‘Lobezno y la Patrulla-X’ y ‘Uncanny X-Men’: primeras impresiones sobre el nuevo rumbo mutante

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El universo muti anda revuelto últimamente (bueno, desde hace un tiempito ya) debido a los acontecimientos narrados en la miniserie de 5 números ‘X-Men: Schism’. Si aún no la habéis leído, igual preferís dejar este post para otro momento, pues puede caer algún spoiler, aunque el resultado de estos acontecimientos creo que ya es bien conocido por todos. Pues bien, ese resultado no es otro que la escisión del grupo en dos bandos: uno liderado por Lobezno y el otro por Cíclope.

Estos dos bandos han dado lugar a un reinicio mutante en toda regla, que viene ahora encabezado por dos series distintas: ‘Wolverine and the X-Men’ y ‘Uncanny X-Men’ (que retorna por primera vez a su número 1). Hasta el momento han salido en EE.UU. los dos primeros números de cada una, y en base a ellos he sacado las impresiones que comentaré en estas líneas.

Un grupo joven y con desparpajo

La serie protagonizada por Lobezno apuesta por el lado más juvenil y vivaracho del universo muti, debido en buena parte a que han sido los personajes más jóvenes quienes se han sumado a su nuevo equipo. De los veteranos, han acompañado a Lobezno El Hombre de Hielo, Bestia, Gambito, Pícara y Kitty Pryde. La elección de la antigua Escuela Xavier como base de operaciones me ha parecido muy acertada, pues casa con la idea que Lobezno tiene de su equipo y del camino por el que quiere llevarlo.

Al frente de esta colección se encuentran Jason Aaron y Chris Bachalo. El primero aporta unos guiones que combinan acción y humor en claro contraste con el tono más serio de la nueva etapa de Uncanny, de la que hablaré a continuación. Por su parte, Bachalo ayuda a potenciar ese tono desenfadado (aunque no por ello menos intenso) de la serie con un dibujo muy dinámico y con ciertos tintes caricaturescos.

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El equipo de la extinción

En el otro lado del ring está ‘Uncanny X-Men’, en donde Cíclope se ha quedado en Utopía rodeado de viejos conocidos (Emma Frost, Tormenta, Coloso…) y ex malosos que de momento han decidido cambiar de acera, como Magneto y Namor. Acorde con la personalidad de Scott, la serie lleva un tono en el que el peligro, la gravedad y el estado de alerta continuo se huelen en el ambiente.

De esta colección se encargan Kieron Gillen, que ya venía de guionizar la última recta de ‘Uncanny X-Men’, y Carlos Pacheco. Dibujo y guión adoptan así un registro más adulto, más parecido a lo que venía siendo la serie madre en los últimos tiempos. Estos dos primeros números han venido tan cargados de acción como los de la serie de Lobezno, pero resulta menos festiva y más cruda que en ella.

Así pues, parece que en Marvel han optado por dividir a sus lectores en dos bandos según su edad, buscando atraer a los más jóvenes con ‘Wolverine and the X-Men’ y a los más talluditos con ‘Uncanny X-Men’. Claro que lo realmente interesante, al menos de momento, es seguir las dos para disfrutar de los contrastes entre ellas, hasta que con el tiempo alguna termine por despuntar.

Eso sí, me ha parecido curioso que en ambos casos el segundo número ha sido muy inferior al primero. En el caso de Lobezno, porque la segunda entrega es pelea y más pelea, con algún que otro diálogo ingenioso, pero con muy poca trascendencia. En el caso de Uncanny, porque Siniestro (el maloso de turno) se pega unas peroratas que duermen a las ovejas, convirtiéndose en el villano más cansino que recuerdo de este 2011.

Pese a todo, debo decir que este nuevo rumbo me ha devuelto el interés por los mutantes “de toda la vida”, ya que últimamente los únicos que me seguían llamando la atención eran los de ‘X-Factor’ (que sigue a buen nivel, aunque tampoco pasa actualmente por su etapa más interesante). Apenas van dos números pero tengo ganas de seguir con ambas series, a ver si siguen por este camino y no se tuercen ni fuerzan una reconciliación exprés, ya que hay mucho potencial en estos dos nuevos bandos escindidos de los X-Men.

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Jaime Valero @jvalerolife

Nací en el año de las inquietantes profecías literarias de Orwell. No traje ningún tebeo bajo el brazo pero en cuanto alcancé el uso de la razón el cómic se convirtió en una de mis máximas prioridades. Combino las viñetas y bocadillos con otras muchas pasiones delirantes e intento que todas ellas convivan en mi carrera como periodista y traductor. Mi cuartel general se encuentra radicado en Madrid.

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