‘Los hijos del Topo 1. Caín’, entre la genialidad y el WTF!!!

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A la hora de abordar cualquier obra firmada por Alejandro Jodorowsky, y por mucho que uno haya podido alucinar en el pasado con algunos de sus trabajos —de entre los que me quedaría, sí o sí, con ‘La casta de los Metabarones’ y, por supuesto, ‘El Incal’—, mis sensaciones previas siempre se mueven en dos ámbitos muy extremos: ¿estaremos ante una de esas genialidades del psicomago chileno o nos toparemos de bruces con uno de esos títulos que no hay por dónde cogerlos y que la gente de a pie es incapaz de entender?. Porque sí, porque con Jodorowsky casi nunca, por no decir nunca, hay medias tintas. O lo abrazas sin remisión o lo rechazas con todo tu ser pasando por alto la incuestionable influencia que su obra, da igual a la disciplina artística que nos estemos refiriendo, ha dejado a lo largo de las últimas décadas.

Continuación directa de ‘El Topo’, una producción cinematográfica a la que nadie de los circuitos de distribución estadounidenses quiso hacer caso allá por los años 70, ‘Los hijos del Topo 1. Caín’ sirve al polifacético artista para dar salida a una ansiada secuela que nunca pudo ver la luz en celuloide y lo hace ahora en un primer álbum que, disquisiciones acerca de la historia al margen, es todo un dechado de virtudes narrativas por parte de un José Ladrönn completamente reinventado para la ocasión. Ni rastro queda en el dibujante mexicano del estilo que llegó a su máximo paroxismo en las páginas de ‘Elephantmen’ y que servía a Ladrönn para alcanzar cotas de una brillantez gráfica sin par. Desprovisto de ese rasgo que tanto lo acercaba a Jack Kirby, lo que aquí podemos observar es un acercamiento evidente a las fórmulas de Jean Giraud y, cómo no, de lo que el dual maestro francés llegó a ofrecer en ‘Blueberry’.

Haciendo suyo pues un discurso completamente «europeizado», es como decía en la potencia cinematográfica de las planchas donde ‘Los hijos del Topo’ atrapa de forma irremisible al lector, asemejándose tanto a un storyboard fílmico que quién sabe si las instrucciones de Jodorowsky al dibujante mexicano no habrán ido en esa dirección, guiándolo hacia la concreción de unas secuencias que llevan en su bullente cabeza tantas décadas. Ahora bien, todo lo que el álbum ofrece en lo visual queda minimizado —si bien no de forma dramática— por un guión errático y algo deslavazado que, por supuesto, entronca a la perfección con el imaginario del ecléctico escritor y con muchas de sus obsesiones, desde el talante mesiánico de su protagonista hasta la violencia extrema, pasando por los extremismos religiosos o la misoginia, cualidades que se pueden rastrear en casi la totalidad de su producción y que aquí determinan en buena parte el discurrir de este atípico western. Uno que resultará imprescindible para los amantes de Jodorowsky pero que a los que no lo tenemos en un pedestal nos deja con sensaciones encontradas y nos plantea una duda evidente: ¿estaremos ahí para acometer la lectura del segundo volumen? No os mentiré, no lo tengo nada claro.

Los hijos del Topo 1. Caín

  • Autores: Alejandro Jodorowsky & José Ladrönn
  • Editorial: Random House Mondadori
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 64 páginas
  • Precio: 17,01 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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