‘Lobezno: Logan’, anecdótico canto de sirena

Brian K. Vaughan y Eduardo Risso son valores muy seguros. Tan seguros, que cualquier cosa firmada por ellos, ya sea por separado, ya en «amor y compañía» como el ‘Lobezno: Logan’ que hoy os traemos, es objeto de atención inmediata por parte del aficionado medio que sabe, ya por recorrido personal, ya porque las campañas de publicidad previa se encarguen de ellos, de la inmensa calidad de la práctica totalidad de lo que el guionista ha desarrollado o, por supuesto, de lo que artista argentino ha llegado a ofrecer a ambos lados del universo «major» estadounidense. Si a esta combinación se le añade un personaje con tirón inagotable como es Lobezno y, además, se edita en un momento en el que el personaje está a punto de protagonizar en solitario su primera película —la más que olvidable ‘X-Men orígenes: Lobezno’— nada puede fallar para que la maniobra salga a pedir de boca y Marvel se apunte un tanto más en su vasto haber de éxitos comerciales.

¿Nada? Quizás eso sea afirmar mucho cuando, consumidos los tres números que Panini ha recopilado aquí en forma de Novela Gráfica, nos apercibimos de que, más allá de su talante de operación comercial llamada a vender tebeos como churros, lo que esta mini-aventura nos ofrece es tan poco, tan escueto y tan limitado, que su interés queda circunscrito a esos apasionados de las historias de mutantes que tienen que tener en su colección hasta la última acotación hecha al microcosmos de los hombres y mujeres X. Solo bajo esa idiosincrasia —que al menos existía hace años, desconozco si todavía habrá lectores tan fanáticos de los mutantes como los que cabía encontrar allá por los noventa— cabe justificar la anécdota que sirve de premisa, y casi de desarrollo, de un relato que nada añade a la biografía de James Howlett salvo un detalle que, un lustro más tarde, será aprovechado por la segunda cinta en solitario del personaje encarnado por Hugh Jackman: el que Lobezno estuviera cerca de Hiroshima en el momento en que el Enola Gay lanzó al «niño pequeño» que cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial.

Sacándose de la manga a dos secundarios, un antagonista y una fémina nipona que recuerda de manera inmediata a la legendaria Mariko creada por Claremont y Byrne, la mayor virtud de lo que escribe Vaughan es que transcurre en un suspiro, no requiriendo la lectura de la «novela gráfica» más que unos diez minutos largos. Vale, el trabajo de Risso es, como siempre, espectacular, pero no creo que lo anecdótico del conjunto sea suficiente como para satisfacer a los paladares más exigentes. Eso sí, si sois de los completistas más recalcitrantes, la magnífica edición que hace Panini de este ‘Lobezno: Logan’ no debe faltar en vuestra tebeoteca. ‘Nuff said!!!

Lobezno: Logan

  • Autores: Brian K.Vaughan & Eduardo Risso
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 112 páginas
  • Precio: 19 euros en Amazon

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Sergio Benítez @fancueva

Lector voraz. Cinéfilo empedernido. “Seriófilo” de pro. Jugador (que no ludópata, cuidado) impenitente. Melómano desde la cuna. Arquitecto de carrera. Profesor por vocación. Gaditano de nacimiento. Sevillano de corazón. Cuarentón recalcitrante y compulsivo "opinador" acerca de todo aquello que es pasión personal.

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