera en las páginas de la revista Pilote en octubre de 1959 —será ocasión de otro artículo el ponderar si ‘Astérix y los pictos’ estaba o no a la altura de la responsabilidad que sobre ellos se vertió.

Pero, como decía, Yann y Didier Conrad no son unos recién llegados al mundo de la narrativa secuencial a los que les tocó en gracia sustituir a dos de los artistas que mayor relevancia han tenido en la historia del cómic del otro lado de los Pirineos. A fin de cuentas, obras conjuntas suyas son la muy conocida ‘La tigresa blanca’ o ésta que hoy os traemos, y, en el caso de Yann, proyectos tan imprescindibles como ese álbum de Spirou que comentábamos no hace mucho o, mirando más atrás, el ‘Pin-up’ que escribió para lucimiento de Berthet o el ‘Sambre’ con el que hizo lo propio junto a Yslaire. Amante del período central del s.XX como bien demuestran algunos de sus títulos más destacados, que ‘Los innombrables’ se sitúen precisamente entre mitad de los años cuarenta y mitad de los cincuenta es quizás uno de los mejores puntos a favor de una lectura que, como bien apunta el titular de esta entrada, es de un absurdo de tal magnitud que, a poco que aquél que lo lea se descuide, terminará por provocarle sonoras carcajadas.

Los innombrables interior

De lo que se puede entresacar entre el surrealismo que guía el pulso de Yann en el transcurso de la historia, dejemos más o menos claro que ‘Los innombrables’ sigue a un trío bastante peculiar de vagos redomados que, habiéndose pasado gran parte de la Segunda Guerra Mundial encerrados en un calabozo viviendo a cuerpo de rey, tendrán que enfrentarse a la cruel vida real cuando el ejército decida que ya está bien de chupar de la teta del Tío Sam. En lo alocado que sirve para caracterizar su trabajo, Yann no se molesta mucho en describir con precisión a ninguno de sus personajes, ya sean los tres protagonistas, ya el variopinto universo que los rodea, tan complejo que haría falta un par de extensos párrafos para dar buena cuenta de él. Uniendo a ell la incoherencia de una acción que va dando tumbos de acá para allá sin ton ni son, podría parecer que, en lo que a historia se refiere, ‘Los innombrables’ queda lejos de ser una lectura recomendable.

Nada más alejado de la realidad. Si se aceptan las reglas del juego que plantea el guionista y uno no trata de encontrarle ulteriores lecturas a un tebeo que lo único que quiere es entretener y hacerlo por medio de una trama que no de respiro al lector y lo mantenga en ascuas a cada vuelta de página, entonces, sólo entonces, estaremos en disposición de apreciar en toda su valía este desternillante volumen. Un volumen que, no se me olvida, cuenta con una espectacular baza llamada Conrad, un dibujante vivaz, cuyo trazo suelto y caricaturesco y dinámica narrativa son el complemento perfecto a lo que el relato va desgranando en 132 páginas geniales que, esperemos, se vean continuadas por un segundo integral con los tres volúmenes que Dib-buks ya publicó en su momento.

Los Innombrables. Ciclo cero

  • Autores: Yann y Didier Conrad
  • Editorial: dib-buks
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 1332 páginas
  • Precio: 23,75 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector apasionado. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de adopción. Treintañero para cuarentón. ¡Ah! y escritor compulsivo tanto aquí como en Blog de cine.

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